2025.60 Una Gota al día.
- Kalyna Rein

- hace 7 días
- 5 Min. de lectura

Por Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Salud Mágica 03. 20251225
SM03-Blog 60.
Una Gota al Día.
Fe, Marketing y la Ilusión de la Paz Instantánea.
Esta semana conocí dos personas. No eran médicas, ni sanadoras, ni maestras. Pero ambas estaban convencidas de que habían encontrado el camino.
El primero, alguien común, sin preparación alguna, elaboraba su propio aceite de cannabis con confianza y entusiasmo, aunque mostraba signos evidentes de ansiedad.
El segundo caso fue más complejo: una mujer con formación dentro de un grupo religioso que gira en torno al uso de Santo Daime, una versión institucionalizada de la ayahuasca. Ella no solo lo consumía a diario, sino que lo prescribía libremente como si se tratara de una fórmula sagrada para todos los males, sin distinción.
Estas experiencias no me incomodaron por ignorancia o por prejuicio. Me interpelaron porque ambas —desde lugares distintos— reflejan un fenómeno creciente: el reemplazo del trabajo interior por atajos psicotrópicos revestidos de misticismo o ciencia herbolaria.
Y porque no solo hay confusión. Hay estructura, legitimación, dinero y respaldo gubernamental detrás.
Este texto es mi intento de dejar por escrito una postura clara y amorosa, pero firme. No para invalidar lo que otros creen, sino para ofrecer a quien busca un espejo limpio donde mirarse.
✦ El perfume de la fe… o de la evasión.
La mujer vinculada al Santo Daime hablaba con pasión y convicción. Decía que una sola gota diaria la había transformado. Antes, afirmaba, era emocionalmente desastrosa. Ahora es pacífica, despreocupada, más sabia. Su vida cambió. Y lo que selló esa transformación no fue un proceso interior guiado, ni un acompañamiento terapéutico, ni siquiera una práctica constante de autoconocimiento.
Fue una gota.
Una gota diaria, bendita por el “Comandante” del Daime, avalada por el gobierno, enmarcada como acto religioso.
Esa gota, según ella, no es medicina: es Dios mismo encarnado.
No se usa para sanar. Se bebe como sacramento.
Una microdosis, apenas perceptible, pero suficiente —asegura— para estar en comunión con lo divino. Para estar “mejor que nunca”. Para adquirir visiones, percepciones, una nueva identidad iluminada.
Aquí es donde se me instala el nudo en el pecho. Porque no estamos hablando de una preparación herbolaria usada con prudencia. Estamos hablando de una práctica legal, avalada, difundida, monetizada y espiritualizada hasta el punto de convertirse en culto. Y por eso, mucho más peligrosa que cualquier gotero artesanal de cannabis mal hecho.
✦ ¿Dónde empieza el problema?
El problema, a simple vista, podría parecer el exceso de fe.
O la falta de crítica.
O el hecho de convertir una planta en dios.
Pero no.
El verdadero problema es estructural: los gobiernos permiten, avalan y perpetúan este uso como acto religioso. Lo legitiman no por sus efectos terapéuticos —que podrían debatirse— sino por su carga simbólica.
Y eso crea una grieta irreparable:
Lo que antes era considerado una sustancia psicoactiva con riesgos, ahora se convierte en sacramento. Y como sacramento, deja de poder cuestionarse.
Porque ya no estamos discutiendo un fármaco, una planta o una tradición. Estamos discutiendo la identidad espiritual de una persona. Y eso, en nuestra época, es terreno sagrado e intocable… incluso cuando genera dependencia.
✦ ¿Y qué pasa con los buscadores?
El fenómeno es más profundo aún. Porque estos grupos no son marginales, ni están ocultos en la selva. Son visitados por personas de clase alta, empresarios, buscadores ilustrados, mujeres y hombres con recursos que viajan desde otros países para conseguir su gota mágica.
Porque es más fácil eso que mirar adentro.
Porque una gota al día suena a paz, suena a comunión, suena a verdad sin esfuerzo.
Y porque vivimos en una cultura donde cualquier cosa que nos prometa:
cambio rápido
sin dolor
con respaldo “espiritual” o “oficial”
y que nos haga sentir especiales…
es bienvenida como verdad última.
Así se instala la lógica del consumo místico:
“No necesito proceso. Necesito la gota.”
“No necesito terapia. Tengo acceso directo a Dios.”
