14. Fantasmas.
- Kalyna Rein

- 13 jul 2020
- 3 min de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.
Compilación: 2020. Blog 14. ATP.
Fecha publicación: 2020.
ZTR: Fantasmas.
Hay palabras que una pronuncia casi con vergüenza, como si fueran cosa de niños o supersticiones viejas. Pero esas mismas palabras, cuando se viven desde el otro lado del velo, ya no suenan ridículas. Suenan verdaderas.
Fantasma. Sombra. Habitante del umbral.
Yo los he visto. Y los he sentido.
Como alientos que no pertenecen a este aire.
✴
Comprendí hace tiempo que todo —todo— es el Astral.
Cada plano, cada mundo, cada nivel que exploramos, no son más que frecuencias distintas de una misma sopa cósmica. El infierno más denso y el paraíso más luminoso, comparten el mismo origen. La diferencia es cómo vibra su tejido.
Y por eso, cuando una entidad se mueve fuera de su frecuencia base, comienza a desfasarse. Y aparece como un espectro.
Un fantasma no es más que eso:
una conciencia desubicada,
un viajero fuera de fase,
un reflejo entre planos.
✴
A veces son humanos vivos, que vagan por la Zona de Tiempo Real con su doble etérico. Y si vibran lo suficientemente cerca de este plano físico, se les ve. Se les escucha. Se les presiente.
Otras veces, es nuestra percepción la que se eleva, y entonces vemos lo que siempre estuvo allí, aunque oculto.
La ZTR está llena de seres.
Multitudes que caminan entre paredes. Formas deformes, bizarras, como pesadillas con patas, mezclas de animal, sombra y gesto.
Una vez me contaron de una mujer que podía verlos. Veía esas formas erráticas, adheridas a las personas, como parásitos que se alimentan del dolor. Algunas eran sombras. Otras, figuras humanoides de luz, altos, bellos, caminando cerca de los que el mundo llama hermosos.
Pero ninguno de ellos quería ser visto. Ni los de sombra, ni los de luz.
Cuando ella se acercaba, unos huían. Los otros la miraban con desagrado.
✴
Desde la ZTR, todo se ve distorsionado.
Porque lo que se ve no está diseñado para ser visto desde aquí. Es como mirar una pintura a través de agua. O un rostro a través del humo. Lo que desde allí puede parecer terrible, desde su propio plano… quizás no lo sea tanto. O quizás sea peor.
Y sin embargo, hay una clase particular de seres, que se repiten.
En todas partes. En todos los relatos. Con otros nombres. Pero con la misma esencia.
Los Habitantes del Umbral.
Suelen aparecer al principio. Cuando apenas comienzas a salir. Cuando tu cuerpo astral aún tiembla. Cuando aún no sabes si estás soñando.
Allí están.
El Hombre del Sombrero. Las figuras oscuras al pie de la cama.
Los que respiran cerca. Los que te paralizan.
Los que espantan, justo antes de que comprendas que puedes volar.
A veces creo que fueron puestos allí a propósito. Como si fueran matones de frontera. Guardianes del portón. Diseñados para infundir miedo en quienes intentan cruzar.
Y funciona.
Muchos no vuelven a intentar. El trauma los cierra.
Otros… persisten.
Y al cabo de un tiempo, los guardianes se aburren. Y se van.
✴
También hay creaciones nuestras. Tulpas. Egregores.
Seres nacidos del miedo colectivo. Como Slenderman, o la Llorona.
Imágenes que, al ser sostenidas por suficientes mentes, cobran cuerpo en la ZTR.
Y caminan.
Algunos dirán que todo es alucinación. Y tal vez tengan razón… en parte.
Porque hay otras entidades que sí dejan huellas. Arañazos. Vómitos psíquicos. Enfermedades. Objetos que se mueven. Ruidos que no provienen de ningún lugar físico. Voces que cruzan el espacio como si el aire fuera telón.
Y yo he visto eso. Lo he sentido en la piel.
He acompañado a otros que también lo han vivido.
✴
Hay formas de protegerse. Claro que las hay.
Pero no basta con cerrar los ojos y “tener fe”.
Hay que prepararse. Sanar el cuerpo energético.
Aprender a meditar. Llenarse de luz antes de partir.
Y sobre todo… crear escudos.
Escudos de intención. De amor. De conciencia.
Pedir guía. Pedir protección. Y no temer.
Porque el temor es lo que ellos huelen primero.
Lo sé. Porque lo he vivido.
Y cuando el miedo me susurra en la espalda… yo lo miro.
Lo reconozco. Y camino igual.
Entonces, en ese umbral, donde la sombra parece más densa…
una voz me llama. Suave.
Como una campana lejana.
Como el tintinear de una estrella.
Y sé que no estoy sola. Nunca lo estuve.
Porque aún en la ZTR… hay luz. Y hay manos.
Que esperan. Que guían. Que protegen.
Como faroles encendidos en el bosque de lo invisible.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que camina entre los mundos.




Comentarios