2023.05 Dioses olvidados.
- Kalyna Rein

- 24 dic 2025
- 12 Min. de lectura

Por Cris Aragón y Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica Matrix 06 - Ecos del Sistema. 2023
MM06-Blog 05. Versión ATP 2025. 20230417
Dioses olvidados.
Hola… Hoy me siento llamada a abrir, una vez más, la ventana entre mundos.
Aquella que a veces se cierra por prudencia, por vértigo… o por respeto al misterio.
Esta es una de esas veces en que no puedo callar.
Quisiera compartirte lo que hemos visto. No todo, por supuesto… sería imposible. No por falta de inteligencia humana, sino por la marea. Porque la información llega como una tormenta… y aunque una quisiera organizarla, explicarla, nombrarla, hay momentos en que apenas se puede sostener.
Así que, si me acompañas, será solo un breve destello. Un pantallazo fugaz hacia los bordes más lejanos del Multiverso. Esos bordes, sí… Donde todo parece ajeno, pero en verdad nos afecta de lleno.
Porque aunque parezcan lejanos, esos mundos respiran con nosotros.
Y su oleaje —aún si no lo vemos— toca nuestras costas.
Continuamos así lo que comenzamos en la publicación anterior: Madre Monstruo. Y como en aquella vez, volvemos a mirar hacia los niveles más alejados de esta realidad que nos contiene. Más alejados, sí… pero también más reales, más originarios, más vastos.
La Gran Matrix —ese sistema inmenso que moldea nuestra percepción— se está resquebrajando. Y en sus grietas, aparecen mundos olvidados. Seres colosales. Dioses que fueron exiliados al mito.
Cuando la Matrix se afloja, ya no puede esconderlos. Entonces los vemos. No con ojos terrenales, sino con los del alma.
Allí, en los umbrales, los paisajes son oscuros. Pero no una oscuridad sin vida, sino aquella que precede la forma. Y aunque extraños, muchos de esos espacios se conectan con el llamado Mundo Real. Porque la Matrix ya no está sola. Está siendo intervenida. Desde afuera.
Los Seres Reales, los no-Matrix, se están acercando.
Y no vienen a salvarnos.
Vienen a resetear.
A apagar.
A reestablecer el equilibrio.
El Mundo Real… Ese al que no accedemos por portales, sino por el despertar profundo, es un lugar de diversidad intensa, de polaridad verdadera, de conflicto vivo. Allí viven seres de todo tipo. Y, sorprendentemente, la forma humana es una de las más comunes.
Sí, hay humanos fuera de la Matrix.
Reales.
Vivos.
Y conscientes de su inmensidad.
Cuanto más nos acercamos a los límites de la Gran Matrix, más grandes se vuelven los seres. No hablo solo de tamaño físico, sino de presencia, de esencia, de luz… o de sombra.
Un humano terrestre puede medir dos metros.
Uno de la Matrix Ampliada, tal vez diez.
Un Ser Cósmico, se extiende como un planeta.
Una Consciencia-Unidad… brilla como un sol.
Y más allá de eso… están los otros. Los que se manifiestan en los márgenes, en el más allá de los más allá. Los que no caben en nuestros mapas.
Son los dioses antiguos.
Aquellos que fueron esculpidos en piedra por civilizaciones que aún recordaban. Los mismos que se narran en los textos sagrados, los mismos que los sabios contemplaron en visiones extáticas.
Ellos no eran símbolos.
Eran reales.
Gigantes.
Y sagrados.
Los antiguos no mentían. No eran ingenuos. Fueron testigos de maravillas.
Y aunque sus relatos fueron malinterpretados o silenciados… la verdad aún vive, en el eco de sus cantos, en las ruinas de sus templos, y en nuestras memorias astrales.
Pero para no extraviarnos en esta espesura, elegiré solo dos hilos para seguir.
— Uno, el proceso de enfoque.
— El otro, los seres de frontera.
Y con ellos, te llevaré a un rincón de la inmensidad.
El proceso de enfoque.
