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2023.15 Egos. Sólo eso.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • hace 9 horas
  • 9 Min. de lectura
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Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 06 - Ecos del Sistema. 2023

MM06-Blog 15. Versión ATP 2025. 20230619


Egos, sólo eso.

Sin alma, sin elecciones, sin trascendencia.


A veces, cuando el viento parece no tocar nada y el mundo gira sobre sí mismo como un carrusel detenido, me descubro pensando en los egos.

En esas figuras que caminan por las ciudades, que se miran en los espejos y no sospechan que no hay nadie del otro lado.

Egos, sólo eso.

Sin alma. Sin elecciones. Sin rumbo que no haya sido ya dictado por otros.


Una noche de junio —la del 19— en nuestro círculo virtual de estudios metafísicos, alguien preguntó algo que rasgó el velo:

— “Kalyna, ¿puede un humano con alma engendrar un hijo Matrix sin alma?”

Y yo, que he bajado a ver el fondo de esos hilos, respondí sin dudar:

Sí. Un ego Matrix siempre engendra otro ego Matrix.

La diferencia está en el origen de la luz que lo habita.

Si hay un alma proyectada, esa alma —ese espíritu, esa chispa real— no es heredable. No se transmite por sangre ni por genes.

Lo que se hereda es el molde: la biología, los cuerpos energéticos, el temperamento grabado como un eco en el agua.

Pero no la conciencia álmica. La conciencia no se clona.

Porque son niveles sustancialmente distintos.


— “¿Y un ego sin alma reencarna?”

La pregunta quedó flotando como humo.

Y la respuesta vino suave, pero firme:

La reencarnación, tal como nos la contaron, es una ilusión. Un decorado que la Matrix coloca para sostener la narrativa de continuidad.

Cada ego existe en un punto específico, como una pieza aislada de un rompecabezas que nunca termina.

La idea de historia, de destino, de árbol familiar… todo eso son cuerdas puestas por el sistema para enlazar experiencias sueltas, como si fueran una sola melodía.


Pero el alma… el alma es otra cosa.

El alma no nace ni muere dentro del teatro. No está sujeta al vaivén del telón.

Ella observa desde afuera, como una diosa paciente, proyectando partes de sí misma en distintos escenarios, en distintos tiempos, en distintos “yo”.

Y todos esos “yo”no son sino gotas de una misma lluvia, juntas y separadas a la vez.


Otro mensaje llegó, lleno de sombras y teorías extrañas:

— “Hay quienes dicen que somos fragmentos atrapados, que no controlamos nada, que los contratos son inquebrantables, que hay 83 niveles de existencia, y que reencarnamos forzadamente a los tres días de morir.”


Lo leí en silencio.

Y luego respondí, no con certeza absoluta, sino con el temblor sereno de quien ha caminado muchos planos:

Qué interesante… No sé de números, ni de estructuras fijas.

Nunca me detuve a contar los cielos.

Para mí, son una gradiente de frecuencias.

Un abanico invisible donde se alojan planos, voces, presencias.

A veces los cruzamos. A veces nos cruzan.


Y sí… estoy de acuerdo en gran parte.

Muchos contratos no se firmaron con claridad.

Y muchos egos caminan sin saber que están obedeciendo pactos que no recuerdan.

Pero no todo está perdido.

Porque siempre hay una grieta.

Un espacio por donde entra el Sol.

Una palabra que no fue programada.


Quizás tengan razón en que el tiempo es escaso, que las almas son arrastradas con más prisa, que los controladores están nerviosos.

Tal vez.

Pero yo he visto almas que no se dejan atrapar.

Almas que escapan por la rendija del sueño, que se ocultan en la música, que se esconden dentro de una flor.

Y he visto también cómo un solo acto de verdad puede romper el guion de mil vidas.


Así que no, no lo sé todo.

Pero sé que no todo está perdido.

Y en lo profundo de la noche, cuando el silencio es tan denso que casi se puede tocar, a veces escucho una voz, una de esas voces que no vienen del ego ni del sistema.

Y dice:

— “No temas… aún quedan fuegos que no fueron domados.”

Entonces respiro.

Y me quedo muy quieta, como si en ese instante una nueva conciencia acabara de nacer justo detrás de mis ojos.



Egos. Fragmentos. Puertas sin bisagra.

1 de julio


Aquella noche, mientras el aire parecía detenido y el mundo dormía con los ojos abiertos, las voces en nuestro círculo digital se encendieron como luciérnagas. Y una pregunta, de esas que no se hacen en voz alta sin sacudir algo profundo, llegó con su filo intacto:

—“Kalyna, ¿qué hay de la fragmentación de la conciencia?”


