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2022.23 La exquisita agonía humana.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • 24 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
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Por Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 05 - Egregor. 2022

MM05-Blog 23. Versión ATP 2025.


La exquisita agonía humana.


A veces me detengo y contemplo el dolor del mundo.

No con frialdad, no con resignación. Sino con ese temblor interno que se siente cuando el alma intuye que algo, en lo más profundo de esta realidad, no está bien.

Y entonces me pregunto…

—“¿Es realmente necesario sufrir para evolucionar?”


La pregunta no es nueva.

Ha recorrido templos, libros, montañas, bocas sagradas y profanas por igual.

Recuerdo haber leído las palabras de Frank Kepple, explorador de mundos invisibles, viajero de la conciencia. Decía algo que resonó en mí como una campana sutil:

— “Estamos aquí para experimentar… pero no para justificar el sufrimiento. No hay excusa para el dolor innecesario. El único propósito que tiene la agonía, es enseñarnos a no volver a ella.”

Y mientras lo leía, sentí una brisa suave, como si su pensamiento acariciara mi espalda desnuda.

Porque sí, nuestro estado natural —cuando estamos completos— es la paz. Es la alegría. Es la ternura. Y todo lo que se aleje de eso, todo lo que hunda al ser en el horror, no es parte de la sabiduría, sino de otra cosa…

De algo más oscuro.

Más antiguo.

Más ajeno a la esencia que nos habita.


Vivimos tiempos difíciles.

Las noticias nos muestran guerras, terrorismo, refugiados, desastres, dolor.

Pero si uno observa con los ojos del alma, descubre que hay un patrón.

Que el caos no es casual.

Que el sufrimiento no es un error.

Sino que, en muchos casos… es intencionado.

Detrás de cada bombardeo que no cesa,

detrás de cada ciudad sitiada hasta el hambre,

cada cuerpo desgarrado por gases,

cada cruce de mar donde mueren miles,

hay algo más que política o religión.

Hay una industria del dolor.

Una maquinaria invisible que se alimenta de nuestra agonía.


Los Creadores del Odio.

Sé que lo que voy a decir puede parecer duro.

Pero en el fondo del velo, tras los nombres de gobiernos y banderas, se oculta otra presencia.


Una inteligencia no humana. Seres que no son de este plano, ni comprenden la compasión.

A esos les llamo los Creadores del Odio.

Y sus marionetas caminan entre nosotros.

A veces llevan trajes, otras veces túnicas, y a menudo, títulos que infunden respeto.

Pero no son ellos los amos. Son los sirvientes.

Los voceros. Los que abren la puerta.


Porque lo que esos seres buscan no es la muerte rápida.

Sino la agonía lenta. El sufrimiento sostenido. El terror prolongado.

No quieren que mueras… quieren que grites.

Quieren que sufras.

Quieren que te rompas por dentro, para luego tomar esa energía.


No es un símbolo. No es una metáfora.

Literalmente, hay planos donde el dolor humano es droga.

Donde la energía que emite un ser torturado se convierte en manjar.

La Tierra… esta Tierra nuestra… es una granja.

Una granja donde el ganado piensa que tiene libre albedrío, pero donde sus emociones más intensas son cosechadas como néctar.

Cada grito, cada miedo, cada guerra… son eventos diseñados con un objetivo: crear esa energía.

Y además, cuando se acumula en cantidades suficientes, puede ser usada como llave.

Una llave para abrir portales hacia regiones oscuras del multiverso.


He visto la cuarentena galáctica que nos rodea.

Una muralla de luz que impide el paso entre este mundo y el Bajo Astral.

Pero sé… sé que hay quienes intentan quebrarla.

Que están reuniendo el poder para abrir un nuevo abismo.

Y lo hacen usando nuestra carne, nuestro miedo, nuestra sangre.


Algunos me dicen:

—“Pero si todo esto es cierto, ¿por qué no hacen algo los seres de luz?”

Y yo susurro:

—“Lo están haciendo. Cada vez que eliges el amor, cada vez que perdonas, cada vez que proteges, cada vez que despiertas… el escudo se fortalece.”

Pero también es cierto que aún hay mucho por ver.

Y que el dolor de los inocentes sigue.


Miro las imágenes que acompañan este relato y siento un nudo en el pecho.

Presidentes sonrientes que caminan por alfombras rojas,

mientras detrás de sus espaldas, las ciudades se queman.

Recuerdo Siria, arrasada no por fe, sino por un diseño.U

na pieza más en un tablero que no nos pertenece.

Y veo también el futuro que algunos planean:

un mundo donde solo quede el 1%.

Una humanidad mutilada, silenciada, y obediente.


Nos culpan. Dicen que es nuestra culpa el desastre.

El colapso ambiental. La violencia. El caos.


Pero yo he visto lo contrario.

He visto cómo matan a los sabios.

Cómo silencian a los médicos que curan sin vender.

Cómo ocultan invenciones que podrían salvarnos.

He visto cómo alteran el clima.

Cómo juegan a ser dioses con la inocencia de un niño cruel.

Y después… nos señalan con el dedo.

—“Es culpa de ustedes,” dicen los Creadores del Odio.

Y muchos, tristes y desorientados, lo creen.


Pero yo no. Yo no lo creo.

Porque no todo está perdido.

Porque la humanidad aún guarda un fuego sagrado.

Porque no todo está bajo su control.

Porque hay almas, como la tuya, como la mía, que han venido a recordar.


Y mientras quede alguien que llore por el dolor ajeno,

que cante al amanecer,

que abrace sin miedo,

que diga la verdad…

entonces esta granja será un templo.

Y este infierno, una oportunidad.


Yo seguiré escribiendo.

Seguiré mirando detrás del telón.

Y cuando tenga algo que contar, lo haré.


No por valentía. Sino porque no puedo no hacerlo.

Porque hay una llama dentro de mí que aún arde…

Y cada vez que cierro los ojos, la veo danzar como una luciérnaga en medio de la noche más densa.



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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

Custodia de la esperanza.


Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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