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2023.10 Añangú: la Faraona.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • hace 1 día
  • 6 Min. de lectura
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Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 06 - Ecos del Sistema. 2023

MM06-Blog 10. Versión ATP 2025. 20230519


La Faraona.

En otro viaje astral…

Hoy, desde mi espacio sagrado en el astral cercano,

ese que construí con memorias de luz y silencio, invité a Añangú.


Sentí que era momento de conversar, de llevarle algunas de las preguntas que Elena me compartió, con la esperanza de abrir nuevas puertas en su evolución de conciencia.

Nos encontramos en calma. Y, con dulzura, le pregunté si era posible que también hubiera encarnado en los hermanos o hijas de Elena. Después de todo, si ella se había proyectado en su propia hija… ¿por qué no en otros miembros de su linaje?


Su respuesta fue suave, pero clara:

— “No ha ocurrido así.”

Me explicó que no es común que una misma alma astral encarne de forma simultánea en madre e hija. Puede suceder, sí, tanto con intención como sin ella… pero no es lo habitual.

Y no es este el caso.


Entonces fui más allá.

Le pregunté si las hijas o hermanos de Elena tenían su propio Yo Superior.

Y sonrió, como quien contempla el jardín secreto de otros destinos.

— “Una de sus hijas sí. Posee su propio Yo Divino. Incluso, ha compartido con Elena al menos dos vidas pasadas, en roles diferentes. Por eso la afinidad tan profunda entre ellas.”

Aquello me pareció hermoso. Como si dos ríos hubieran aprendido a fluir juntos, aún cuando cambian de forma.


Otra inquietud flotaba aún en el aire… Elena había sentido una conexión poderosa con Egipto. Me habló de Luxor, del templo de Hatshepsut. Y me preguntó si aquella gran Faraona había sido una de las encarnaciones de Añangú.


La respuesta no tardó en llegar.

— “Sí. Hatshepsut fue una de mis formas humanas.”

Y esa afirmación resonó con fuerza en mí.

Añangú me dijo que aquella encarnación le permitió dar forma a la humanidad de su época. No fue la única. Ha tenido otras. Algunas reconocidas, otras invisibles, porque no todo lo divino se manifiesta en la historia… a veces lo hace en el silencio, o en lo invisible, o desde el plano astral, inspirando sin necesidad de presencia física.


También le pregunté por un grupo especial: el llamado Pirámide Azul. Me dijo que la conexión existe. Que dentro de ese grupo hay Almas Divinas… y también egos despiertos, que sin venir de mundos superiores, han alcanzado una conciencia que les une en una meta: trascender.


Pero entre tantas respuestas, hubo una que me conmovió especialmente.

— “La capacidad de Elena para escucharme ha crecido”, dijo Añangú. “Podrá verme pronto. Solo necesita enfocar su mirada hacia dentro. Ahora está deslumbrada con el mundo exterior… y eso es parte del proceso. Pero llegará el momento en que deje de buscar fuera lo que está latiendo dentro.”


Sus palabras me envolvieron con una ternura antigua.

La ternura de quien ha esperado mucho… y ama sin apuro.


Después, Elena me escribió.Me dijo:

— “¡Qué hermoso, muchas gracias! Cuando fui a Egipto, mis guías me llevaron a Luxor a encontrarme con Hatshepsut. Me dijeron que yo era también ella. Que tenía su ADN. Esto es un rompecabezas que estoy armando.”

Y añadió:

— “Mi amiga vidente también me dijo lo mismo… Así que contigo, Kalyna, ya son tres personas que me lo dicen.”


Yo le respondí con el corazón abierto:

La verdad siempre se impone, incluso cuando tarda. No se trata de creer ciegamente… sino de investigar con el alma. De permitir que la guía divina nos lleve al entendimiento. Porque la vida es mucho más vasta de lo que imaginamos. Existimos en formas múltiples… como reflejos del mismo fuego.


Quise dejar asentado algo más. Algo que no podía callar.

Añangú me mostró otra de sus encarnaciones actuales. Una mujer viva, que camina ahora mismo sobre esta Tierra. Vive en Marruecos. Tiene una carrera universitaria. Es una de las pocas proyecciones activas que Añangú mantiene en este mundo.


Y aunque no me lo dijo directamente, sentí que quizás, algún día, Elena y ella se encuentren. Guiadas. Reconocidas. Como dos partes de una misma melodía.


