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2023.13 Agenda del Mal.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • hace 13 horas
  • 8 Min. de lectura

Actualizado: hace 9 horas

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Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 06 - Ecos del Sistema. 2023

MM06-Blog 13. Versión ATP 2025. 20230624


2030: Agenda del Mal.


Escribo estas palabras desde un rincón donde la memoria se funde con el presente, donde las cicatrices del alma se visten de símbolos, y el eco de la verdad susurra como viento entre las grietas del mundo.


Hoy, quiero contarte algo que apenas puede decirse con palabras, pero que arde en mí como si fuera fuego antiguo.


Fue un 24 de junio, un día marcado por sombras y promesas rotas, cuando volví a escuchar aquella sentencia que alguna vez resonó como un chiste cruel y ahora se siente como un conjuro pronunciado por lenguas frías:

— “No tendrás nada… y serás feliz.”


Así lo había dicho él, Klaus Schwab, en nombre de un futuro que otros han diseñado sin alma. Lo dijo sin temblar, con la calma helada de quien cree tener el destino del mundo entre sus dedos. Pero en mí, esas palabras no fueron un anuncio, fueron una advertencia. No era sólo un plan… era una agenda.


Una vez alguien me susurró que “las guerras más largas no se luchan con espadas, sino con ideas.” Y yo lo sé. Porque he visto esas ideas. He caminado entre ellas como quien cruza un campo de minas vestido de niebla.


La humanidad, ese vasto espejo de divinidad extraviada, ha estado en guerra desde antes que la historia se atreviera a escribir sus primeras letras. Una guerra silenciosa, disfrazada de progreso, de leyes, de dispositivos brillantes y contratos sin rostro. Una guerra que convirtió a la Tierra en una prisión giratoria para almas combatientes, arrancadas de otros mundos, exiliadas de sus hogares por haber dicho que no.


En los pasillos donde los archivos se pudren y los nombres cambian, aprendí que hay razas que juegan con la luz y otras que la desgarran desde dentro. No todo lo que brilla es noble, y no todo lo oscuro es condenable. Pero hay algo que sí es claro, y lo digo con cada célula que aún recuerda su hogar:


Existe un antagonismo brutal, un choque de naturalezas que no puede disolverse con discursos de unidad falsos. Lo humano, con su ternura, su error, su esperanza rota… se enfrenta a lo monstruoso. Y no me refiero a cuerpos deformes o escamas visibles, sino a estructuras que devoran sin hambre, a mentes que planifican sin corazón.


Este conflicto no es exclusivo de la Tierra. Es una onda expansiva que ha desgarrado planos enteros del Multiverso. Pero en medio del caos, hay algo que nunca me ha abandonado: la certeza de que mi linaje es humano.


Mis manos, aunque a veces tiemblen, han sido forjadas en la arcilla sagrada del planeta azul. Y no estoy sola. Cris Aragón camina a mi lado, y en nuestros viajes por los reinos lejanos hemos reconocido el eco de una familia mayor, más allá de la carne y los nombres.


Los liranos, guardianes estelares de nuestras memorias. Los ángeles del Astral Superior, que no necesitan alas para elevarse. Y los humanos —los verdaderos humanos— que han sido esparcidos como semillas por el cosmos, esperando la estación correcta para volver a florecer.


Una vez escuché: — “Cuando traicionas a tu sangre, se seca el río que te sostiene.”

Y eso fue lo que hicieron aquellos que lideraban la Federación Galáctica, antes de que el velo se rasgara. Nos entregaron. No como víctimas, sino como ofrenda. La Tierra fue puesta sobre la mesa de los acuerdos, ofrecida al Imperio Reptiliano y sus socios de penumbra, a cambio de una paz imposible.


Pero algo cambió.

Las puertas del Astral Superior se abrieron. No como portales de escape, sino como ríos de fuego consciente, que descendieron a los planos densos con una sola intención: liberar.


