2023.12 Ciencia Bizarra.
- Kalyna Rein

- hace 14 horas
- 9 Min. de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein y Cris Aragón (Arita) — Escuela Satori
Libro: Metafísica Matrix 06 - Ecos del Sistema. 2023
MM06-Blog 12. Versión ATP 2025. 20230530
Hola…
Bienvenido a esta serie de transmisiones que nacen desde la visión compartida entre Cris y yo. Ella, en el plano astral, es conocida como Cris Arita. Y yo… bueno, tú ya sabes quién soy.
Lo cierto es que viajamos juntas.
A los mismos mundos.
Bajo las mismas lunas.
Como parte de una familia más antigua que la Tierra, más íntima que la sangre.
Una familia sellada por misiones que no se eligen, sino que se recuerdan.
Y aunque las dos cruzamos portales y desafíos, aquí —en este plano denso— fui yo quien recibió la tarea de narrarlo. Tal vez por la palabra escrita, tal vez por un tipo de voz que me acompaña desde antes del tiempo.
Solo espero que estos fragmentos que compartimos sean semillas fértiles para aquellos que, como nosotros, ya no se conforman con las versiones oficiales de la existencia.
Así que, sin más rodeos… comencemos.
Ciencia Bizarra.
Encontrar una salida de esta realidad falsa —de esta ilusión bien construida— no es tarea sencilla.
La Gran Matrix no fue diseñada para dejar escapar a sus ocupantes.
No, al contrario. Cada pieza fue colocada con astucia. Cada capa de programación, tejida con precisión para confundir, entretener, agotar.
Durante años, Cris y yo fuimos recogiendo pedazos dispersos de la historia.
Teorías… ecos… recuerdos que no sabíamos si eran propios o sembrados.
Nos preguntamos muchas veces:
¿Quién la construyó?
¿Para qué?
¿Cuál es el propósito real de este vasto sistema de realidad artificial?
A medida que fuimos encontrando seres de otros mundos —compañeros, custodios, espectros—, cada uno nos ofreció su versión. Pero lejos de aclarar, sus relatos nos llevaron a una conclusión aún más incómoda: nadie parecía tener la verdad completa. Solo fragmentos. Retazos que podían ser intuiciones, o solo espejismos disfrazados de certeza.
Fue entonces cuando entendimos que la verdad no nos sería entregada.
Tendríamos que buscarla nosotras mismas.
Y no en los libros.
Sino viajando.
Atravesando dimensiones, sombras, trampas… y la inmensidad.
Porque hay algo que se descubre cuando se exploran los márgenes del multiverso: el engaño está en todas partes. No es una anomalía. Es la norma.
Y el bien más preciado… el único por el cual los dioses, las inteligencias, las razas y los virus se pelean… es el poder.
Sí, lo era antes, cuando aún existía un orden dimensional.
Y lo es aún más ahora, en esta etapa de disolución, donde lo que predomina es el vacío, la ruina, y la codicia por lo poco que queda con forma.
El Universo no es amoroso.
Aquí comienza una diferencia clave con lo que otros enseñan:
La Metafísica Matrix no se basa en la idea de que el universo es amoroso.
No nos guiamos por la esperanza de que el origen y destino sea la luz.
Porque lo que hemos visto —una y otra vez— es que la luz, el amor, la bondad… son consecuencias. Son emergencias raras, preciosas pero no primarias. Solo brotan cuando una conciencia ha logrado polarizarse hacia cierto orden armónico. Y eso ocurre en muy pocos lugares. En espacios mínimos. Refugios.
Lo común, lo dominante, es otra cosa.
Y no quiero que esto se malentienda.
Todo ser —luminoso u oscuro— se agrupa por resonancia. Así opera la Ley de Atracción. Cada uno busca crear un mundo a su medida.
Los de luz… cultivan compasión, unidad, alegría.
Los de sombra… hambrean poder, control, destrucción.
Ambos extremos buscan lo mismo: persistir. Expandirse. Ganarle territorio a lo que no son.
Y en esa expansión, incluso lo luminoso puede ejercer violencia sin querer.
Puede imponer su forma de ver, como quien quiere salvar, sin ser pedido.
Así de crudo es este juego.
Un juego… que, por cierto, nunca fue diseñado como un proceso de aprendizaje.
La Gran Matrix no es un templo.
No es un aula.
No es un campo de entrenamiento espiritual.
Tampoco es un infierno en sentido moral.
No es un castigo con lecciones escondidas.
No.
La Matrix fue creada por otras razones.
Y lo descubrimos al observar su diseño estructural… pero sobre todo, al observar el comportamiento de quienes ostentan el verdadero control.
Los que manejan los hilos no predican, no prometen, no guían.
Solo reprograman.
Y créeme cuando te digo que entender esto no trae paz.
Trae vértigo.