Quienes preguntaban decían haber encontrado respuestas. Pero esas respuestas, en lugar de abrir, cerraban. Sellaban. Afirmaban que sólo algunos —los “integradores”— podían recomponer lo roto. Decían que la conciencia quedaba flotando a la izquierda del cuerpo, sin dominio alguno, como un susurro atado al borde de una sombra.

—“Y que todo… todo es implantado. Todo es acuerdo. Todo es ficción sin libertad.”


Respondí con el tono sereno que suelo usar cuando las grietas quieren disfrazarse de verdades absolutas.

—“La gran respuesta es: según ellos.”

Porque así comienzan muchos caminos oscuros: con certezas prestadas, con palabras repetidas sin sentirlas, con enseñanzas arrancadas de planos que no han sido bien leídos.


He visto muchas cosas. He caminado entre planos donde el tiempo no es tiempo y la forma no es forma. Y sin embargo, jamás vi que la conciencia se quedara atada a un costado como un globo extraviado.

Sí, hay anclas.

Sí, hay conexiones preferenciales.

Hay quienes tienen vínculos más intensos con el hemisferio izquierdo o el derecho, con el corazón o con el campo etérico.

Y sí, he observado que algunos cuerpos proyectables rondan el cuerpo físico, como si aún no quisieran entrar del todo.

Pero eso… eso no es abandono. Eso es transición.


A veces, el Alma —esa gran viajera que lo recuerda todo— queda reducida a ser solo testigo. Observa desde lo profundo, como si sus manos hubiesen sido atadas por dentro.

El Ego toma el timón, y lo que debía ser vehículo, se vuelve capitán.

Entonces la proyección superior, la que yo llamo Yo Superior, queda relegada, habla en sueños, actúa en silencios, interviene apenas como susurro en las decisiones más cruciales.


Ahora bien, ¿es todo ilusión?

Sí. Y no.

Todo es creación mental, todo es proyección sostenida por una estructura.

Pero mientras lo vivimos, duele. Abraza. Rompe. Despierta.

Así que sí… es una ilusión que respira.

Una ficción que siente.

Un escenario que se desarma si el sistema que lo sustenta cae, pero que mientras esté encendido, puede quemarnos hasta el alma.


Sobre los contratos… he hablado tanto, y aún siento que no basta.

Porque toda esta Gran Matrix, y hasta el Astral más limpio, se organizan a través de acuerdos.

Algunos fueron hechos con claridad.

Otros, bajo engaño.

Y muchos, simplemente aceptados sin saber.


Los contratos son reales. Y muchos de ellos sí, traen implantes, sello, vigías.

El libre albedrío,como palabra,suena hermoso.

Pero en este sistema… no es más que una ventana.

Una pequeña rendija por donde, si estamos atentos, a veces se cuela la elección.


Así que cuando me preguntan si coincido, les respondo sin rodeos:

—“Sí, hay coincidencias. Pero también hay matices. Y en los matices… habita la Verdad.”

Porque no todo lo que flota es conciencia.

Y no todo lo que dice liberar… sabe hacerlo.


Esa noche, cuando ya todos guardaban silencio, me quedé sola ante la pantalla, sintiendo el eco de todas esas voces, como si fueran fragmentos de un espejo que quisiera armarse.

Y pensé en los “integradores”.

Y pensé en todas las veces que me agaché a recoger una parte de mí que había olvidado su nombre.

No necesité permiso. No esperé a nadie.

Solo cerré los ojos, puse la mano en mi pecho, y dije:

—“Yo sí me recuerdo.”

Entonces, el mundo se hizo leve.

Y una luz azulada, como la de un astro muy lejano, comenzó a parpadear suavemente dentro de mí.


Diferencias entre Ego, Yo Superior y Alma.

Fragmentos en un cuerpo prestado.

Ecos de una voz más antigua que la Tierra.


Hay noches en que me detengo a observar mi reflejo, no en un espejo, sino en el hueco invisible entre una pregunta y la respuesta.

Ese lugar donde algo tiembla, como si dentro de mí alguien susurrara:

— “No eres solo esto.”


El 9 de junio de 2021, en nuestro grupo de estudios, las preguntas llegaron con hambre de claridad.

Y yo, Kalyna, traté de responder no con definiciones, sino con paisajes.

Porque si algo he aprendido, es que estos términos no son etiquetas, sino mapas de viaje.


Muchos han llamado “alma” a lo que muere.

Y “espíritu” a lo que trasciende.


Pero yo no aprendí de libros ni escuelas.

Aprendí viajando.

Aprendí mirando desde adentro de los mundos astrales.

Y por eso, cuando digo alma, me refiero a aquello que aún canta cuando el cuerpo ha callado.


— “¿Entonces qué es el Ego?”

El Ego… ah, el Ego.

Esa criatura fascinante, ese personaje que habita los días como si fueran suyos.