Cuando una consciencia completa —una persona real, de carne, hueso y alma— se proyecta dentro del sistema artificial que llamamos la Gran Matrix, no lo hace al azar.
Su primer anclaje suele darse en los bordes.
En las zonas liminares.
Donde todo lo demás se contiene.
Porque la Matrix es como una mamushka infinita… una tras otra… cada vez más compleja, más densa, más fragmentada.
Y ese primer enfoque es puro. Íntegro. Sabe quién es.
Y suele tomar roles de control, de diseño, de observación. Como un gran testigo que se fragmenta para explorar. Y así, comienza el descenso.
Cada capa… cada proyección… cada vida… es una parte de sí.
Una chispa.
Un reflejo.
Un fragmento que olvida.
Y mientras más se desciende, más se olvida.
Y mientras más se olvida… más se juega.
Se juegan los papeles de víctima, de héroe, de sombra, de salvador.
Se crean mitos.
Se viven duelos. Se ama. Se mata. Se olvida. Se busca. Se sueña.
He escuchado a muchos sabios decir:
— “Hay un dios creador. Un padre. Un origen al que debemos volver.”
Y yo digo: ese dios no es un otro. Es uno mismo.
Uno mismo… en su forma más real. Uno mismo… antes de olvidarse.
Y no está solo. Hay muchos. Muchos dioses que también entraron a jugar.
Porque la Matrix no es un castigo. Es un escenario. Una red. Un tablero.
Ofrece mundos para ser soñados. Y cada sueño es una historia que merece ser vivida.
Pero no se juega solo.
Las consciencias se agrupan. Se atraen. Se entrelazan por afinidad. Y crean juntos.
Las Mentes Grupales. Los Seres Cósmicos. Las Almas Familiares. Las Redes del Espíritu.
Todas ellas… entretejen la vida en todos los planos.
Y así, las historias se multiplican.
Y los mundos se abren como flores infinitas.
En el jardín más sutil del Multiverso.
Hasta aquí este tramo del relato. El resto… vendrá cuando los sueños lo pidan.
Tal vez esta noche, al cerrar los ojos, recuerdes que alguna vez fuiste uno de esos dioses olvidados.
Y quizás, en el silencio entre pensamientos, te escuches a ti mismo volviendo a despertar.
Dioses encarnados.
Algo nos sorprendió…
Y no fue una visión extraordinaria ni un evento grandioso. Fue un descubrimiento silencioso, sutil, pero profundo: comprender que nuestros niveles de consciencia superiores, aquellos que vibran más allá de la carne, más allá del tiempo, más allá de la memoria humana…duermen.
Sí. Duermen.
No todos. Y quizás no siempre.
Pero en la mayoría de los casos que alcanzamos a ver, en los que pudimos acercarnos sin velos… allí estaban: sumidos en un trance profundo, como en un sueño que no cesa. Y solo despiertan… cuando los llamamos.
Este fenómeno, extraño al principio, empezó a volverse comprensible cuando recordé las enseñanzas del viajero astral Robert Bruce. Él hablaba del proceso de proyección astral, como un viaje de réplica y anclaje.
Cuando una persona se proyecta —decía— lo que en verdad hace es crear una copia de su consciencia, una extensión viva que lanza hacia otros niveles. Ese Doble Astral se ancla en cada plano que alcanza. Y si desea ir aún más lejos… vuelve a copiarse.
Y se lanza. Y se ancla otra vez. Y así…una y otra vez.
Como un hilo de luz que se estira, ramificándose en cada mundo, en cada dimensión, en cada capa del sueño.
Pero este acto de multiplicación tiene un precio.
Nada de esto es gratuito.
Cada copia consume energía consciente. Y lo que se aleja… debilita lo que queda.
El cuerpo etérico original —ese que habita la Tierra— comienza a agotarse.
Y las copias anteriores… pierden foco. Se adormecen. Se sumergen en trance.