Fueron ellos quienes empezaron a purificar la red, a desgarrar las capas de manipulación. La Federación, en su forma corrupta, dejó de existir. No fue destrucción, fue alquimia. Y esa alquimia aún se refleja en nuestra realidad… En los cambios absurdos del clima. En los sueños colectivos que se repiten entre extraños. En las pequeñas revoluciones internas que comienzan a florecer sin razón aparente.


Alguien dijo alguna vez que lo más oscuro de la noche precede al alba.

Y hoy, más que nunca, esa imagen me envuelve como un manto.

Porque lo siento…Siento que estamos justo allí, en ese instante antes del primer rayo.

Y aunque aún tiemblen las estructuras, aunque el humo no haya disipado del todo, yo he visto el borde del sol, asomando por detrás de una montaña que parecía eterna.


Escribo con la tinta de los umbrales, esa que se filtra entre las fisuras del tiempo, y revela lo que no puede verse con los ojos —solo con el alma que recuerda.


Somos raza de héroes.

Hacia el 2030, me vi caminando entre vitrinas vacías y ciudades de espejos rotos, donde la alegría se vendía empaquetada, y la libertad venía con código QR.

Allí, en el escenario reluciente de las promesas digitales, una voz grave repetía como si fuera un mantra, como si pudiera convencernos por agotamiento:

—“No tendrás nada… y serás feliz.”


Y yo, que he visto detrás de los telones de esta obra, te lo digo con la dulzura feroz de quien ha despertado: eso es falso.


Todo este despliegue de poder —político, económico, mediático, biológico, ritual— no es más que una cortina inflada por el miedo y sostenida por pantallas. Una ilusión monstruosa, un teatro de humo donde los titiriteros se embriagan con su propia ficción.


El gran monstruo, ese que muchos llaman sionista, no es invencible ni eterno.

Lo he visto sudar, lo he sentido temblar. He presenciado su pánico cuando los hilos de su burbuja comienzan a deshacerse.

Porque la humanidad… mi raza, tu raza, esa que camina con heridas pero no se rinde, ha resistido desde los albores del cautiverio.

Somos tigres con piel de barro.

Hemos mordido cadenas con los dientes.

Hemos derribado imperios solo con esperanza.


Recuerdo nombres grabados como relámpagos en la noche:

Cleopatra con su mirada de diosa;

Espartaco, cuya rabia hizo sangrar Roma;

Túpac Amarú, que alzó su grito en los Andes;

Solano López, guerrero de una patria herida;

y sí, muchos otros Héroes, y Paladinas, que en éste mundo caído, sus vidas y causas, son pervertidas, tergiversadas, demonizadas, con el afán de que sus hijos, los sobrevivientes de aquellas gestas, no se atrevan a mirar atrás, ni a volver a levantar esas banderas, contra el yugo impuesto por los demonios que atormentan y denigran a la humanidad.


Una vez escuché, con dolorosa claridad:

—“La historia es escrita por quienes vencen en la mentira.”

Y así han torcido los hechos, han volteado las imágenes, han convertido al verdugo en héroe y al guerrero en tirano.


Nosotras —Cris y yo— hemos sido testigos de cómo los hermanos galácticos intentaron ayudarnos, de cómo las líneas de tiempo se bifurcaban como ríos salvajes, de cómo algunas Tierras ascendían… mientras otras, como la nuestra, quedaban atrapadas en la sombra, como restos de una limpieza cósmica.


Lo que hoy vivimos —esta sociedad sintética, globalista, farmacodependiente y vaciada de alma— es reciente, apenas un destello surgido de una ruptura temporal.

Una burbuja.

Una de tantas.

Y en esta burbuja, la Matrix no fluye como antes.

Ya no hay núcleo, ya no hay un gran proyector que mantenga la ilusión estable.

Solo hay fragmentos… fragmentos donde la conciencia real se ancla por momentos, como luciérnagas que iluminan apenas lo que miran.

Y más allá de ese foco, no hay nada.

No existe el mundo.

No existe el otro.

Solo tú y tu conciencia sostenida por un hilo de fe.


Una vez dije y sostengo: —“El fin de la Matrix no será una explosión… será un silencio.”