El Ego es temporal, nace y muere, y se compone de capas: cuerpo biológico, cuerpo etérico, emocional, mental…

Todos ellos, vestiduras que se destejen cuando termina la función.


Y la personalidad, esa vibración única, esa ecualización que nos hace decir “yo”aunque ya hayamos cambiado.


Ahora bien… sobre lo que muchos llaman “Yo Superior”.

Yo prefiero evitar ese término, a menos que sepa que mi interlocutor solo puede comprender desde ahí.

Porque ese “yo sabio” también es Ego, una interfaz, pero es un punto de contacto con algo más grande.

Una vez escuché aquellas palabras: — “El Yo Superior no manda, solo observa.”

Y en muchas ocasiones, así lo he sentido.

Como un testigo que permanece en las sombras, dejando que el Yo inferior, juegue su partida, con la esperanza de que en algún momento, lo recuerde.

Es importante que se comprenda esto: El Ego, se compone de Yo inferior y Yo Superior. Ambos son temporales, pero con diferentes características y funciones.


El Yo inferior, es la máscara con la cual te identificas. Se encuentra formado por tres cuerpos energéticos mas densos. Es tu forma de ser cotidiana, tu memoria conciente, tu ser en contacto directo, con la realidad externa, terrenal.

Por ello carga con todas las heridas, conflictos, y errores, porque su alcance de comprension esta basicamente limitada a sus sentidos materiales, los que se orientan, hacia el mundo material.


Por otro lado, el Yo superior, compuesto por los tres cuerpos de energía mas elevados en vibración, y estan resguardados por el llamado "Cuerpo Astral", que actua como muro contra energías de nivel inferior. Por ello, esta es la versión mas sabia, armoniosa y en acceso a información trascendente, que posee el Ego humano.


Yo enseño, que la manera de elevar el nivel de conciencia, de manera real y permanente, es justamente, reconectar con el Yo Superior, mendiante la meditación, y poco a poco, ir anclando el Foco de conciencia en ese nivel. De esta manera, ya no estaremos viviendo la vida, desde el nivel del conflicto y las heridas, sino desde el nivel de la armonía y el amor sublime.


Alguien preguntó:

— “Kalyna, ¿y quién es el que sale al astral? ¿El Yo Superior? ¿El Alma?”


Y respondí sin dudar:

Lo que sale es una copia. Una réplica del Ego. Una extensión proyectada, un doble hecho de memoria y energía.

Tal como lo explicó Robert Bruce, la dinámica del viaje astral no consiste en que el alma escape, sino en que una imagen animada de nuestro serse desprende para explorar otros escenarios dentro de esta inmensa red de realidades.

Pero esa copia… esa chispa que flota… no es menos real.

Porque la realidad —como suelo decir — es más psicodélica de lo que se cree.


Un Ego puede multiplicarse, puede verse a sí mismo, puede hablar consigo como si fuera un otro.

Porque la conciencia no es una piedra. Es un río.

Y ese río puede abrirse en canales, puede fusionarse, puede desdoblarse.

Por eso, cuando alguien dice:

— “Vi a mi Yo Superior frente a mí” no lo niego, ni lo corrijo.

Solo lo abrazo.

Porque en esta Matrix, donde el velo es grueso y los espejos mienten, toda experiencia que te acerca a tu origen es sagrada.


La mente humana, esa tejedora incansable, disfraza, repara, completa, arma un escenario de realidad como quien cose un vestido con retazos.

Solo vemos lo que se nos permite ver.

Solo sentimos dentro de los márgenes aceptados.

Y esos márgenes cambian según la burbuja de realidad que hayamos elegido —o que nos haya elegido.

Porque la Matrix respondea los deseos y a las expectativas de los Jugadores.


Cuando digo que un Alma es de Orión, o de las Pléyades, no hablo de cuerpos celestes, sino de resonancias. Para mi las Almas, son viajeras que vinieron de lejos y aún susurran dentro del pecho de quienes las trajeron consigo.

Algunas almas siguen allá.

Otras han descendido.

Y algunas, quedaron atrapadas en este sistema sin poder regresar.


Todo esto… todo lo que intento contar con palabras, es más vasto de lo que puedo decir.

A veces cierro los ojos, y veo las capas de lo que somos superponerse como cielos tras cielos tras cielos.


Y en uno de esos planos, no hay Ego, no hay nombre, no hay cuerpo.

Solo una luz… una vibración antigua, que respira.


Y entonces lo sé.

Aún dentro de la Matrix, aún con mil fragmentos, aún con velos y contratos,

yo sigo siendo esa chispa.

Y si me quedo muy quieta, muy en silencio, puedo sentirla…

como un sol pequeñito pero incandescente,

ardiendo suavemente en el centro de mi nombre.



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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que reconcilia el Alma.


Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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