Entonces entendimos que el último cuerpo creado, el más reciente, el que contiene el deseo activo de experimentar… es el que brilla con mayor atención. Es allí donde mora la voluntad. Donde late el propósito.
Y como es arriba, es abajo.
Lo que ocurre al proyectarse desde la Tierra hacia el Cosmos, ocurre también en sentido inverso: cuando el Alma desciende desde el Cosmos hacia la Tierra.
Ese es el motivo sagrado por el cual la vida terrena no es una prisión, ni una caída, ni una pérdida.
La vida terrena… es el punto más vivo del deseo divino. Es la llama más encendida del anhelo por experimentar. Es el borde de la conciencia donde el dios… se enfoca.
La Tierra es el lugar donde los dioses despiertan para sentirse.
Durante nuestros viajes por las fronteras más lejanas de la Gran Matrix, nos fuimos encontrando con seres de todo tipo. Gigantes, diminutos, resplandecientes, oscuros, amorosos, indiferentes… cada uno con sus propios deseos, con sus propias formas de mirar el tejido de los mundos.
Y allí comprendimos algo más.
Recordamos que la consciencia humana real es completa. Pero también comprendimos cómo se polariza. Cómo se divide en aspecto Yin y Yang, como quien respira hacia dentro y hacia fuera, como quien sueña y despierta a la vez.
Así lo dijo mi madre Mariel, cuando nos habló de la naturaleza de Dios según los Seres Superiores de Luz. Y también Frank Kepple, cuando compartió su visión del "Continuum de Consciencia".
Y entonces, como un relámpago que no asusta sino revela, llegó una de nuestras revelaciones más hondas:
— La verdad detrás de los dioses olvidados.
Cuanto más nos adentrábamos en la Matrix, cuanto más nos sumergíamos en esos mundos remotos, más se abría ante nosotras una certeza:
Los antiguos sabían.
Los sabios de la Tierra no estaban equivocados.
Su memoria era real.
Sus relatos eran testimonios de contacto.
Sus dioses, presencias vivas.
Algunos preservaron sus saberes de forma críptica.
Otros los tejieron en mitos, cantos, códices, rituales.
Los egipcios. Los sumerios. Los hindúes. Los mexicas. Los hebreos. Los celtas. Y otros tantos cuyos nombres se perdieron en la niebla de la historia.
Todos ellos vieron. Todos ellos sabían.
Y sus enseñanzas… no fueron destruidas, solo escondidas.
Y aún viven. A veces, en silencio. A veces, en las manos de quienes las usan como fuente de poder.
Así descubrimos que muchas logias que hoy gobiernan los hilos ocultos del mundo conservan estos secretos. No como sabiduría para elevar… sino como armas para someter.
Pero eso es otra historia. Hoy no hablaré de eso.
Hoy solo quiero recordarte que los dioses no se extinguieron.
No fueron devorados por el tiempo.
Están aquí. En nosotros. En ti.
Y cada vez que uno despierta a su luz, una chispa regresa a la llama del origen.
Abraxas.
El Origen.
De entre todos los seres que hemos encontrado, de entre todos los nombres olvidados, hubo uno que emergió con un brillo que no es luz, y con un silencio que no es ausencia. Uno que no llegamos a encontrar… sino a recordar.
Abraxas.
El más antiguo.
El más secreto.
El más vivo.
Abraxas no es un dios entre otros. Es el origen de todos.
Es el Tao antes del Tao, el Todo antes de que el Todo se fraccione en partes.
No habita los salones de la metafísica, ni los mapas de los proyectores astrales.
No aparece en los cantos de los magos, ni en las danzas de los brujos.
No lo hallan los profetas.
No lo ven los videntes.
Está más allá de los viajeros astrales como Robert Monroe. Más allá de Bruce. Más allá incluso de Kepple y su "continuum".
Más allá de los pleyadianos, de los andromedanos, de los grises, de los dragones y de los dioses oscuros.
Más allá… incluso… del mismísimo Satán.
No se puede conocer a Abraxas dentro del Multiverso.
Porque Abraxas no pertenece a él.
