2023.xx ¿Carnívoros o Veganos?
- Kalyna Rein

- 24 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Por Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Salud Mágica 01. 2008-2023
SA01-Blog XX. Versión ATP 2025.
¿Carnívoros o Veganos?
Durante mucho tiempo me senté en silencio, observando cómo las voces se alzaban de un lado y del otro. Algunas gritaban desde el fervor; otras susurraban desde la experiencia.
Y entre esos ecos, me pregunté muchas veces qué era, en realidad, el alimento.
No solo su forma o su sabor… sino el acto íntimo, ancestral, sagrado y necesario, de llevar algo vivo a nuestro interior para continuar viviendo.
Las personas, en estos tiempos, parecen despertar de un sueño denso. Despiertan golpeadas por la injusticia, el exceso, la devastación. Y en su despertar, buscan algo puro, algo que no duela, algo que no esté manchado por el sufrimiento del mundo.
Lo comprendo.
Comprendo el dolor que sienten al ver una vida apagarse. Comprendo el deseo de no ser cómplices. Y también comprendo el espejismo de las respuestas absolutas.
Porque no hay camino limpio sobre esta Tierra. Aquí, todo lo que se alimenta, deja una huella. La semilla que germina lo hace en suelo abierto por manos. El fruto que parece entregarse, también fue arrancado. La hoja, la raíz, la flor… todas fueron tomadas por la fuerza.
Recuerdo que alguien dijo una vez, como si fuera doctrina santa:
— “Las plantas no tienen sistema nervioso, por tanto, no sienten.”
Y sin embargo, he visto cómo se estremecen ante la intención. He sentido cómo responden, con una delicadeza antigua, a quienes se acercan con gratitud o violencia.
No es el mismo dolor que el de un mamífero, pero hay conciencia en la savia. Una conciencia que, hoy día, hasta puede medirse con máquinas, asi como nuestra propia consciencia reconoce.
Y aún así, el cuerpo humano —este cuerpo terrestre— no fue diseñado para la abstracción pura. No es una idea, ni un dogma, es una arquitectura viva, con requerimientos específicos que no se anulan por creencias.
Omnívoros.
Una verdad obvia, que increíblemente, parece olvidada.
Nuestro cuerpo pide variedad. Es omnívoro, no por capricho, sino por la forma en que ha sido moldeado desde el inicio.
Y es cierto… hay seres en planos superiores que se nutren de luz, de energía pránica, de memorias solares. Pero no todos los cuerpos pueden hacer eso. No todas las almas vinieron a vivir de aire.
Mi madre, desde el Astral Superior, me dijo una vez:
— “Aliméntate de frutos, vegetales… pero no temas a la carne. Si lo haces con respeto, si no hay gula ni crueldad, la Tierra sabrá que aún eres parte de ella.”
Y así he vivido.
Sin dogmas. Con atención.
Sabiendo que la elevación no se mide en dietas, sino en el modo en que nos relacionamos con lo que nos rodea.
He conocido tribus de sabiduría ancestral, hombres y mujeres que hablaban con el río, que soñaban con el jaguar y bailaban con el humo del tabaco. Y ellos, que sabían más del espíritu que cien libros, comían carne, pescado, raíces, semillas. Y nunca dudaron de su conexión con el Todo.
No es la carne lo que contamina, sino la inconsciencia.
No es el vegetal lo que purifica, sino la intención con que se ofrece.
Comer por placer. Comer por moda. Comer por seguir una doctrina sin escuchar el cuerpo… Eso nos ha llevado lejos del centro.
Y ahora —como si fuera una ironía tejida con precisión— la élite del mundo nos ofrece una solución: carne sin alma, cultivada en laboratorio, vegetales modificados, esterilizados, controlados. Nos prometen un planeta verde… sin animales, sin semillas fértiles, sin sabor real, sin sol, sin humanidad.
Dicen que es por el bien del clima.
Pero yo he visto los rayos que no caen del cielo, sino que suben desde la tierra, en forma de armas disfrazadas de ciencia.
He visto la Antártida derretirse como si alguien le susurrara desde abajo. Y no es el Sol quien la hiere. Son manos humanas, oscuras, buscando los secretos enterrados en su hielo.
Dicen que los animales contaminan. Que las vacas son el enemigo.
Que el Sol es peligroso. Que la carne es inmoral.
Y mientras repiten esas palabras, se aseguran de que pronto no quede nada natural.
Sin semillas.
Sin animales.
Sin libertad.
Y lo más triste, es que muchos aplauden sin saber que están firmando su propia renuncia a la vida auténtica. Y en el final de ese triste "plan", su propia sentencia de muerte.
Porque cuando todo lo que puedas comer venga de un paquete, una patente, una promesa artificial… ya no serás humano. Serás algo más. Algo menos.
Por eso escribo. No para convencer, sino para que alguien recuerde.
Recuerde que hay sabiduría en la hoja y en el hueso. Que no todo lo que brilla es pureza, y no todo lo que duele es maldad.
Que el alimento es vínculo. Que la muerte, cuando hay respeto, también puede ser sagrada. Y que vivir sin dañar es un ideal, pero vivir con conciencia es un camino.
Ahora es de noche, y sobre mi mesa hay un poco de arroz, un trozo de pescado, y una flor que alguien recogió para mí en silencio.
La agradezco.
La bendigo.
Y al cerrar los ojos, siento que, en medio de esta tormenta de mentiras, aún queda en mí una forma antigua y verdadera de alimentarme.
Una que no necesita etiquetas, ni aprobación, ni dioses.
Solo una respiración,
una gratitud…
y una llama viva que no se deja extinguir.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que come sin culpas.
Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).
La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.




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