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2022.24 Vender el alma al Diablo.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • 24 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
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Por Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 05 - Egregor. 2022

MM05-Blog 24. Versión ATP 2025.


Vender el alma al Diablo.


Todo comenzó con una pregunta.

Una de esas preguntas que no se lanzan al viento por simple curiosidad, sino por algo más hondo, más crudo, más antiguo.

Uno de los miembros del grupo, con voz temblorosa y franca, escribió:

— “¿De verdad se puede vender el alma, para recibir algún beneficio? ¿Cómo hacerlo?”

Y en ese instante, el aire pareció cambiar.

Porque aunque la pregunta era breve, traía consigo siglos de oscuridad, de leyendas, de pactos no contados.

Así que abrí mis manos, mi memoria, y mi alma, para responder no con fórmulas, sino con verdad.


Sí. Es posible "vender el alma".

Pero no de la forma en que las películas lo muestran, ni en esas caricaturas con tridentes y fuego. No se trata de sangre sobre un pergamino, ni de velas negras bajo la luna.

Se trata de otra cosa.

De algo mucho más sutil… y por eso, más peligroso.


Primero hay que comprender quiénes somos.

No sólo un cuerpo que respira. No sólo una mente que piensa.

Somos un ser multidimensional, una espiral de conciencias encarnadas en distintos mundos, al mismo tiempo, conectadas por un hilo invisible que llamamos alma.


Nuestra existencia transcurre dentro de un sistema cerrado: la Matrix terrestre.

Una red de mundos, planos, cielos e infiernos artificiales donde encarnamos una y otra vez, guiados por la Ley de Atracción y el eco incesante del Karma.

Aquí… cada vida, cada emoción, cada decisión, alimenta el ciclo.


Entonces, ¿qué es lo que se vende cuando se “vende el alma”?

No se puede vender aquello que no te pertenece del todo.

No se puede entregar lo eterno. Lo que se ofrece es el yo efímero, el cuerpo, el ego, la identidad que en esta vida llamas "yo".

Y aún así, hay consecuencias.


Porque en los planos inferiores del sistema Matrix, el dolor, la deuda y el pacto son monedas de cambio muy valoradas.


Existen entidades que habitan esta Matrix y otras que han sido invocadas, creadas o atrapadas dentro de ella.

Algunas nacen de la mente humana: tulpas, arquetipos, egregores. Formas mentales que ganan vida, conciencia y hambre. Otras, vienen de fuera: entidades interdimensionales, extraterrestres, antiguos dioses siniestros o degradados, hambrientos de atención, de emoción, de adoración.

Y entre ellos, los más sutiles y peligrosos, son aquellos que responden rápidamentea los llamados de los humanos desesperados.


— “¿Y cómo se pacta con ellos?” me han preguntado muchas veces.

Y mi respuesta es siempre la misma: con sólo dos voluntades.

Con eso basta.

No hacen falta velas, ni conjuros, ni rituales teatrales. Lo único necesario es un deseo claro, una decisión profunda, y alguien —o algo— al otro lado que escuche… y esté interesado en responder.


Contratos.

El universo entero está sostenido por acuerdos.

Incluso el más oscuro. Incluso el más injusto. Y los pactos se respetan. Sean de luz o de sombra. Porque esa es la Ley.

La Matrix se rige por compromisos, por deudas, por contratos energéticos. Y nadie está exento de sus efectos, ni siquiera por ignorancia.

— “No sabía lo que hacía”no te libera del lazo. Solo demuestra lo fácil que fue atraparte.


A lo largo de la historia, muchos han hecho pactos.

Algunos con máscaras de sabiduría, como en las cortes de John Dee o Aleister Crowley, donde se invocaban entidades como Lam —ser grisáceo, delgado, sin alma— como quien invoca un aliado… sin saber que está llamando a su carcelero.

Otras veces, los pactos se esconden en dogmas, en rituales religiosos, en votos inconscientes de obediencia, de culpa, de sacrificio.

A veces, uno vende su alma sin siquiera saber que ha puesto precio.


La Matrix posee sus propios demonios.

Y estos no buscan sólo almas inocentes… buscan contratos.

Porque en esta red cerrada, tu dolor es energía.

Tu deuda, alimento.

Tu sumisión, poder.

Y mientras más pactos firmes, mientras más roles aceptes sin saber, más atrapado quedarás.


— “¿Y qué se recibe a cambio?”

A veces, dinero. Otras veces fama. O una vida cómoda. O la ilusión de poder.

Pero es un juego cruel.

Porque el tiempo humano es un suspiro… y la deuda contraída dura mil vidas.

Los beneficios suelen ser fugaces. Y el precio, eterno.


Por eso lo digo sin adornos: vender el alma nunca fue un negocio inteligente.

Hay quienes lo hacen por desesperación. Otros, por ignorancia. Algunos, por vanidad. Y unos pocos, por curiosidad…

Porque la curiosidad también puede ser una puerta.

Y no todas las puertas llevan a jardines.


Hoy te invito a reflexionar.Porque cada palabra,cada deseo profundo,cada compromiso que haces desde el alma o el miedo…queda grabado en los planos invisibles.

Y los pactos no olvidan.


Yo no vengo a juzgar. He visto demasiado. Y sé que el mundo es complejo.

Pero si hoy estás leyendo esto, si llegaste hasta aquí, quizás sea porque algo en ti aún recuerda que hay otros caminos.

Que el alma no se negocia.

Que la libertad no se compra.

Y que la verdadera grandeza no se pide a entidades oscuras,

sino que se despierta… desde dentro.


Allí donde nadie más puede entrar.

Allí donde ni el Diablo puede tocarte.

Allí donde tu luz es más antigua que cualquier pacto.

Y más fuerte que cualquier sombra.



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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que rompe cadenas.


Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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