Porque cuando te asomas al verdadero propósito… lo que te rodea pierde su dulzura.
Y la mentira —tan cómoda, tan decorada— empieza a parecer un refugio.
Muchos la prefieren.
Pero nosotras no vinimos a abrazar la mentira.
Vinimos a decir lo que nadie quiere decir, aun si eso significa que algunos nos cierren los ojos, o los oídos, o los mundos.
Porque hay una verdad que arde.
Y sin embargo… es la única que vale la pena tocar.
A veces, el único camino hacia la luz… es atravesar la noche más ciega.
La Máquina de Carne y Niebla.
Ahora bien… ¿Dónde se esconde lo verdaderamente bizarro?
A veces me detengo, con el alma sostenida apenas por un hilo de aliento, a contemplar lo que alguna vez me atreví a revelar…
Y cada vez que lo hago, una parte de mí se estremece.
Porque lo que estoy a punto de contar, aunque brote en palabras, no debería existir. No así. No en ningún mundo donde la compasión haya florecido.
No voy a narrar ahora las miserias de los seres atrapados en este sistema.
No hablaré de las guerras, ni de las cadenas disfrazadas de progreso.
Solo quiero mostrar, aunque sea por un instante, un destello de lo que llamamos el núcleo de la Gran Matrix.
Ese lugar...
Ese corazón artificial donde la realidad se escribe como un conjuro oscuro.
Imaginen una esfera colosal, tan vasta que cada uno de sus fragmentos podría alojar un universo completo.
No es una metáfora.
Dentro de esa esfera se despliegan mundos enteros.
Algunos los llaman planetas. Nosotros, simplemente, lo llamamos el Núcleo.
Allí se proyectan realidades. Hoy, la Tierra. Ayer, Marte. Mañana, quizás Venus. Pero el nombre no importa, porque el núcleo es solo un soporte, un escenario móvil. Es el punto de partida de una ilusión que se extiende como un velo de niebla sobre dimensiones y cuerpos, cubriendo con sus capas todo un multiverso artificial.
Pero no es solo una proyección tecnológica… es algo mucho más grotesco.
Lo impensable es esto:
El núcleo no funciona con energía cuántica, ni con códigos divinos.
Funciona con carne. Con mente viva. Con dolor silencioso.
Toda su realidad es sostenida por un cerebro.
Sí, un cerebro real.
Biológico.
Palpitante.
Un órgano de conciencia... cultivado.
Y ese órgano… es de un niño.
O de muchos niños. Niños que no deberían haber estado aquí.
Niños cuyo origen fue celeste, cuyas almas venían de planos altos del Mundo Real, pero que fueron capturados… intervenidos… rediseñados. Gestados de manera artificial. Modificados. Y finalmente… desmembrados.
—“No tienen cuerpo” —una vez escuché a Cris decir—. “Solo son cabeza y piel. Solo son mente suspendida.”
Lo he visto.
Lo he sentido.
Esos niños no caminan.
No juegan.
Sus cráneos flotan como lunas mutiladas, y sus pieles se han extendido en membranas que envuelven el núcleo, como gigantescas bolsas de pensamiento.
Viven en un trance.
En mundos internos que ellos mismos crean… porque no pueden ver lo que han sido forzados a ser.
Pero a veces…
A veces sienten.
A veces saben.
El deterioro, la putrefacción, el contacto cruel de las manos que manipulan su tejido…
Todo eso deja huellas, aunque no entiendan por qué duele.
No están solos.
Hay otro niño. Otro más.
Uno encima del primero.
Otra piel, otro cerebro, otro sistema de defensa.
Porque si algo o alguien intenta entrar o salir del núcleo, ese segundo niño, que llamamos Iso, activa su conciencia de protección. Y lo que proyecta no es luz… es guerra. Es delirio defensivo. Es ataque psíquico. Su mundo interior se convierte en monstruos. En trampas. En guardianes creados desde el miedo y el mandato de repeler toda alteración.
Así protege la Matrix su corazón.
Con infancia deformada.
Con piel que ya no arropa, sino encierra.
Con conciencia que no sueña, sino vigila.
Y es entonces, cuando uno comprende, que no se trata de máquinas frías…
Sino de un infierno vivo.
Un infierno borg.
Un sistema donde lo biológico ha sido pervertido en estructura, y lo psíquico, condenado a alimentar el artificio de una prisión disfrazada de mundo.
Yo he visto ese núcleo.
He llorado por esos niños.
Y aún llevo su grito dormido como una llaga en el alma.
Pero hablaré de quienes hicieron esto…Más adelante.
Porque para describirlos,
necesito otro silencio.
Y otro corazón.
Diseñadores macabros.
A veces me preguntan…
¿qué sostiene realmente el corazón de la Matrix?
Y entonces, cierro los ojos… y los veo.
