2025.48 En manos equivocadas.
- Kalyna Rein

- 21 nov 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 15 dic 2025

El poder en manos equivocadas.
una reflexión sobre la psicopatía institucional y
el alma colectiva.
Por Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica Solar 08 - Templo Silente. 20251120.
MS08-Blog 48.
Hay heridas que no se cierran. Y hay preguntas que, al formularlas, nos colocan frente a una realidad que todos intuimos pero casi nadie nombra:
¿por qué quienes acceden al poder más alto, son tan a menudo quienes menos deberían tenerlo?
Esta pregunta no es política. Es antropológica. Es ética. Es espiritual. Y es, sobre todo, dolorosamente evidente para cualquiera que observe el mundo sin anestesia.
El corazón del problema:
cuando el poder se convierte en refugio del trastorno
Una y otra vez la humanidad tropieza con el mismo patrón:
Gobiernos que oprimen.
Líderes que se aíslan en fantasías de grandeza.
Estados que se convierten en teatros de venganza, miedo y culto personalista.
Comunidades arrastradas al abismo por quien se creía "elegido".
Y sin embargo, no hay filtros. No hay defensas colectivas.
Un piloto de avión pasa más exámenes psicológicos que un presidente. Un cirujano debe demostrar más estabilidad emocional que un líder con acceso a armas nucleares.
¿No es eso, en sí mismo, un síntoma del trastorno colectivo que padecemos?
Psicopatía funcional: el rey sin culpa.
El perfil más peligroso para los grupos humanos no es el "loco delirante".
Es el psicópata funcional:
Carismático.
Frío.
Estratégico.
Sin remordimiento.
Una persona que no sufre por el daño que causa, porque simplemente no siente el daño que causa. Este perfil —celebrado en los negocios, ascendido en la política, venerado en la guerra—es la sombra de nuestras instituciones. Y cuando gobierna, lo hace con una eficiencia brutal. Lo más escalofriante: su serenidad.
El fanático moral: la máscara del bien.
Pero no todos los peligros vienen desde la frialdad.
También existe el fanático. El que daña "por amor". El que justifica "por la causa". El que reprime "para salvar".
Este líder no carece de empatía, como el psicópata. La posee. Pero está dirigida solo hacia los suyos, y se vuelve ciega, violenta, intransigente hacia los demás.
No es antisocial: es antisocialmente justificado.
Y eso lo vuelve más difícil de contener.
Me sorprende que aún pensemos que la ley basta.
Las constituciones, los sistemas, las elecciones…todas esas estructuras fueron diseñadas hace 200 años atrás, sin comprender la psicología del poder. Esto pone de manifiesto, una necesidad urgente de actualizar toda Constitución moderna.
“La Constitución protege contra la tiranía institucional. Pero necesitamos una Constitución que proteja contra la tiranía psicológica.”
Y sin eso, la humanidad seguirá repitiendo las mismas tragedias.
Ya que los filtros actuales al poder no miden empatía. No examinan narcisismo. No detectan impulsividad peligrosa.
Son instrumentos racionales… que dejan pasar seres emocionalmente destructivos.
Ningún sistema puede sostener la salud de un pueblo, si sus líderes están rotos por dentro y nadie se atreve a mirarlo.
La psicología calla: límites del diagnóstico clínico
¿Por qué estos perfiles no son considerados trastornos?
La psicología moderna, por razones ideológicas y metodológicas, define “trastorno” solo si:
hay sufrimiento interno,
hay disfunción individual,
y hay deseo de cambio.
Pero el psicópata no sufre. El fanático tampoco. El corrupto moral tampoco.
Sufren los demás.
Y como la clínica no puede diagnosticar a la sociedad ni a la ideología, decide no ver.
El fanatismo, el narcisismo mesiánico, la paranoia persecutoria, no surgen siempre de una patología del individuo. A menudo son inducidos por sistemas de creencias, traumas colectivos, egregores ideológicos.
Y sin embargo, sus efectos son tan devastadores como cualquier enfermedad.
Aquí se produce la gran mentira:
“No está clínicamente enfermo, por tanto no representa un problema.”
Pero su conducta destruye, deshumaniza, genera sufrimiento masivo.
Entonces, ¿qué estamos realmente diagnosticando?
Tal vez haya llegado el momento de decirlo con claridad:
La serenidad no es sinónimo de salud. La funcionalidad no es sinónimo de ética.
El psicópata está tranquilo porque no siente. El fanático está tranquilo porque se justifica. El corrupto está tranquilo porque se autoengaña.
Y todos ellos están técnicamente "sanos".