“No necesito pensar. Estoy autorizada.”
✦ ¿Dónde queda el trabajo interior?
Como reikista, como terapeuta, como buscadora —y como persona que también atravesó sus propios desafíos emocionales— puedo entender el anhelo de calma. Lo conozco en carne viva. Y sé cuán profundamente seductor puede ser algo que te prometa paz sin pedirte nada a cambio.
Pero también sé que lo que no es conquistado, no es integrado. Y que todo lo que se impone desde afuera, sin haber sido metabolizado, acaba generando una deuda con el alma.
No me preocupa que alguien encuentre alivio.
Me preocupa que ese alivio se confunda con sabiduría.
Y que la verdadera transformación —que requiere coraje, pausa, sombra, espera— quede relegada a un frasquito, legalmente aprobado, emocionalmente adictivo, y simbólicamente irrefutable.
✦ ¿Tiene solución?
¿Podríamos crear marcos rituales sanos para estas sustancias?
¿Poner pausas, criterios, límites, como hacemos con el aceite infusionado de cannabis?
Tal vez. En teoría, sí.
Pero el problema es que ya no estamos hablando de salud.
Estamos hablando de una identidad religiosa, institucionalizada y protegida por los Estados. Y los Estados no están dispuestos a debatir esto. Porque no es un tema de sanación, es un tema de diplomacia espiritual y cultural.
Es triste, pero real: los mismos gobiernos que deberían protegernos del consumo problemático, son quienes han blindado el uso indiscriminado, al validarlo como parte de la libertad de culto.
✦ Entre crédulos e incrédulos: la grieta invisible.
Mientras tanto, quienes como tú o como yo practicamos caminos conscientes —espirituales, sí, pero también reflexivos, pausados, responsables— quedamos atrapados en el medio.
En un debate que no es debate, sino un choque silencioso entre dos tipos de fe:
La fe crítica, que acompaña y pregunta
Y la fe ciega, que consume y proclama
Nuestra postura no es la más popular.
No es la más marketinera.
No tiene comandante, ni templos, ni himnos.
Pero tiene algo que nunca se compra en frascos: discernimiento.
Y por eso, aunque duela, sé que hay que sostenerla.
✦ Lo que enseño en mi escuela.
En la Escuela Satori no enseñamos a juzgar.
Enseñamos a evaluar procesos.
No enseñamos a evitar sustancias.
Enseñamos a escuchar el cuerpo, el ánimo y la energía.
Cuando una sustancia ayuda al cuerpo a soltarse, sin interferir con la conciencia → puede ser aliada.
Cuando una sustancia impide sentir, evita procesar, anestesia o confunde → no es medicina.
Y cuando una gota diaria se convierte en símbolo de iluminación superior → no estamos en el plano terapéutico, sino en el terreno de la sugestión organizada.
No digo esto con desprecio.
Lo digo con dolor, pero también con responsabilidad.
Porque sé que muchos buscadores podrían preguntarse honestamente, podrían investigar, podrían encontrar espacios como este blog, o incluso preguntar, contrastar, debatir con un profesional o aun con ChatGPT, para ver el espejo sin niebla.
Pero no lo hacen.
Porque lo fácil —una gota y listo— siempre será más dulce que la verdad desnuda.
✦ ¿Y ahora qué?
Quiero cerrar este texto sin amargura. Porque aún hay esperanza.
Cada vez que una persona se detiene a preguntar, a dudar, a observar sus propios motivos, se abre una rendija en la Matrix.
Y cada vez que alguien elige un camino más lento, pero más real, una parte del alma humana se restituye.
Si este texto te resonó, úsalo. Compártelo.
Tradúcelo a tus palabras.
No para confrontar, sino para acompañar.
✦ La mejor medicina.
Después de todo lo dicho, quiero dejarte mi mejor consejo.
Uno que no se compra, no se receta, no se necesita diluir…
y sin embargo, transforma la vida como ninguna gota.
Para aquellos que tienen dolor en el alma, a quienes la vida les pesa, que sienten que la humanidad es difícil de habitar, que les cuesta confiar, pero que aún anhelan paz, alegría, y —por qué no— alcanzar el Satori, la comunión con Todo...
Mi receta es ésta:
Te receto un Gato.
Sí, un Gato. Adóptalo. Críalo. Ámalo.
Transformará tu vida, sanará tu alma y te reconciliará con lo humano.
Y quién sabe… tal vez te guíe hacia el Satori, con pasos suaves y maullidos silenciosos.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
Con compasión y claridad.




Comentarios