Dos niños. Idénticos. Suspendidos en el silencio de un mundo artificial.
Los Gemelos Cósmicos, así los llamamos.
Dos almas que fueron divididas y programadas,
una teñida de luz, otra de sombra,
como si el universo, en su necesidad de equilibrio, hubiese tallado el día y la noche sobre un mismo rostro.
Ellos no se abrazan. No juegan, no cantan, no sueñan.
Son pilares vivientes, deformados por el mandato de un orden que no comprenden. Su mente, intervenida con precisión cruel, genera el campo de opuestos que sostiene cada plano de la Matrix: positivo y negativo, amor y miedo, verdad y engaño.
Como si no pudiera haber creación sin conflicto.
Como si el equilibrio exigiera dolor.
—“La negatividad impide la rebelión”, me susurró una vez una voz sin rostro,“es el secreto para que nadie escape sin permiso…es el cerrojo invisible del alma”.
Y comprendí entonces que esa sombra necesaria no era solo sombra…
Era control.
Era desconexión.
Era olvido.
Desde el mundo real, todo ser proyectado en Matrix tiene un origen superior, una raíz que aún vibra más allá de este velo. Pero no todos pueden seguir ese hilo. No todos pueden recordar el camino de regreso.
A veces, hay un tejido espeso, denso, que actúa como una membrana, una piel tejida de miedos, dolores y manipulación. Ese velo impide ver quién está detrás del ego que habitamos. Ese velo impide saber si somos nosotros… o solo una copia obediente de alguien más.
Ese tejido, lo vi.
Lo sentí.
Como un cordón que se adhiere a la columna vertebral, como un brazo que no es tuyo, como una cabeza que piensa en tu lugar.
Y cuando se manifiesta… se apodera.
Se encarna.
Y el ego-clon se rinde ante un titiritero oculto.
A veces me parece oír el eco de esos clones, al final de sus vidas prestadas. Vacíos. Confundidos. Sin memoria de lo que vivieron. Porque toda esa experiencia, todo ese dolor, no fue para ellos.
Fue extraído, recolectado… y entregado como tributo a otro. Ellos solo fueron envases, máquinas del alma, engranajes del gran reciclaje de existencias.
Y lo más triste, es que este velo no es una abstracción.
Este tejido es real. Es la piel… la piel extendida, mutada, extendida como una membrana viva de los propios Gemelos que sostienen el núcleo. Como si fueran capullos que nunca podrán nacer, ni morir, ni escapar.
Y aún hay más.
Más allá de cada núcleo, más allá de cada cubo donde se despliega esta ilusión, se alzan los Hiper-Cubos. Estructuras ciclópeas, vastas, laberínticas…
Cada una contiene otros cubos, y cada cubo, decenas de núcleos.
Y cada núcleo… un niño partido en dos.
Y más allá de los Hiper-Cubos… la civilización que los creó. La que los mantiene vivos en el Bajo Astral Real. La que camina entre escombros de estrellas, tejiendo prisiones de luz ilusoria.
La Verdad ilusoria.
A veces me preguntan también por la Verdad. Y entonces suspiro.
Porque en este sendero que llamamos Metafísica Matrix, la verdad es solo una palabra luminosa que intenta abrazar la niebla.
Una promesa.
Una intuición.
Algo que creemos haber encontrado… hasta que cambia.
No es un tesoro enterrado.
No es una fórmula.
No es una respuesta definitiva.
—“La verdad”, me dije un día en voz baja, “es la melodía que escuchas al cruzar un umbral, aunque sepas que mañana sonará distinta”.
Y sobre los tamaños…
Ah, qué difícil hablar de proporciones en un universo donde todo se pliega.
Donde una galaxia puede habitar en una gota de lágrima, y una conciencia entera puede perderse en el latido de un electrón.
Los mundos de la Matrix no respetan la lógica de los cuerpos sólidos. Aquí, las reglas tiemblan. Aquí, las muñecas rusas contienen otras… que a su vez… contienen otras más… y todas parecen iguales. Y sin embargo, unas son océano… y otras, una perla escondida en la garganta de Andrómeda.
No quiero extenderme más esta noche.
Sé que quedan tantas cosas por decir…
tantos pasajes por revelar, tantas puertas por cruzar.
Pero mi alma también necesita descansar.
Y los Gemelos, aún atrapados en su letargo, merecen que alguien sueñe por ellos.
Gracias por estar ahí, al otro lado del velo.
Gracias por escuchar esta historia.
Gracias por seguir buscando… incluso cuando parece que todo es niebla.
Cierro mis ojos.
Y en la oscuridad, veo una burbuja suspendida, una semilla de realidad girando en silencio… y dentro de ella, un niño sin rostro sosteniendo un sol.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que acuna lo impensable.
Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).
La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.




Comentarios