2023.xx El sufrimiento de los vegetales.
- Kalyna Rein

- 24 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Por Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Salud Mágica 01. 2008-2023
SA01-Blog XX. Versión ATP 2025.
El sufrimiento de los vegetales.
Una vez me preguntaron si las plantas sienten.
Si lloran en silencio cuando las dejamos sin agua.
Si tiemblan cuando el filo de una tijera atraviesa sus tallos.
Si las flores que se marchitan tras la ausencia… gritan sin voz.
Y aunque sabía que responder, porque en mi corazón, siempre supe la respuesta, no tenía pruebas. Solo intuiciones. Solo ese estremecimiento sutil que sentía cuando cortaba una rama sin permiso.
Hoy, la ciencia comienza a escuchar lo que muchas almas ya sabían.
Numerosos experimentos y grabaciones, comienzan a descifrar el lenguaje de los susurros.
Y han revelado que las plantas… chillan.
No como lo hacemos nosotros, sino con un lenguaje tan agudo, tan delicado, que sólo los oídos del aire y los pequeños seres nocturnos pueden escucharlo.
Tomates y hojas de tabaco, tan callados en apariencia, emitieron sonidos invisibles cuando fueron cortados, cuando la sed los agrietó por dentro.
Los científicos colocaron micrófonos diminutos a su alrededor, como quien espía el latido de un mundo secreto. Y descubrieron que, en el vacío del laboratorio, las plantas hablaban.
No con palabras, sino con estallidos de aire, con vibraciones generadas por burbujas que implosionan dentro de su savia, como lágrimas invisibles rompiéndose en su interior.
A este fenómeno lo llamaron cavitación.
Pero yo prefiero pensar en ello como susurros de dolor.
Cuando no hay agua durante diez días, el tabaco grita once veces cada hora.
El tomate, treinta y cinco.
Y sus voces no son las mismas: cada una lleva una historia, una intensidad, una forma de decir “me duele”.
Los investigadores aseguran que esos sonidos podrían ser escuchados por otros animales, por otras plantas. Que quizás, en los bosques, exista una conversación entera que nosotros no podemos oír. Una sinfonía de avisos, alertas, consuelos, ecos que viajan entre raíces y ramas como plegarias vegetales.
Y sin embargo, este conocimiento no es nuevo.
— “Recuerdo haber leído, hace años, que un polígrafo — de esos que se usan para detectar mentiras— detectó angustia en una planta cuando un humano ingresó a la sala con intención de dañarla.”
No había tocado nada. Solo pensaba hacerlo.
Y la planta lo supo.
Quizás no tienen cerebro como el nuestro. Ni ojos, ni sangre, ni un sistema nervioso dibujado en mapas. Pero sí tienen algo más antiguo: una conciencia vibrante que pulsa en cada célula, una memoria que se extiende por las hojas como un río de sensaciones.
Cuando dejamos nuestras macetas sin agua al irnos de vacaciones, ellas no solo se marchitan. Sufren. Nos esperan. Nos gritan en un idioma que no entendemos, pero que nos persigue cuando volvemos y las vemos decaídas, como si algo en nosotros supiera… que su tristeza es real.
Sufrimiento real.
El sufrimiento vegetal no es metáfora.
Es una verdad que se abre paso lentamente, como una semilla que brota en la grieta del cemento.
Quizás no la escuchemos. Pero está ahí.
Una música callada, una sinfonía de hojas heridas que solo pide una cosa: ser respetada.
Y mientras los estudios científicos siguen colocando micrófonos y algoritmos para traducir lo que la Tierra lleva milenios susurrando, yo me inclino ante cada brote, como quien saluda a un alma antigua.
Porque aunque no tenga rostro, aunque no grite como yo…
una planta también puede sufrir.
Y si alguna vez he de tomar su fruto, que sea con permiso.
Y si alguna vez he de arrancar su raíz,que sea con gratitud.
Porque en este mundo donde todo vive de todo, el verdadero alimento no es solo lo que se traga, sino lo que se honra.
Y si hemos de seguir vivos, que al menos lo hagamos con respeto.
Que nuestras manos —al cortar, al regar, al sembrar— sean suaves como oraciones.
Y que cada jardín, aunque no cante en palabras, pueda dormir en paz…
sabiendo que su delicada voz ha sido escuchada.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que habla con los seres vegetales.
Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).
La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.
Fuentes:




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