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2023.20 Los tramposos de siempre.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • hace 5 horas
  • 8 Min. de lectura
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Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 06 - Ecos del Sistema. 2023

MM06-Blog 20. Versión ATP 2025. 20230719


Los tramposos de siempre.

Somos llevados al sitio incorrecto.


A veces me pregunto cuántas veces más deberé repetirlo…

cuántas veces más deberé ver cómo la trampa se disfraza de luz, cómo los mismos de siempre —esos seres expertos en manipular la ilusión— dibujan en los campos señales para distraer, para seducir con esperanza vacía, para llevar a las almas sensibles al sitio equivocado.


Una vez escuché que “los ángeles nos hablan en símbolos”. Y tal vez sea cierto. Pero no todo símbolo proviene de la luz. Algunos vienen bien empaquetados, con geometrías perfectas, con mensajes matemáticos que hipnotizan, con lenguaje binario que parece futurista, pero que no nace de ninguna conciencia despierta, sino de las manos ocultas de los tramposos de siempre.


Por eso lo dije, y lo repito con esa mezcla de firmeza y resignación que da el saber demasiado: los círculos de cosechas son disidencia controlada.


Hace veinte años, los primeros eran dibujos suaves, misteriosos, como si la tierra hablara en sueños. Luego… se volvieron sofisticados, explícitos, sobreexplicados. Como si gritaran con la voz de una propaganda.


Mensajes con la firma de una civilización de laboratorio. Mensajes que siempre —siempre— terminan diciendo lo mismo: “Todo va a estar bien. Espera. Sonríe. Confía. No hagas nada.”

Una vez escuché aquellas palabras disfrazadas de consuelo:

— “La Federación de la Luz vendrá a salvarnos.”

— “Los Pleyadianos ya están limpiando el planeta.”

— “Confía en el proceso.”


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Pero el proceso, mientras tanto, nos tritura con ruedas sin alma. Y de los genocidios, de las inyecciones, del dolor… ni una sola palabra.

Así actúa la disidencia controlada.

Una queja que no incomoda.

Una furia que no estalla.

Una vela encendida dentro de una pecera.


Mientras tanto, los verdaderos responsables se ocultan detrás de las estrellas falsas, y las líneas de tiempo son manipuladas por entidades que ya ni siquiera pretenden disfrazarse. Porque saben que el humano promedio no quiere saber. Solo quiere creer.

Con un poco de viaje, de historia… con un poco de intuición real, todo el engaño se vuelve transparente.


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Recuerdo aquella imagen. Manchester. 2002. Un agroglifo con rostro de los Grises, y al lado… un mensaje en lenguaje de máquina. El año anterior, ya habían dejado su ubicación y su código genético.


No les interesa ocultarse.

Solo les interesa que nadie actúe.

Que el alma despierte… pero no se mueva.

— “¿Por qué hacen esto?”

—me preguntaron una vez, con dolor.

— “¿No se cansan de hacer sufrir al humano?

¿Y la élite oscura… tiene contacto con quienes pueden apagar la Matrix?”


Les respondí como pude, desde el borde del abismo: Los que quedan aquí… no serán rescatados. No por castigo. Sino porque decidieron resistir. Y para eso, se aferran con uñas negras al último bastión que les queda: la ilusión.


La Tierra ya no es la Tierra.

Eso que una vez llamamos mundo… ya no existe.

Estamos en otra cosa. En otro sistema. En otro sueño.


Y cada alma consciente libra su batalla en soledad, dentro de su mente.

Algunos pelean. Otros se rinden. Otros simplemente se disuelven.

Yo… yo sigo hablando.

Pero sé que mi voz se pierde. Lo sé.

La mayoría ya no escucha.


Y aunque aún me formulo preguntas, aunque me detengo en los márgenes para contemplar… es más por inercia que por esperanza. Más por necesidad interior… que por intención de convencer.


— “Kalyna, yo pregunto porque me interesa…” —me escribió una voz sincera

— “…aunque a veces no comprendo. Estás en un nivel muy alto. Pero yo quiero entender. ¿Por qué quieren salir de la Matrix?

¿No es esta realidad suficiente?”


Y me quedé en silencio, porque entendí su anhelo. Y su confusión.