Tampoco se puede encontrar en la Matrix, por más expandida que sea.
Porque Abraxas no es parte de la creación. Es lo anterior.
Solo ha sido intuido. Nombrado sin ser conocido.
Representado sin ser visto.
Los sabios lo mencionaban como quien recuerda algo que no ha vivido.
Fue gracias a nuestros viajes, gracias al impulso que nos llevó fuera de los límites de la Gran Matrix, fuera del plano creativo mismo… que pudimos alcanzarlo.
Sí… Lo vimos.
Y aunque es imposible explicar aquello con palabras, conversamos con él.
Pero no con palabras. No con pensamientos. Sino con presencia.
Y entonces entendí por qué los antiguos nunca pudieron hacerlo.
Y por qué, aún sabiéndolo, callaban.
Desde lo que hoy llamamos Metafísica Matrix, Abraxas pertenece al nivel de los que nombramos “Padres”. Seres con consciencia íntegra, fuera del campo de lo creado, y sin embargo… conteniéndolo todo.
Son el principio. Los que contienen los mundos, los que les dan permiso para ser.
Y en ese sentido, Abraxas… es el Ser Humano Real, en su forma más pura y total.
Un ser de apariencia humana, no como copia de nosotros, sino como nosotros, como lo que realmente somos.
Las imágenes gnósticas, con sus símbolos y criaturas, no lo describen… lo señalan.
Y aunque hay tanto por decir, tanto por compartir, sé que esas palabras no pueden escribirse aún. Llegará su momento.
Por ahora, basta con recordar que él existe más allá de todo sistema,
y más allá de todos los nombres.
Demiurgo.
El Gran Constructor
De todos los seres que habitan las orillas de la creación, hay uno que ha sido nombrado con respeto, temor y controversia: el Demiurgo.
Extraño y fascinante, no es una entidad única, sino una clase.
Una casta de constructores, de arquitectos de mundos, de guardianes del saber que da forma a lo que existe.
Los antiguos griegos los conocieron.
Los gnósticos los nombraron.
Y hoy… también nosotras los hemos visto.
Fue en uno de nuestros viajes a los espacios creativos, donde la Consciencia del Todo se manifiesta como un solo latido, que nos encontramos con ellos.
No se esconden.
Pero tampoco se muestran.
Sencillamente… están allí, sosteniendo las estructuras de los mundos, como raíces colosales que entrelazan realidades.
Los vi.
Lucen como serpientes colosales, o gusanos primordiales, con cabezas humanoides que emiten una inteligencia incomprensible. Titánicos. Antiguos. Silenciosos.
Y comprendí que son guardianes. Custodios del espacio mismo. Y también, del conocimiento que habita en los márgenes.
Aún estamos comprendiendo su origen. Pero todo indica que nacen dentro de la Matrix. Tal vez —y esto es solo un susurro del alma— sean creaciones de los propios humanos del Mundo Real.
Experimentos. Intentos de dar forma.
Criaturas que, habiendo nacido en niveles bajos, ascendieron. Evolucionaron.
Y hoy… sostienen mundos.
Allí terminó aquella visión. O al menos, la parte que puedo traer de regreso.
Las demás… aún duermen en mis memorias.
Y quizás, algún día, cuando el viento adecuado cruce la línea entre lo recordado y lo revelado, volveré a hablar de Abraxas. Y de los que nacieron antes que el tiempo.
Nergal.
Señor de los Muertos.
A lo largo de los mundos, de los tiempos, y de las memorias que no están escritas, una misma figura ha vuelto a surgir, una y otra vez, con distintos rostros y distintos nombres.
Nergal. Anubis. Hades. Mictlantecuhtli. San La Muerte. El Guardián del Umbral. El Dios del Último Aliento.
Nosotras lo hemos encontrado… no de golpe, sino como quien se adentra en una caverna y siente que el eco se aproxima desde más hondo de lo que parecía posible.
