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2022.21 Co-crear Abundancia.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • 24 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
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Por Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 05 - Egregor. 2022

MM05-Blog 21. Versión ATP 2025.


Co-crear Abundancia.

Fue en una tarde tibia y silenciosa, cuando leí aquellas palabras que alguien compartió. Decían —con buena intención, quizá— que muchas de nuestras creencias espirituales limitaban la abundancia. Y enumeraban una por una, como si pudieran ser extirpadas con pinzas, esas frases que algunos cargamos sin saber desde la infancia:

— “El dinero es malo.”

— “Si no tengo nada, soy más puro.”

— “La espiritualidad no cobra, no toca monedas.”

— “Mi familia siempre fue pobre. Y yo también lo seré.”


Frases que se clavan como raíces en la médula.

Que se heredan, como silencios.

Que a veces nos visten como ropajes invisibles, de esos que uno no sabe que lleva puestos.

Y sin embargo, mientras leía, algo dentro de mí se agitó. No por el mensaje en sí. Sino por lo que no decía.


Porque sí, es verdad. Hay creencias que nos ahogan, que limitan la corriente natural del dar y del recibir. Hay votos que sellamos sin saber, pensando que la pureza solo se encuentra en la renuncia, y que todo lo bello debe ser gratuito o sufrido.


Pero esa es solo una parte de la verdad.

Y una verdad incompleta, es peligrosa.


Recordé entonces aquellas otras voces. Las que me enseñaron que la pobreza no siempre nace de uno. Que no todo lo que falta, falta por causa interna. Que hay estructuras, sistemas, paredes invisibles levantadas por manos que nunca supieron de hambre.

— “La pobreza también es diseñada."

— “Diseñada por los que siempre tienen la sartén, el fuego… y la receta.”


Porque hay quienes manejan las rutas del trigo y del oro. Hay quienes deciden los precios, las leyes, los accesos. Y en esa danza oscura de control, la abundancia se vuelve privilegio, no derecho.


Los poderosos… —no como símbolo, sino como estructura real— crearon reglas, sistemas, castigos. Y quien nace por fuera de su círculo, debe trepar con las uñas por paredes resbaladizas.


Es mentira que todos empiezan desde el mismo lugar.

Y es mentira que solo con "pensamiento positivo"se llega a un futuro distinto.


Porque ¿qué sucede cuando, aún repitiendo mantras de luz, cada mañana se abre la alacena y sigue vacía?

¿Qué sucede cuando el trabajo no alcanza, cuando la escuela no enseña, cuando la violencia llega antes que la ayuda?

¿De qué sirve decir “tú puedes” a quien ni siquiera tiene con qué empezar?


No.

No somos islas.

No somos burbujas flotando sin historia.

Somos seres tejidos en una red social, cultural, espiritual, económica…

Y esa red tiene nudos, tiene agujeros, tiene jerarquías.


La prueba de ello, la vemos en las instituciones. En esas universidades donde no todos entran. En esas logias donde se deciden los destinos del mundo. En esos círculos donde la abundancia no es consecuencia del amor, sino del linaje, el acceso, la pertenencia.

— “Nadie llega a lo alto sin un andamio de manos,”escuché una vez,

— “y hay quienes nacen ya en la cima, mientras otros deben construir cada escalón con el cuerpo.”


Y es por eso que me niego a culpar solo al individuo. A decirle que si no tiene, es porque no piensa bien. Porque a veces, lo que falta no es fe, sino justicia.

Sin embargo… también es verdad que dentro de cada uno hay una semilla de soberanía. Una chispa que, cuando se enciende, puede alumbrar nuevas rutas. Puede crear pequeñas economías del alma. Puede llamar a otros a tejer un nuevo telar.


Por eso creo en el poder personal. Pero no como un castigo.

Sino como una vela.

Una que no basta por sí sola para iluminar toda la noche, pero sí puede encender otra.

Y luego otra.

Y otra más.

Así se cambia el mundo.


No negando las sombras, sino reconociéndolas.

No culpando al que cae, sino construyendo entre todos una red más blanda, más humana, más justa.


Porque la abundancia… la verdadera… no es un saldo en el banco.

Es el acceso libre al conocimiento.

Es la salud que no se compra.

Es la comida que no envenena.

Es el arte que no se censura.

Es la ternura convertida en sistema.

Y eso no se logra desde el yo.

Se logra desde el nosotros.


Desde la conciencia de que el éxito de uno, no puede estar cimentado en la exclusión de los demás. Desde la convicción de que ninguna espiritualidad es real si no transforma también lo social.


Por eso, hoy más que nunca, sueño con una civilización diferente.

Una en la que el individuo no se disuelva, pero tampoco se erija como rey.

Una donde la sabiduría no sea el privilegio de pocos, sino el derecho de todos.

Una civilización donde el pan se reparta sin culpa, donde el saber se comparta sin miedo, y donde la abundancia no sea un premio, sino una consecuencia natural del amor.


Y en esa visión, veo una mesa larga bajo los árboles.

Una mesa donde caben todos.

Donde la bebida se sirve sin medida.

Y el pan huele a hogar.


Y aunque el mundo aún no sea así, yo sigo poniendo mi plato.

Por si acaso algún día, decidimos sentarnos juntos a cenar.


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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

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Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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