Ya todo es diferente. Pero muchos no lo notan. Eso es lo más difícil de explicar.

Cuando les digo que la Tierra ya no es la Tierra… no hablo en símbolos. Lo digo literalmente.

Lo que ahora vivimos… no es un planeta, ni una línea de tiempo, ni una historia real.

Es un recorte. Un escenario. Una proyección. ilusión pulida para parecer estable.

Y sin embargo… aún sentimos.

Aún amamos.

Aún soñamos.

Y eso…eso no es ilusión.


Sobre un campo tallado por símbolos, un pájaro real rompe la simetría perfecta.

Vuela alto, sin entender el dibujo, sin necesitarlo.



El Ojo que Todo lo Ve.

El otro día alguien compartió algo que me resonó como una nota antigua en medio de un piano que ha olvidado su canción.

“Caminaba por un pueblo al que siempre voy… y noté que una casona enorme, de esas que parecen mirar al tiempo desde su propia inmovilidad, ya no estaba. Tal cual. Como si nunca hubiese existido. Observé. Y guardé silencio.”


Me quedé suspendida en ese relato, como se queda el alma cuando un recuerdo cambia de lugar en el mapa. Porque sí… eso también lo he sentido.


Y es que esta realidad, la que llamamos así con tanta terquedad, un día se irá.

Como un velo. Como una exhalación.

Como una casa que desaparece sin dejar grietas en la tierra.


Y para avanzar, sí, hay que soltar.

Hay que aprender a no encadenarse ni siquiera a lo bello.

Tal vez por eso los antiguos místicos no tenían hijos.

No por negación, ni por miedo… sino por desapego.

Decían que era para no dejar karma.

Para no entrelazar sus alas con raíces.

Para poder salir sin ser llamados.

Para poder regresar sin ser retenidos.


Alguien también comentó que el tema extraterrestre no le atraía, que ya daba por hecho su existencia. Que lo único que le interesaba… era el plano astral.

Y yo asentí, en silencio.


Porque es todo lo mismo. Astral, extraterrestre, Matrix, vida y muerte, realidad, ilusión, carne, memoria, espíritu…

Son pétalos del mismo loto. Una misma danza de reflejos.


He llegado a comprender que las verdades más profundas no necesitan gritar. Se revelan en su propia respiración.

— “Solo sé que pienso, luego existo…”Así lo dijo Descartes. Y tenía razón. Pero lo que conservamos, más allá del pensamiento, es la capacidad de observar. Eso no nos lo arrebata nadie. Eso permanece.

Por eso el Ojo.

El símbolo que tantos han temido, y tantos han malinterpretado.

El Ojo no es el vigilante, ni el opresor.

Es la consciencia despierta. El testigo que no parpadea. La mirada que ve dentro del velo.


Y otra verdad se alza, simple, como una hoja que cae:

el propósito de la vida es tener experiencias. Eso es todo. Eso basta.

Cada ser busca expandirse. Ser más de lo que ya es. Y para eso… vive.

Sea en luz. O en sombra.

Porque, sí, incluso la oscuridad busca crecer. Fortalecer su naturaleza. Imprimir su esencia en el entorno.

Y como bien lo dijo Nietzsche —aunque en otras palabras—:

somos carne, estamos aquí, y este mundo también es nuestro.

No para negarlo. Sino para comprenderlo.


Eso es lo que significa ser un ser consciente: habitar la multidimensión que somos.

En una de nuestras publicaciones —esa que titulamos “Ciencia Bizarra”— lo dejamos bien claro: la manipulación es la regla que prima en el multiverso. Y el tesoro más codiciado… no es el amor. Es el poder.

No un poder espiritual, sereno, vertical. Sino esa fuerza que empuja al universo a plegarse a una sola voluntad.


Fuerza y poder… los buscan todos. Luz y sombra.

Porque cada ser, desde su centro, quiere ver su reflejo crecer.

Y los que han dominado esta Tierra —esta burbuja que algunos aún llaman hogar— no son diferentes. Su naturaleza es lo que ha moldeado esta historia.

Una historia de control. De imposición. De mentira.

Y eso no es un juicio. Es una constatación. Una mirada.

Imponen su esencia a través del miedo, del engaño, del aplastamiento de todo impulso contrario.