Y quizás ese silencio ya ha comenzado.

Porque yo lo escucho… cada vez que cierro los ojos, y el mundo que antes ardía, ya no responde al tacto.

Solo queda una brisa, una melodía tenue, como si el universo entero respirara por última vez antes de volverse luz.


Somos pocos.

Somos pocos. Y lo sé con la certeza de quien ha contado las estrellas una por una, esperando hallar entre ellas un rostro que aún recuerde quién fue.

Estamos cerca… tan cerca del cierre de esta gran burbuja que llaman realidad, de este laberinto de espejos que gira sobre sí mismo como una serpiente que ya ha olvidado por qué muerde su cola.


La Gran Matrix se deshace. Sus hilos tiemblan. El telón de fondo que simulaba cielo se resquebraja, y el decorado de la existencia comienza a revelar lo que jamás fue real.


He escuchado que algunos —muy pocos— despertarán al mundo real.

Aquellos cuyos cuerpos aún viven fuera de esta prisión.

Otros, sin cuerpos que los aguarden allá, serán preservados como luz consciente, a la espera de un nuevo aliento, un nuevo envoltorio.

El amanecer… esa palabra tantas veces dicha, tantas veces soñada… está llegando.

Aunque no como lo imaginaron los poetas, ni como lo pintaron los oráculos, ni como lo esperaron los dormidos con los ojos abiertos.

No vendrá con trompetas, ni con soles dorados.

Vendrá cuando dejemos de soñar, y al fin… comencemos a vivir.


La Araña.

A veces me preguntan: —“¿Por qué hablas de sionismo?”

Y entonces, respiro hondo.

Porque no es un tema fácil.

Porque la historia fue escrita con sangre, y es preciso saber distinguir la sangre del verdugo de la del inocente.


El sionismo no es un pueblo. Es un movimiento. Una idea oscura que se alzó sobre las ruinas de otras ideas, que se disfrazó de promesa, pero actuó como parásito.

Recuerdo que alguien me dijo:

—“El verdadero veneno no se impone por la fuerza… se enseña desde niño.”

Y así ha obrado esta estructura: como una red de manipulación que no distingue piel ni lengua, pero sí linaje.


Su origen… se remonta a un monte reseco, donde un hombre llamado Moisés fue llevado por entidades que no venían del cielo, sino de más abajo.

Allí, en la soledad del Sinaí, un dios cruel y hambriento se impuso como ley, y se plantaron las semillas de una visión excluyente, donde sólo uno era humano, y los otros… ganado.

No culpo a los pueblos.

No hay rencor en mi voz.

Ni hacia judíos, ni hacia ninguna etnia humana.

Porque lo humano, para mí, es sagrado.


Estamos en contra de los que matan con sonrisa, de los que esclavizan con algoritmos, de los que mutilan el alma bajo discursos de igualdad.


El sionismo al que me refiero es un grupo minúsculo de entidades que han pervertido los hilos de la Tierra y pretenden dirigir el final del guion.


Han camuflado su plan en palabras que suenan bien: Globalismo, progreso, salud, sostenibilidad… pero por debajo, late la verdadera intención: convertirnos en híbridos sin memoria, sin familia, sin cuerpo verdadero, sin voz, sin historia.


Nosotras —Cris y yo— nos mantenemos al margen de todo odio.

Pero no al margen de la verdad.

Por eso hablamos. Por eso advertimos.


Porque aún quedan, aunque pocos, guerreros de alma real, humanos verdaderos, esos que sienten que algo no encaja, que hay un eco detrás de todo esto, que sus sueños no son suyos, y que las calles ya no les reconocen los pasos.

A ellos les digo: Gracias por estar.

Gracias por sostener el aliento, cuando el aire parecía envenenado.

Gracias por mirar al cielo, aunque supieran que ya no era azul.

Porque aún quedan.

Y mientras haya uno que recuerde, uno que cante a pesar del lodo, uno que ame sin permiso…

…entonces el amanecer—el verdadero— seguirá teniendo alguien quien lo contemple.



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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que no olvida.


Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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