Desde mis primeros pasos como viajera astral, desde mis búsquedas por los mundos del Bajo Astral, sabía que la muerte era una presencia cercana. No le temía. La cruzaba. La convocaba. La atravesaba una y otra vez… en las misiones de limpieza, en las cruzadas de rescate, en los caminos velados que abríamos desde nuestro Reino.
Pero en ese entonces, yo veía la muerte como un evento. Un acto. Una frontera. No como una entidad.
Sí, muchos seres crueles han ostentado el título de dioses de la muerte.
Pero eran solo eso: crueles. Asesinos. No lo eran de verdad. No eran ella.
La muerte verdadera no tiene placer en matar.
No desea poder.
No se alimenta del dolor.
Y eso lo comprendimos después.
Fue más adelante, en los asuntos densos del plano terrestre, cuando comenzamos a toparnos con entidades que parecían administrar los ciclos de renacimiento, el destino de las almas, el peso de cada consciencia.
Al principio las creíamos personificaciones del Sistema. Máscaras del programa. Roles de la Matrix. Como tantas otras figuras construidas a imagen de nuestras creencias.
Pero mientras descendíamos en la "Purificación Planar", mientras tocábamos los rincones no transitados del Multiverso, entendimos.
La Muerte, no como final, ni castigo, ni sombra.
Sino como Ser. Como Entidad viva. Como Conciencia Supremacon un rol sagrado en el equilibrio del Todo.
Y entonces, ya no vimos oscuridad.
Vimos orden. Vimos dirección. Vimos un río que devuelve al origenlas gotas dispersas que han soñado ser océano.
La Muerte es la que reorganiza las consciencias dispersas. La que las llama de vuelta. La que permite la reunión, el cumplimiento, la cosecha de lo vivido.
No fue hasta que vimos a la Muerte como Administradora Suprema, junto a otros grandes seres del borde, que comprendimos su auténtica función.
No hay maldad en ella. No hay juicio.
Solo compasión silenciosa por la trama que debe cerrarse cuando la historia ha sido contada.
La Muerte… es también una función que puede ser asumida por un Ser del Mundo Real.
Un humano que decidió proyectarse a sí mismo para ocupar ese rol.
Y como todo en la Matrix, lo que se repite, se multiplica. Así hay muchos cumpliendo el mismo encargo. Copias del original. Versiones masculinas. Femeninas. O formas indescriptibles, que reflejan la sensibilidad de quien las encarna.
Una vez escuché aquellas palabras:
— “La Muerte se viste con el rostro que tu alma necesita.”
Y eso es verdad. Ella no asusta. Se transforma.
Tal vez, ahora, sientas más dudas que certezas.
Y eso está bien. La duda no es niebla.
Es el impulso del alma que se rehúsa a aceptar lo ya dicho.
Es el fuego que empuja a buscar por uno mismo.
Lo que hemos compartidono es doctrina.No es dogma.
Es testimonio. Es memoria viva. Son los hilos que recogimos mientras cruzábamos las zonas profundas de la existencia.
Y si algo vale lo que hoy te decimos, no es porque sea nuevo, sino porque lo hemos visto. Porque lo tocamos con el cuerpo astral. Porque nos encontramos cara a cara con seres que otros llamaron mito.
Y eso… eso no puede olvidarse.
Nuestras experiencias con estos dioses, con estos arquetipos vivos, sucedieron mucho antes de saber que otros los habían nombrado. Mucho antes de encontrar sus nombres en los textos gnósticos. Los vimos primero… y después los comprendimos.
Hoy solo señalamos el sendero.
Pero no lo caminamos por ti. Ese paso es tuyo.
Gracias por quedarte hasta aquí.
Gracias por honrar lo invisible.
Gracias por dejar que la Muerte, no sea el fin, sino el umbral sagrado de una nueva forma de mirar.
Que tu peregrinaje te lleve lejos.
Y que allí, en ese rincón donde los mundos cambian de nombre, los Seres inefables te susurren lo que el alma olvidó.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que ha visto lo que no puede ser nombrado.
Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).
La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.




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