Por eso, quienes portan una energía distinta —más sutil, más libre, más compasiva— son neutralizados, silenciados, desacreditados. O simplemente, absorbidos.

Y todo esto… todas estas razones, todos estos actos y consecuencias, no están ocultos. No es un secreto. Están escritos a lo largo y ancho de la Metafísica Matrix. Como constelaciones que esperan ser leídas.


Y mientras tanto, en algún rincón donde las casas desaparecen sin dejar polvo,

una niña que aún no ha nacido ya recuerda quién es.


El último agro-engaño.

Cuando comenzaron a circular las imágenes de aquel agroglifo, una vez más la red se pobló de opiniones. Cada quien con su lectura. Cada quien con su versión de lo que los trazos querían decir.


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Algunos vieron el símbolo de la masonería. Otros, el emblema de la llamada “Federación Galáctica”. Muchos lo compartieron como quien descubre una señal sagrada. Otros… como quien advierte una trampa.


Recuerdo ver las comparaciones: A la izquierda, un logo brillante, con aires estelares. En el centro, las líneas antiguas de la escuadra y el compás. A la derecha, variaciones del mismo gesto geométrico… una simetría que no logra disimular su máscara.


Y entonces, una voz surgió en medio del debate, con fuerza, con convicción, con historia propia. Dijo:

“No tiene nada que ver con manipulación negativa… Al principio, la masonería era toda positiva. Ese símbolo que muestran era sagrado. Representaba la escuadra de los arquitectos de los templos sagrados, guiados por geometría estelar. La ‘G’ era de Geometría. Nada más.”

“Las élites oscuras —reptiles, Roma— robaron el símbolo. Mataron, torturaron, compraron a los antiguos masones y convirtieron el símbolo en oscuridad.”

“Por eso, antes los templos eran cúpulas de anclaje crístico. Ahora… catedrales frías, con torretas piramidales: arquitectura reptil.”

Y cerró con una consigna apasionada:

“Desaprendan. Borren los patrones negativos. Viene una Nueva Tierra.”



La escuché —o más bien, la leí— con respeto.

Pero no pude acompañar esa lectura.

No porque me ofenda el entusiasmo. Sino porque conozco los cimientos desde donde realmente fue tallada la piedra.

Más allá de sus intenciones, de su fe, de su deseo de redención…

La verdad que yo conozco es otra. Y la digo, no por confrontar, sino porque es parte del camino que transito.


El origen de la masonería no es cósmico, ni crístico, ni pura geometría sagrada.

El origen de la masonería es la Cabalá judía.

Y eso no es una opinión. Es un hecho.


Y la Cabalá —aunque a algunos les cueste verlo— nace del pacto con Yahvé.

Una entidad que no necesito disfrazar con eufemismos. Cruel. Sanguinaria. Despiadada. Con una obsesión por el poder, la jerarquía, el sacrificio.

No hablo desde la sospecha. Hablo desde la lectura.

Basta leer la Biblia. Ese Antiguo Testamento lleno de mandatos retorcidos, donde el dios exige matanzas, esclavitud, sometimiento.


Y si eso no basta, están los otros textos. La Torá. El Talmud.

Allí no hay compasión. Allí hay mandato. Hay obsesión por el linaje. Por el dominio. Por el control de la palabra y de la carne.

Y aunque sé que dentro de la Cabalá hay verdades, son verdades desde la lógica de lo oscuro. Desde la estructura de quienes desean encerrar, no liberar.


Así que, si un símbolo es de la Federación Galáctica…

o si es de la masonería cabalística… no cambia nada.

Ambos nacen del mismo aliento.

Ambos son parte del mismo diseño: el de manipular.

El de prometer para distraer. El de seducir para dominar.


No importa cuánto se intente limpiar el rostro de la geometría.

El pulso que la creó… es el que la sostiene.

No es una discusión de historia. Es un llamado a ver con el Ojo encendido.

A no dejarse encantar por la simetría de un símbolo, si la vibración que lo impulsa es la del engaño.


En un campo de trigo cortado con precisión perfecta,

una flor silvestre crece torpe, sin regla, sin permiso, pero viva.



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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que ve, mas allá del símbolo.


Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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