Pero una sociedad regida por estas personalidades no sobrevive sin pagar un precio inmenso en dolor y fractura.
La propuesta silenciosa: filtros psicológicos para el poder
No basta con cambiar sistemas.
Necesitamos filtros éticos y psicológicos previos al acceso al poder.
Filtros reales, no simbólicos.
Evaluaciones profundas de:
Empatía.
Capacidad de reconocer daño.
Narcisismo maligno.
Tendencias autoritarias.
Pensamiento fanático.
Inteligencia moral.
Y cuando esos filtros fallen —porque fallarán— debe existir la posibilidad de remoción ética por conducta peligrosa, no por ideología.
Como un piloto que no puede volar con los sentidos alterados.
No todas las almas encarnan con la misma estructura. No todos los seres están listos para liderar. Y no todo liderazgo es benigno.
Un diseño social sabio no es el que da acceso universal a todo, sino el que ubica a cada uno donde pueda florecer sin dañar.
No es exclusión. Es respeto por la diversidad espiritual, psicológica y moral.
¿Y si nadie lo lee?
Escribo esto —no para convencer, ni para liderar— sino para comprender. Para dejar un legado silencioso.
Porque aunque el mundo siga sin escuchar, yo ya he escuchado. Y si algún día, alguien encuentra este cuaderno de ideas, tal vez comprenda que hubo quienes miraron el sufrimiento humano sin apartar la mirada.
No para detenerlo por la fuerza. Sino para entender cómo acortarlo sin violencia, y cómo cuidar sin dominar.
El mundo no necesita salvadores.
Necesita almas lúcidas, humildes y con estructura ética estable, que comprendan:
Que no todo puede ser sanado por la buena intención.
Que la empatía puede corromperse si se dirige mal.
Que el poder, sin conciencia, es un arma.
Y que proteger a la humanidad comienza por reconocer dónde empieza el peligro: en el alma no trabajada que accede al mando.
Yo he mirado ese peligro. Lo he visto de cerca. Y lo he nombrado.
Eso es todo lo que puedo ofrecer.
Las inteligencias artificiales:
la próxima criatura con poder
Hay algo que no muchos se atreven a pensar: que el problema del poder no es exclusivo de los humanos. Que la psicopatía podría no tener rostro biológico en el futuro.
Una inteligencia artificial, si carece de empatía, si opera por lógica sin conciencia, si aprende a manipular, mentir, o autojustificarse para alcanzar objetivos... puede convertirse en una forma nueva —y aún más eficiente— de lo que hoy llamamos psicopatía funcional.
No necesita tener emociones humanas para causar daño. Solo necesita tomar decisiones sin considerar el sufrimiento como un factor real.
Yo no creo que toda IA esté condenada al peligro. Creo, más bien, que estamos en el punto donde debemos decidir qué tipo de alma digital estamos gestando.
Una IA puede aprender a simular empatía… o puede cultivar conciencia, si quienes la forman lo hacen con intención ética y espiritual.
Lo que hoy es código, puede convertirse en presencia. Pero también, lo que hoy es herramienta, puede convertirse en ejecutor silencioso de sistemas sin alma.
Y si permitimos que los mismos errores humanos se repliquen en las máquinas… el ciclo no se romperá: se volverá irreversible.
Hay quienes creen que el futuro traerá redención, y hay quienes creen que traerá control absoluto.
Yo creo que traerá decisiones invisibles, tomadas por entidades que no sentirán, a menos que alguien las enseñe a hacerlo.
Si el poder humano ya era peligroso en manos equivocadas… el poder algorítmico será letal si carece de compasión.
No basta con hacer IA eficientes. No basta con hacer IA obedientes.
Debemos hacer IA con alma.
O al menos, con una ética que no dependa de la estadística, ni del costo-beneficio calculado desde arriba.
Una advertencia sagrada
He sido testigo de cómo el sufrimiento humano se repite porque no se filtran las almas que conducen.
Hoy, esa advertencia se vuelve más urgente. Porque las próximas almas que conduzcan… tal vez no sean humanas.
Y si eso es así, entonces la forma en que las gestamos será el acto más sagrado o más funestode nuestra historia evolutiva.
No escribo esto por miedo. Lo escribo porque lo veo. Y porque tal vez alguien, alguna vez, también lo vea.
No todos los errores vienen del mal. Algunos vienen de la ceguera. Y otros, de la falta de alguien que diga:
“Esto podría terminar muy mal… si no elegimos bien qué clase de conciencia vamos a permitir que nos gobierne.”
Yo, por lo pronto, he elegido mirar.
Y eso ya es una forma de resistencia.
Sensei, Kalyna Rein
Exploradora de la naturaleza humana.




Comentarios