2022.19 Estrategias de Control Social.
- Kalyna Rein

- 23 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Por Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica Matrix 05 - Egregor. 2022
MM05-Blog 19. Versión ATP 2025.
10 Estrategias de Control Social.
Cuando la Guerra es contra la gente.
Recuerdo aquella vez en que, al abrir una vieja caja de papeles amarillentos en una tienda de antigüedades, un susurro pareció escaparse entre los pliegues del tiempo. Era como si el polvo ocultara no solo letras, sino secretos. Me estremecí al imaginar que algo tan silencioso, tan ajeno a las armas de fuego y a los truenos del mundo, pudiera ser en realidad el instrumento de una guerra invisible. Me refiero a las palabras que entonces encontré: “Armas silenciosas para guerras tranquilas”.
Un documento sin firma. Sin dueño. Un fantasma de tinta atribuido a los grandes amos del tablero, esos que se ocultan en salones sellados, entre cifras, secretos y silencios. Desde ese instante supe que algo en mí no volvería a ver igual los titulares, los anuncios, ni los espectáculos que decoran las vitrinas del mundo.
A veces creo que la distracción es un río turbio que serpentea en nuestras pantallas. Nos mantiene mirando peces de colores, mientras la orilla se hunde bajo nuestros pies. Escuché una vez:—“Manténlos ocupados, ocupados, ocupados… sin tiempo para pensar. De vuelta a la granja.”Y pensé en todos aquellos que corren, sin notar que no saben hacia dónde.
Otra vez, vi caer una gota de tinta negra sobre el mapa del mundo. Era la vieja táctica del problema-reacción-solución. Primero se incendia una calle, y luego se vende el extintor. Se desata la peste, y se promete una cura. Se agita el miedo, y se ofrece obediencia como refugio. Y los pueblos, agotados por la angustia, aceptan sin preguntar.
Me contaron que lo inaceptable se vuelve cotidiano si se lo sirve en cucharas pequeñas. Como el veneno lento que no arde, pero apaga. Cada ley, cada recorte, cada renuncia, sembrada despacio, hasta que un día la flor de la libertad ya no florece. Es la estrategia de la gradualidad: caricia de hierro, beso envenenado.
Y cuando algo duele demasiado para imponerlo ahora, lo postergan. Lo pintan como un mal necesario, pero lejano. Porque el mañana —esa quimera que nunca llega— nos hace dóciles en el presente. Nos arrulla la esperanza de que quizás, solo quizás, no nos tocará.
Noté también cómo nos hablan. Con voz aguda, como si fuéramos niños sin criterio. Nos ofrecen el mundo con dibujitos y frases simples, repitiendo ideas hasta que suenan ciertas.—“Si hablas como a un niño, pensarán como niños.”Así me lo dijeron. Y sentí un escalofrío.
En cambio, cuando quieren clavar una idea en lo profundo, usan emoción. No lógica. Te muestran una imagen, te hacen llorar, y entonces, mientras estás abierto… insertan lo que desean. Saltan la razón, para sembrar en el alma. ¿Cuántas ideas cargamos que no nacieron de nosotros, sino de un impacto emocional cuidadosamente elegido?
Nos han hecho creer que lo mediocre es admirable. Que la vulgaridad es auténtica. Que la ignorancia es libertad. Pero no es más que una cárcel con paredes de risa grabada. La cultura del chiste fácil, del escándalo, de la trivia, nos mantiene flotando lejos de la profundidad.
Y si alguien sufre, si no logra lo que anhela, le hacen creer que es su culpa. No del sistema, no de las reglas amañadas. Él. Solo él. Así, ya no lucha. Se esconde. Se marchita.—“Sin acción no hay revolución” —decían en voz baja, por temor a que alguien despierte.
El conocimiento ya no es compartido como antaño. Hoy, quienes diseñan las reglas conocen a cada persona más de lo que ella se conoce a sí misma. Conocen sus miedos, sus hábitos, sus pulsos. Porque la ciencia —la más alta, la más secreta— no se usa solo para sanar. También se usa para someter.
Lo Siniestro detrás
de los "Derechos de Autor".
Y en medio de ese telón, aparece una figura solitaria, como en las viejas baladas. Su nombre: Alexandra Elbakyan. Y aunque a ella no le gusta que la llamen así, muchos la recuerdan como una Robin Hood de la ciencia. Porque cuando quiso estudiar, el conocimiento estaba tras barrotes. Pero ella no retrocedió. Hackeó las puertas, abrió los archivos, y liberó el saber que le habían negado.
—“Copiar no es robar” —dijo—. “El dueño no pierde su posesión. Si la idea es la justicia social, entonces estoy de acuerdo.”
Como autora, sé lo que significa ver tus palabras replicadas sin crédito. He sentido ese despojo. Pero también sé que los derechos de autor —aquello que al principio parece justo— a menudo se convierten en rejas que encierran a la humanidad entera. No es protección. Es censura. No es justicia. Es monopolio del saber.
Porque el conocimiento, cuando se convierte en propiedad de unos pocos, se transforma en herramienta de dominio. Ya no se trata de cuidar al creador, sino de ocultar el descubrimiento. De convertir la sabiduría en arma comercial. De mantener al resto del mundo en la oscuridad… por conveniencia.
Imagina un futuro donde todo conocimiento fuera mercancía. Donde el arte tuviera candado. Donde las fórmulas para curar, las tecnologías para avanzar, y las ideas para pensar… sólo estuvieran disponibles para quienes pueden pagar por ellas.
Ese mundo no es distopía. Está en marcha. Ya late.
Por eso yo elijo luchar. No desde la furia, sino desde la luz. No desde el odio, sino desde la compasión que arde. Defenderé el derecho de crear y ser reconocida, pero también defenderé el derecho de compartir. Porque sin eso, todo lo que somos se marchita.
Y tú… ¿seguirás callado ante la hoguera del pensamiento?
¿O te atreverás a encender una chispa?
Elijo sembrar palabras como luciérnagas.
Que aunque sean pequeñas, vuelen.
Que aunque no iluminen el mundo entero, señalen un sendero en la noche.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
El conocimiento es lo que nos hará libres.
Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).
La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.
Fuente: "Armas para Guerras Silenciosas", publicado en anexo en el libro “Behold a Pale Horse” de William Cooper, 1991.




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