2025.61 Fé, Razón y Viaje interior.
- Kalyna Rein

- hace 7 días
- 5 Min. de lectura

Por Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Salud Mágica 03. 20251225
SM03-Blog 61.
Entre la fe, la razón y el viaje interior.
Lo que no se dice sobre el “Santo Daime”
¿Por qué se le llama “Santo Daime” a la ayahuasca?
¿Por qué esa bebida psicoactiva, fruto de una mezcla vegetal compleja, recibe títulos como “santo”, “divino”, “sagrado”?
¿Por qué, al nombrarla así, parece blindarse automáticamente de toda crítica, como si nombrarla con reverencia bastara para validar cualquier uso, cualquier discurso, cualquier estructura?
Estas preguntas no son retóricas.
Son profundamente humanas. Y también necesarias.
Porque estamos viviendo una época en que muchas personas —con dolor real, heridas abiertas, anhelos auténticos— buscan respuestas, guía, alivio. Y en medio de esa búsqueda, no es raro que se encuentren con frascos, gotas, ceremonias y cantos que prometen la sanación total, la iluminación súbita, la paz definitiva.
Una gota y listo.
✦ ¿Pero qué es realmente el “Daime”?
Más allá de la poética con que se lo describe, el Daime es una bebida psicoactiva.
Su nombre es una forma brasileña del portugués dai-me (“dame”), que alude a una oración: “dame luz, dame fuerza, dame paz…”
Pero lo que contiene no es solo plegaria.
La bebida está hecha de dos plantas combinadas con precisión etnobotánica:
Banisteriopsis caapi (una liana rica en inhibidores de monoaminooxidasa)
Psychotria viridis (una planta que contiene DMT, un potente alucinógeno natural)
Separadas, no tienen efectos notables.
Combinadas, transforman la percepción como pocas sustancias en el mundo. Borrando los límites claros entre realidad, fantasía y percepción.
No es una planta. Es un cóctel.
Uno cuidadosamente preparado, sí.
Pero no por eso menos potente. Y por tanto, tampoco menos riesgoso.
✦ La pregunta incómoda: ¿qué hace “santo” a algo?
Aquí comienza el nudo más complejo de este tema:
el uso de palabras sagradas como forma de legitimación.
¿Qué significa “santo”?
¿Quién decide qué es “espiritual”?
¿Quién tiene la potestad de declarar que una experiencia es “sagrada”, y otra no?
Porque si lo sagrado se define solo por la intensidad de lo vivido, entonces también podría serlo una pesadilla, una alucinación, o una crisis.
Pero si lo sagrado es simplemente lo que uno considera tal, entonces cualquier cosa puede envolverse en esa palabra, y quedar protegida del juicio, del análisis, de la ética.
✦ ¿Por qué cuesta tanto cuestionar la fe?
Aquí llegamos a la raíz del dilema:
vivimos en una época que defiende la fe, pero teme a la razón.
Y aunque parece lo contrario, la sociedad no es tan libre como presume.
Se puede atacar la lógica, la ciencia, la evidencia... Pero cuando se trata de creencias, de experiencias personales, de espiritualidad... todo se vuelve intocable.
¿Y si lo que se protege tras el velo de la fe es una práctica dañina?
¿Y si detrás de una “experiencia sagrada” se esconde manipulación, ignorancia, o incluso dependencia?
¿No debería poder decirse, sin miedo, que algo está mal, aunque quien lo haga crea estar iluminado?
✦ Lo que se esconde tras la gota.
Muchos defensores del Daime —y de otras sustancias visionarias— sostienen con fervor que no están alucinando, sino “viendo lo real”.
Que lo que aparece en sus visiones no es fantasía, sino acceso a otras dimensiones, a seres, a símbolos, a revelaciones.
Que no se trata de drogas, sino de activadores espirituales.
Desde mi experiencia personal —y desde el profundo respeto por los mundos internos— puedo decir esto:
🔸 Una experiencia alucinatoria no es inválida.
🔸 Pero tampoco es incuestionable.
Una alucinación puede ser:
Una fantasía del inconsciente.
Una percepción simbólica.
Una intuición profunda.
O un caos químico sin forma.
Y a veces, es todo eso a la vez.
Pero no por ser intensa, es verdad universal.
No por ser mágica, es divina.
Y sobre todo: no por ser real para uno, debe tomarse como guía para otros.
✦ Meditación vs alucinógeno: ¿mismo nivel?
Otro punto crucial del debate es este: Cuando una persona en meditación profunda tiene visiones o experiencias místicas, se asume que ha “trabajado para ello”. Ha cultivado el silencio, la atención, la entrega.
Pero si otra persona tiene experiencias similares tras consumir una sustancia, ¿están en el mismo plano?
La respuesta no es sí ni no. Es compleja.
Porque ambas experiencias pueden ser auténticas. Pero no equivalentes.
Una surge de una apertura progresiva del sistema nervioso, la otra de una alteración abrupta.
Una educa, integra, escucha. La otra impone, sacude, desborda.
El riesgo no está en tener una experiencia intensa.
El riesgo está en construir toda una espiritualidad alrededor de una sustancia que solo provoca esa intensidad... sin pedir nada a cambio.
✦ El pensamiento taoísta: una brújula en el caos.
Cuando pienso en todo esto, no puedo evitar recordar mis estudios del Tao Te Ching y del I Ching. No los leo a diario, ni los tomo como dogma. Pero cuando los estudié, lo hice en serio. Buscando no frases bonitas, sino sabiduría práctica.
Y uno de sus pasajes, que aún resuena en mí, dice algo así:
“El sabio se opone al mal hacer, pero no al que lo hace.”
Es decir: puedes detener la acción dañina sin atacar a la persona.
Puedes disentir sin condenar.
Puedes advertir sin fanatismo.
Y creo que ese es el lugar más sano desde donde hablar de todo esto.
Porque no se trata de atacar a quien cree. Sino de señalar que creer no convierte algo en bueno.
✦ Una conclusión sin condena, pero con claridad.
Este texto no busca burlarse de nadie, ni invalidar la transformación genuina que algunas personas han encontrado en estas sustancias. Tampoco busca reforzar una visión materialista del mundo.
Lo que busca es devolver al centro del debate algo que se ha perdido: el discernimiento.
No todo lo que alucina, ilumina.
No todo lo que cura, educa.
Y no todo lo que se siente “divino”, es espiritual.
Lo espiritual no debería anestesiarte. Debería volverte más lúcido.
Lo sagrado no debería ser incuestionable. Debería ser digno.
Y lo terapéutico no debería volverse religión. Debería ser puente, no templo.
✦ ¿Y ahora qué?
Si este texto te hizo pensar, aunque sea un poco, ya cumplió su propósito.
No necesitas dejar tu camino. Solo dar lugar, a lo que ven otros ojos.
No necesitas abandonar tus experiencias. Solo nombrarlas con más humildad.
Y no necesitas seguir lo que otros predican. Solo escuchar lo que en ti permanece cuando todo efecto ha pasado.
Porque el verdadero trabajo interior no viene en gotas.
Y la paz verdadera, la que no se esfuma, suele llegar después del silencio, no del estallido.
Si quieres seguir explorando este tema, házmelo saber. Pensar, reflexionar, debatir, es la única garantía de entender, sin perdernos frente a nuestros espejismos.
Hasta entonces… que tu conciencia te acompañe como el Tao:
sin imponerse, sin gritar… pero siempre presente.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que transmuta sus sombras, en luz.




Comentarios