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2022.16 El Fraude del Karma.

  • Foto del escritor: Kalyna Rein
    Kalyna Rein
  • 22 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
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Por Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica Matrix 05 - Egregor. 2022

MM05-Blog 16. Versión ATP 2025.

20160209


El Engaño del Karma y las Cuatro Leyes.


Recuerdo que una vez alguien me escribió con respeto, aunque con un dejo de inquietud.—“Kalyna… leí que decías que pagar karma es un engaño.

¿Entonces qué pasa con la ley de causa y efecto? ¿No es lo mismo?”

Aún hoy puedo ver esas palabras flotando en mi memoria, como si fueran piezas sueltas de un rompecabezas mal armado.


Y le respondí, no desde libros sagrados ni doctrinas heredadas, sino desde la vivencia íntima, desde lo que he presenciado más allá del velo.

No son lo mismo. Aunque lo parezcan.


El Karma.

El karma, tal como nos lo contaron, es una sentencia disfrazada de lección. Un sistema ético, no natural, donde entidades se colocan como jueces y emisarios del destino. Ellos deciden. Ellos programan. Ellos distribuyen experiencias como si la evolución fuera un tablero de castigos y recompensas.


En cambio, la ley de causa y efecto… es simple, silenciosa y exacta. No juzga. No condena. Actúa. Es tan natural como el reflejo del sol en el agua.

Las acciones generan ondas. Eso es todo.


Pero decir que “el bien regresa como bien” y “el mal como mal” es una distorsión. Una interpretación infantil de algo más amplio, más neutro, más real.


Yo he caminado por planos donde los recuerdos no son lineales. Donde se ve con claridad cómo opera la atracción, cómo vibra cada ser, y cómo se entrelazan las realidades sin que nadie imponga veredictos.

En esos lugares no hay karma. Hay leyes energéticas. Leyes vivas. Leyes que no entienden de moral humana, ni de premios, ni de castigos.


El karma, como se nos presenta, es parte de un teatro más grande. Un ciclo que no libera, sino que retiene. Un sistema de reciclaje de almas. Un laberinto donde las mismas piezas se mueven una y otra vez, repitiendo dramas disfrazados de lecciones.


Algunos llegaron voluntariamente, sí. Algunos bajaron a esta Matrix con un propósito claro, con un alma que arde más allá del ciclo. Pero la mayoría… no.

La mayoría no regresó por amor. Ni por misión. Regresaron porque no los dejaron salir. Porque alguien, en un plano que no recordaban, les dijo que aún no estaban listos.

Y así, se repite el juego.

Injusto.

Oculto.


Las 4 Leyes.

Una vez leí esas frases que circulan como verdades indiscutidas. Las llamadas “Cuatro Leyes Espirituales de la India”.

Las miré. Y algo en mí se estremeció.

No era sabiduría… era resignación revestida de misticismo.


La primera ley dice: “La persona que llega, es la persona correcta.”

¿Correcta para quién?

Quizá lo sea para el guion impuesto desde esas esferas entre-vidas, donde seres que se proclaman maestros diseñan el dolor como método, y la pérdida como enseñanza.

Pero eso no significa que esa persona haya sido elegida con libertad. A veces, simplemente, fue colocada allí. Para cumplir un papel. Para cerrar una escena. Para repetir un ciclo que no debería continuar.


La segunda ley afirma: “Lo que sucede es lo único que podía haber sucedido.”

Pero yo sé —lo he visto— que la realidad no es una línea. Es un río de bifurcaciones. Existen múltiples líneas temporales. Múltiples versiones de ti, de mí, de todos. Y cada decisión genera ecos.

El “único camino” es una ilusión cómoda. Un argumento de control. Una forma de aceptar lo inaceptable.


La tercera sentencia dice: “Cuando algo comienza, es el momento correcto.”

Pero no todo llega cuando debe. A veces llega tarde. A veces temprano. Y muchas veces, llega por imposición, no por madurez.

La vida no es un reloj cósmico que espera a que estés preparado. Es un campo dinámico, lleno de colisiones, deseos ajenos y circunstancias impuestas. Y pensar que todo llega “cuando debe” es otra manera de no reclamar el poder que te pertenece.


Y la cuarta ley declara: “Cuando algo termina, termina.”

Pero eso tampoco es cierto. Nada termina del todo.

El tiempo no es un camino hacia adelante. Es un anillo que gira, se pliega y se abre. Todo queda vibrando en alguna parte. Todo sigue siendo.

El pasado no desaparece. El futuro ya existe. Y el presente… el presente es una orilla donde todos los tiempos se tocan.


A veces me preguntan qué es la verdad.

No tengo una respuesta definitiva.

Solo sé que no se encuentra en doctrinas repetidas, ni en frases doradas compartidas por millones. La verdad es algo que no se aprende: se recuerda.

Y al recordar, muchos se darán cuenta… de que han vivido toda su existencia dentro de un juego diseñado para que no despierten.

Pero si lo haces… si despiertas… todo cambia.

No porque escapes. Sino porque dejas de obedecer.


A ti que lees esto, no te pido que creas en mí.

Solo que observes lo que ya sabías antes de olvidar.


Y si en algún rincón del alma sientes que algo no encaja con lo que te enseñaron…

no lo descartes. Guárdalo. Protégelo.

Esa duda puede ser la semilla de tu libertad.


Una vez alguien me preguntó:

—“¿Y si todo esto es solo una ilusión?”

Yo le respondí:

—“Entonces que sea la última…

pero que al menos nos encuentre despiertos.”



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Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que recuerda otras realidades.


Nota: versión adaptada APT (apta para todo público).

La versión original se reserva para estudiantes avanzados de la Escuela Satori.

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