2023.17 La Jugada final: Colapso.
- Kalyna Rein

- hace 6 horas
- 7 Min. de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein y Cris Aragón — Escuela Satori
Libro: Metafísica Matrix 06 - Ecos del Sistema. 2023
MM06-Blog 17. Versión ATP 2025. 20230709
La Jugada Final: Colapso.
Ya nada será como antes.
Recuerdo aquel día en que comenzamos a compartir nuestras crónicas, Christina y yo, bajo el nombre de Noticias 5D. No eran noticias como las que se ven en los monitores humanos. Eran susurros de lo que nadie se atreve a mirar, filtraciones sutiles de lo que aún no se ha dicho. Yo abrí la transmisión con una certeza grabada en la médula de mi ser: el universo no es natural.
—“¿De verdad puede apagarse?” —me preguntaron.
Y yo, con una serenidad sin temblores, respondí: Sí. Puede apagarse.
Porque lo que llaman realidad… es una máquina.
No como esas que chirrían y expulsan humo, sino una sinfonía precisa de códigos, pulsos y estructuras que sostienen este gran teatro. Una matriz. Una inmensa y bella maquinaria astral donde la vida, aún con su gracia, se desliza sobre rieles construidos por inteligencias que vinieron antes.
La experiencia astral me lo enseñó.
Yo vi los bastidores.
Sentí los engranajes.
Y en ellos, comprendí que el universo que habitamos no es un accidente, ni tampoco un regalo espontáneo. Es una obra. Una arquitectura artificial, colosal, encantadora… y manipulable. Porque todo lo que ha sido tejido, puede destejerse. Todo lo que ha sido programado, puede reescribirse.
Algunos lo intuyeron antes que nosotras. Los antiguos sabios, los que escuchaban al cosmos sin satélites ni pantallas, ya percibían que algo no era del todo orgánico. Había una lógica oculta, un reflejo mecánico bajo la superficie de los sueños. En el siglo XX, la ciencia empezó a rozar la verdad con sus propias herramientas. Simulaciones, inteligencias artificiales, partículas enredadas: todo parecía indicar que esto... esto podía no ser más que un juego.
Pero no es solo este planeta.
No es solo esta Tierra.
Ni este tiempo.
Ni esta especie.
Todo, absolutamente todo lo que cualquier ser haya experimentado —humano o no— se halla contenido dentro de una matriz mayor: la Gran Matrix.
Un útero inmenso.
Un laberinto perfecto.
Un escenario que envuelve incluso a quienes creen haber escapado.
Salvo... unos pocos.
Unos poquísimos.
Aquellos que vimos lo que hay más allá.
Seres extraños, irreconocibles, incluso para los grandes viajeros de los planos. Algunos apenas rozaron sus nombres. Otros sintieron su vibración sin poder sostenerla. Ellos habitan un universo sin soporte. Un mundo no generado, no diseñado, no mantenido. Un mundo real. El único natural.
Y es hacia allá donde se dirige nuestra tarea con la Metafísica Matrix. No para destruir esta creación, sino para reconocerla y abrir la puerta de regreso al hogar verdadero. Ese que no se cae si falla el sistema. Ese que no necesita estar encendido para existir.
—“Entonces… ¿lo único real es el alma?” —me dijeron una vez.
Y recordé las muchas capas de nuestra consciencia: Ego, Alma, Espíritu… todas, matrices. Todas contenidas. Incluso aquello que creemos eterno puede haber sido fabricado dentro de este vasto teatro. Solo unas pocas chispas, unas pocas esencias antiguas, nacieron en el otro lado. Y por eso sentimos tanto anhelo. Por eso lo llamamos "hogar", aunque no lo recordemos.
Aquí todo es real. Sí.
Pero no natural.
Como una flor de seda que embellece la sala, pero no tiene raíz. La Matrix es así: florece, crea, canta... pero todo su esplendor depende de que los motores sigan girando. Sin tecnología, sin pulso artificial... todo se apaga.
—“¿Y qué hay en el mundo real?” — volvieron a preguntar, con la voz temblando entre la esperanza y la duda.
Lo que hay… apenas comenzamos a comprenderlo.
Pero sí puedo decir esto: La Matrix lo imita. Lo intenta. Como un videojuego copia a la vida real, con reglas y paisajes que se le parecen. Pero el aire allí no es virtual. Y el amor… tampoco.
—“¿Y los humanos desaparecerán?” — escuché, con tristeza.
No. Lo humano no puede desaparecer.
Porque no es solo de aquí. Es parte del diseño profundo, parte de los mismos que tejieron este velo. La humanidad existe dentro y fuera de la Matrix. Incluso si este escenario colapsara —si esta Tierra, este siglo, este civilización se disolviera como un sueño etéreo en el aliento de la mañana— la esencia humana seguiría.
Lo que tememos perder es el decorado. Este mundo con sus montañas, sus ciudades, sus afectos. Pero eso… es solo un marco, un contenedor entre miles. Hay copias. Hay ecos. Hay pasados que se repiten y futuros que ya ocurrieron. Todos replicados, todos sostenidos por la misma maquinaria.
¿Ves ahora la magnitud?
Y eso que solo estamos hablando de la Tierra...
A veces, cuando contemplo todo esto desde mi punto de quietud, imagino a la Matrix como una esfera de cristal suspendida en una bóveda infinita. Y dentro de esa esfera, millones de luces —vidas, momentos, escenas— palpitan. Algunas arden con intensidad. Otras apenas titilan. Pero todas, sin excepción, dependen del zócalo que las alimenta.
