2022.09 Viaje Astral: agotamiento.
- Kalyna Rein

- 22 dic 2025
- 4 Min. de lectura

Por Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica Matrix 05 - Egregor. 2022
MM05-Blog 09. Versión ATP 2025.
Cuando el cuerpo se duerme y
la conciencia quiere volar.
Este texto nació en un lugar simple y vivo: el chat de nuestro grupo de Facebook.
No como una clase formal, sino como esas conversaciones que se dan cuando alguien pregunta desde la experiencia real, desde el cansancio, desde la curiosidad genuina.
Todo comenzó con una pregunta sincera.
Patricia contó que había salido conscientemente al astral una sola vez, hacía más de veinte años. En aquel entonces no sabía nada de técnicas ni de meditaciones.
Hoy, en cambio, cada vez que intenta practicar, termina dormida. Probó métodos, audios, ejercicios de concentración en el sonido que queda cuando todo está en silencio. Logró llegar a las vibraciones, incluso a sentir las extremidades flotando… pero el torso no se desprendía.
Ahí apareció el primer punto clave, uno que suele pasar desapercibido:
el exceso de relajación.
Muchas personas creen que para trabajar conscientemente con la mente —ya sea en meditación profunda o en proyección astral— hay que llevar el cuerpo a un estado extremo. Y no es así.
Existe una secuencia natural: vigilia, meditación, sueño.
El estado meditativo está antes del sueño, pero no es el destino habitual del cuerpo. Lo normal, cada día, es pasar de vigilia a sueño sin detenerse en la meditación.
La meditación no es un abismo.
Es, simplemente, estar tranquilo. Calmado. Presente.
Cuando alguien se duerme, no es que “falle” la técnica. Es que se pasó de largo.
Patricia dijo algo que aclaró mucho el panorama: es madre de tres hijos y está muy cansada.
Y entonces la respuesta fue directa y práctica: si aparece el sueño, basta con abrir los ojos, moverse un poco y volver a empezar. No hay que forzar nada.
También quedó claro algo fundamental:
No es favorable practicar proyección astral estando agotada, enferma o deprimida. Tampoco es lo ideal hacerlo de noche. Cuando el cuerpo físico necesita restaurarse, toma la energía disponible para sí. Y la proyección consciente requiere mucha energía.
Por eso las técnicas bien estructuradas tienen etapas claras:
relajación,
energización y recién después,
proyección.
Patricia pensó en vacaciones, en descanso, en “estar óptima”.
Pero lo óptimo no es un estado perfecto: es simplemente no tener ganas de dormir.
Practicar por la mañana o en momentos de buen ánimo suele dar mejores resultados.
El tema del entorno también apareció. Ruido, falta de espacio, hijas que demandan atención.
Patricia mencionó a su abuela, que salía al astral sin darse cuenta, de manera natural, incluso comunicándose con sus guías.
Ahí surgió otra distinción importante:
Hay personas con facilidad innata. Su cuerpo bioenergético funciona casi en automático. Pero la mayoría de la gente sí sale al astral… solo que no lo hace conscientemente.
Incluso personas muy cansadas, enfermas o en estados emocionales extremos pueden salir automáticamente. En esos casos, la salida del astral actúa como un mecanismo de defensa: el alma se aparta para no sufrir. Eso no es lo mismo que la proyección astral consciente que muchos buscan.
En el intercambio aparecieron preguntas, bromas nerviosas, incluso comentarios sobre tormento mental. Fue necesario aclarar que ese “tormento” no es cotidiano: se refiere a impactos graves, como accidentes, abusos o situaciones extremas. Ahí la conciencia se disocia para protegerse.
La conversación se desvió un momento hacia temas más oscuros —como técnicas antiguas y crueles de sustitución del alma— y fue necesario volver al eje.
Porque el objetivo era claro y simple: no dormirse.
Una solución práctica surgió de inmediato:
Practicar sentados o recostados a unos 45 grados.
Acostarse completamente favorece el sueño.
Más adelante, David preguntó por horarios ideales. La respuesta fue honesta: no hay una hora universal. Depende del biorritmo de cada persona. Pero, en general, el día ayuda más que la noche. La noche favorece el miedo, las imágenes oscuras o, simplemente, quedarse dormido.
También se habló de técnicas y autores. Se destacó especialmente un enfoque que marca una gran diferencia: no visualizar, sino sentir.
Hay métodos basados casi por completo en la visualización. Funcionan muy bien para quienes pueden imaginar colores y formas con facilidad. Pero no para todos.
Existen técnicas creadas incluso para personas ciegas de nacimiento, donde lo central no es ver, sino percibir: la energía que fluye, el cuerpo que se expande, la sensación de movimiento interno.
Cada persona tiene un sentido predominante: visión, oído, tacto. Descubrir cuál es el propio cambia por completo la experiencia.
El cierre fue sencillo y práctico, como toda buena enseñanza que nace de la experiencia:
cuando el cuerpo empieza a desaparecer de la percepción, cuando flota o se apaga, ese es el momento de actuar.
Energizar. Enfocar la mente en algo lejano. Imaginar —o sentir— que se asciende, que se vuela, que se va hacia donde la atención apunta.
Porque el alma siempre va hacia donde mira la conciencia.
Y así, lo que empezó como un chat entre personas reales, cansadas, curiosas y sinceras, se convirtió en una enseñanza viva: no se trata de forzar el viaje, sino de aprender a quedarse despiertos en el umbral.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
Viajera astral de Otro mundo.




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