top of page

16. Encuentro astral.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.

Compilación: 2020. Blog 16. ATP.

Fecha publicación: 201311.


ZTR: Encuentro astral.

Esa tarde, el aire estaba ligero.

Había algo en la vibración del momento… una promesa de cruce, una hendija abierta.

Fue en un grupo de amigas —todas desconocidas para mí— donde ocurrió. Un rincón cualquiera de Facebook, pero con la chispa suficiente para encender un portal.


Firesoul propuso el juego: —“Vamos a intentar una visión remota. No un viaje astral completo… solo una proyección. Una playa nos espera. Entramos y salimos por la fibra del internet, como si la red fuese río. 1 minuto aquí será 5 allá. ¡Ya!”


Y así…fuimos.

Yo sentí el cambio como una brisa en la frente. Me vi de pie, con mi vestido blanco que deja ver las piernas, y debajo, un pantaloncito deportivo, también blanco, como quien se viste para correr entre las olas. No sabía cuántos seríamos… pero al llegar, el paisaje se desplegó: una playa que miraba al norte. Colombia, pensé. Las Playas del Country, susurró el viento.


Vi dos mujeres y alguien más. Tres presencias.

O tal vez cuatro… pero siempre era tres lo que cada quien afirmaba haber visto.

Una de ellas me miró y dijo: —“Kalyna, tus ojos son raros. Y eres tan delicada…”

Otra sentenció, riendo: —“Se me apareció como una Barbie. Blanca, muy blanca.”


Yo me acerqué a Nathaly —a Firesoul— y le extendí las manos. Llevaba flores blancas para ella. Le susurraba: “flores, flores…” Tal vez no las tomó, pero yo insistí con dulzura. —“No sabía que eran para mí”, dijo luego, entre risas. Estaba emocionada, con energía vibrando como una chispa viva.


A Daniela le acaricié el rostro, como una madre calma a una niña inquieta. Ella dijo haber sentido eso. Una mirada que decía sin palabras: “baja la intensidad, tranquiliza el alma…”


Yo sentía paz.

Caminaba sobre la arena sin peso, como si levitara. No porque lo intentara, sino porque allá, la gravedad es otra.


A lo lejos, Gonzalo reía. Estaba rodeado de mujeres, quieto, feliz de no irse. —“No la vi muy bien a Kalyna —dijo— porque tenía demasiado brillo alrededor…”

“Las primeras veces que miras a un ser del astral superior, brilla mucho” —les expliqué—“Pero si vuelves a encontrarlo, brilla menos… hasta que se vuelve normal. Porque te acostumbras a su energía y ya no te ciega.”


Firesoul sacó sus alas. Oscuras, semitransparentes, con brillo azul.

Yo también desplegué las mías, aunque eran distintas: blancas, suaves, como alas de paloma. Nath vestía de negro. Fuerte. Bella. Algunos sintieron respeto. Otros, curiosidad.

Cindy, en cambio, no se mostró del todo. —“Sentí pena de mirarte”, me dijo. —“Estabas lejos… no me atrevía.”

Aun así, vio. Y eso bastaba.


Nuestras formas eran distintas:

Daniela se proyectó como adolescente, de cabello claro, entre quince y diecisiete años. Firesoul como un relámpago oscuro, alegre y profundo.

Yo… simplemente como era, en mi forma sutil, con ojos verdes que, según dijeron, apenas tenían blanco.


El sol brillaba. El mar estaba tibio.

Y nosotros, cuerpos de luz, jugábamos a reconocernos. Sin guías. Sin miedo.


Después hablamos. Sobre escudos, guías, defensas.

Nath dijo que usaba “bloques”, como si su energía fuera un ecualizador: subía y bajaba el volumen según lo que necesitaba. Yo le conté que mis defensas me las había puesto mi madre… desde antes de nacer.


Gonzalo comentó que sentía confianza cuando me veía.

Y yo… yo solo respondí lo que sentí:

—“Fui directo hacia ti. Te vi claro. Tu poder es más que suficiente.”


Entre risas, luces, recuerdos y símbolos, la experiencia terminó.

Pero aún veo la playa.

Veo a las muchachas.

Los vestidos. Las alas.

Las manos extendidas.

La brisa. Las flores que no todos vieron.

Y ese sol que lo iluminaba todo sin quemar.


A veces, basta un minuto para estar cinco eternidades en otro mundo.

Y una playa compartida, para reconocernos por primera vez.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que viaja junto a otros.



Comentarios


bottom of page