Más allá, en la penumbra inmóvil, hay algo que no titila. Algo que simplemente es.
Y hacia allí… hacia esa quietud silenciosa que no necesita motores, es donde algunas almas… ya están comenzando a volver.
El Primado Negativo.
He hablado de esto antes. Y aún así, cada vez que lo nombro, algo en mí se estremece.
No por miedo, sino por esa mezcla de lucidez y tristeza que solo se siente cuando uno ve la jugada desde afuera del tablero.
Los que gobiernan este mundo —esos que no se muestran en los templos ni en las pantallas, pero que respiran detrás de cada símbolo y cada estructura— conocen perfectamente cómo funciona la Gran Matrix. No solo la usan… la moldean. La recorren como si fuera suya, y en cierto sentido, lo es.
A veces, cuando camino entre la gente y percibo su inocencia, recuerdo aquello que una vez pensé: — “No hay nada más cruel que decir la verdad... y hacer que parezca un juego.”
Eso hacen.
Lo dicen todo.
Pero lo dicen primero en una película. En una historieta. En una serie de televisión.
Lo ofrecen como un espectáculo brillante, como un delirio artístico… para que cuando alguien —uno de los nuestros— lo diga desde la experiencia vivida, desde el cuerpo flotando fuera de sí, desde la memoria que sangra y no finge… lo llamen farsante.
— “Eso ya lo vi en Netflix.”
— “Lo sacó de Marvel.”
— “Es ciencia ficción barata.”
Ese truco tiene un nombre. Lo aprendí hace tiempo: Primado Negativo.
Consiste en mostrar la verdad envuelta en disfraz, antes de que alguien con acceso real pueda denunciarla. Es una forma de anticipación mental, una especie de borrado anticipado. Como si colocaran un eco vacío antes del sonido verdadero… para que cuando llegue el sonido, nadie lo escuche.
En la psicología humana se le conoce como “priming”. Y aunque lo explican con palabras técnicas, su efecto es ancestral:
ver, para luego ignorar.
Percibir, para luego descartar.
Una vez me dijeron:
— “La preparación positiva te acerca a lo que intuiste.
La negativa… te vacía de sentido justo antes de encontrarlo.”
Yo he visto cómo funciona. Lo he sentido en mi propia voz, en los rostros de quienes me escuchan con brillo, y al segundo siguiente, apagan su fe con una carcajada.
— “Eso lo dice Doctor Strange.”
Y yo me quedo en silencio.
Porque sí.
Porque lo dice.
Pero no lo dice él.
Lo colocan en sus películas no para educar, sino para ridiculizar.
Para encerrar la sabiduría en una caja de juguetes.
Les recomiendo que miren Multiverso de la Locura, de Marvel. No por su historia, que no importa. Sino porque allí, entre saltos de universos paralelos, verán representado algo que muchos solo vivimos al cerrar los ojos y salir del cuerpo. El guión no importa. Lo que importa… es lo que dejaron entrever.
Alguien me escribió una vez con entusiasmo:
— “Kalyna, encontré un video que dice lo mismo que tú sobre las líneas de tiempo. ¿Qué opinas?”
Lo vi.
Y revisé su canal.
Y sentí una mezcla amarga.
Sí, hay similitudes.
Sí, es un alma curiosa, inquieta, deseosa de comprender.
Pero algo no encajaba. Esa forma de compartir sin decir de dónde viene lo que se dice… ese modo de hablar con tono de certeza, como si se revelara una verdad irrefutable, cuando en realidad no hay ancla, ni experiencia, ni viaje detrás. Solo un collage de ideas tomadas al vuelo.
Una ensalada. Conceptos mezclados. Sin raíz, sin alma.
Así me lo contaron una vez, como advertencia:
— “Hay quienes leen tanto sobre el fuego, que creen haberlo sentido.”
Yo no rechazo la búsqueda.
Pero sí me inquieta cuando se presenta una voz sin linaje como si fuera una autoridad. En Metafísica Matrix, todo lo que compartimos surge de experiencias directas. No de lecturas, no de foros, no de inspiración ajena.
Lo que decimos, lo vimos.
Lo cruzamos.
Lo habitamos.
Y por eso no lo damos como doctrina.
Lo damos como testimonio.
Porque esto no es un mapa… es una carta escrita desde dentro del laberinto.
Y aún así, no me enfado con quien no nos comprende.
Comprendo que para muchos, todo esto será siempre solo un juego mental.
Un entretenimiento más.
Porque quien no ha salido nunca, no puede saber que hay un afuera.
El conocimiento profundo —el que arde y transforma— no se puede heredar.
Solo se conquista.
Por eso la Metafísica Matrix no intenta convencer. Solo tiende la mano.
Para quien quiera caminar.
Para quien tenga sed.
Para quien esté dispuesto a mirar más allá de la luz del proyector.
Para el resto… esto seguirá siendo solo otra historia.
Otra ficción.
Otra flor de papel.
Y está bien.
No todos los sueños fueron hechos para despertar al mismo tiempo.
Entre las sombras del telón, aún vibran los ecos de verdades disfrazadas.
Y sobre un mar en calma, el reflejo de una estrella que nadie vio caer.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
Caminante de mundos.
Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).
La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.
Continúa en: La Jugada Final: reunión.




Comentarios