En cuanto al origen de Añangú, sé que proviene de lo que podríamos llamar la Sexta Dimensión. Allí aún permanece su ser original, el que da nacimiento a las proyecciones. Aunque en algunos casos, los seres deciden dejar ese plano por completo y anclarse aquí. No sé si ese será su camino… pero intuyo que todavía guarda algo de su cielo natal.

Ahora cumple el rol de Yo Superior. Sostiene. Acompaña. Espera.



Después de nuestra última comunicación, Elena me escribió.

Sus palabras llegaron como un susurro dulce, tejido con gratitud y entrega:

— “Gracias Kalyna, Cris, por ayudarme en este camino de altas y bajas… Gracias por aportarme y ayudarme en mi proceso aquí en la Tierra. De Ser a Ser, hay que confiar para sanar. Pedir ayuda cuando se necesita es uno de los primeros pasos… y abrir con el corazón los ojos para ver más. Gracias infinitas por la ayuda recibida. Pido lluvia de bendiciones para ustedes.”


Leí sus palabras en silencio.

Las dejé reposar dentro.

Porque hay frases que no se responden con respuestas, sino con presencia.


7 de octubre de 2022.

Volvió a escribirme, con la calidez de siempre:

— “Kalyna, bendiciones y siempre mucha energía.

¿Podrías revisarme cómo estoy y ver si esta vez puedes hablar con mi SER?

Siento que tiene que decirme algo más sobre Argentina y mis próximos pasos. Abrazos hermana… y abrazos a Christian. Agradecida estoy.”

Tomé ese mensaje como una semilla.

Y esperé el momento justo para sembrarla en el plano astral.


15 de octubre de 2022.

Regresé. Después de unas semanas lejos del plano terrestre, abrí de nuevo la puerta a este vínculo sutil. Y convoqué a Añangú en un encuentro silencioso.

Ella llegó con la misma luz serena de siempre, y me entregó un mensaje con el tono firme del amor sabio:

— “Mi querida Elena… En tu inocencia e ingenuidad, aún no alcanzas a ver la medida de tu realización.

Tienes que confiar. Confiar en tu intuición. En tu crecimiento. En los susurros que te envío cuando te guío.

Está bien viajar, escuchar conferencias, ver lo que otros tienen para decir sobre lo espiritual…

Pero eso no es la espiritualidad real. Eso… es conocimiento. Es teoría.

La verdad de lo que eres no se encuentra en tierras lejanas, ni en palabras ajenas. Se encuentra dentro. Siempre estuvo contigo.

Si confías en lo que puedes lograr… cierra los ojos. Búscame ahí. Dentro.

Allí está la puerta a tu iluminación.

Disfruta de los caminos, de las charlas, de las voces… pero hazlo sabiendo que su propósito es despertar en ti el deseo de volver a ti misma.

Porque solo tú puedes hacerlo que está destinado a ser hecho desde tu centro.

Yo te acompaño. Te guío. Te respaldo.

Ten fe. Confianza. buen ánimo.”


Poco después, Elena me respondió.

— “Gracias, Kalyna. Cuando estaba en Colorado, en Estados Unidos… la escuché. Añangú me lo dijo, y me lo repitió muchas veces: ‘Es adentro, Elena… mira adentro.’

En paz, en armonía y en amor… sentí su energía.”


Y añadió, con esa lucidez suya, tan dulce como precisa:

— “Gracias hermosa Kalyna. Gracias Christian. Agradezco al Cosmos por esta conexión. Escucho… y me muestran más. Premoniciones que pasarán… y también vi que estamos dentro de una burbuja, dentro del juego del Cosmos… y que hay más… y más… y más…”


Cuando leí eso, sonreí.

Porque sabía que el mensaje había llegado.

Porque sabía que Añangú, en su silencio constante, había logrado lo que tanto deseaba:

Que Elena recordara.


Y le respondí con suavidad:

Me alegra tanto saberlo…Que ese breve, pero luminoso mensaje, era exactamente lo que ella buscaba que tú supieras… y que sigas.


No había podido contestar antes. Durante unas semanas yo no estuve proyectada en la Tierra. Pero ahora… regresé. Y con mi regreso, se reanudó también este hilo de luz entre nosotras.

Bendiciones, le dije.

Bendiciones… como lluvia sagrada sobre lo invisible.



En la vastedad del plano astral, a veces basta con cerrar los ojos para encontrarse.

Basta una palabra suave.

Un silencio bien recibido.

Una voz que llega desde dentro, y que no necesita pruebas, porque vibra como verdad.

Allí nos encontramos.

Allí seguimos.

Como estrellas que recuerdan su origen.

Como Guardianas que, poco a poco, vuelven a desplegar sus alas.



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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que une Almas.


Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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