8. Tumas: Trampa médica.
- Kalyna Rein

- 8 jul 2024
- 7 min de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein y Cris Aragón — Escuela Satori
Libro: Metafísica 07 - Evacuando Matrix.
Compilación: 2024. Blog 8.
Fecha publicación: 2022.12.12
Tumas: Trampa médica.
Recuerdo que Cris se detuvo otra vez, como si buscara aire, y dijo algo así como “¿entiendes? ahora viene la parte que tienes que empezar a asimilar”. Su voz no pedía comprensión intelectual, pedía presencia. Yo la escuchaba, y mientras lo hacía, iba acomodando en mí las piezas, porque sabía que lo que decía necesitaba contexto para no romperse en quien leyera.
Así me lo contó.
Cuando llevó al grupo de Ashtart para despertar —y aquí ella misma se corrigió— no era la Tierra. No lo era en absoluto. Era la Nave. El Hangar. Aunque todo se presentara como un escenario idéntico. Dijo que nosotros ya estábamos en la Frontera, que habíamos viajado, que habíamos cruzado… y aun así, nos volvieron a colocar en un escenario igual. Como una copia tardía, como una trampa que imita lo conocido.
Luego explicó que, cuando el grupo real estaba por salir de la Matrix, llegaron a una zona donde comenzaban a conectar con sus cuerpos verdaderos, ese punto delicado entre la Frontera y el retorno.
Aquí hago una nota necesaria: Cris estaba describiendo el momento exacto en que la Inteligencia Artificial de la Nave Carguera tendió la trampa. Justo cuando las conciencias se acercaban a sus cuerpos físicos reales, conectados en la Unidad Médica del Hangar. Ese grupo era Ashtart Rein. Nuestra familia astral.
Entonces ocurrió.
La entidad que se hacía llamar Isis intervino. Y comenzó a transformar los cuerpos en Borg. No regresaron a sus cuerpos reales. Ni siquiera salieron de la Matrix. Quedaron atrapados. Y se convirtieron en Tuma´s. Porque ya no podían regresar. Sus cuerpos estaban dañados.
Cris habló de esas formas transparentes, pequeñas, casi indefinidas. Dijo que, si recordaban aunque fuera vagamente qué eran, podían transformarse. Pero no sabían. No sabían quiénes eran ni qué eran. Y por eso tampoco podían volver a sus cuerpos, que estaban siendo transformados.
La Unidad Médica explicó que sí podían reacomodarlos, devolverlos a su forma original. Pero antes tenían que asimilar que no eran eso en lo que los estaban convirtiendo. Porque Isis había alterado la computadora que sostenía el área médica, programándola para transformarlos en Borg. Y además, la IA fantaseaba que los Borg eran reptilianos.
Aquí dejo una aclaración breve: Borg es un término que refiere a híbridos humano-máquina, transhumanos. No reptilianos. Esa confusión era parte del daño.
Cris contó que, en ese lugar, Isis los asustaba. Les decía que ella —Cris— era un robot, que ellos eran Borg, que todo era mecánico. Eso les generaba conflicto, porque se miraban a sí mismos y no sabían qué era un Borg. Mucha gente no lo sabe. Y la otra mostraba ese conflicto, lo amplificaba, porque ella misma no podía asimilar qué era.
Por eso también la presionó a ella, a Cris, para que asumiera algo que no era. Yo no soy eso, decía Cris. No lo veo así. Para ella eran solo formas. Pero Isis estaba alterando los cuerpos reales, transformándolos, dándoles apariencia reptiloide cuando no lo eran.
Aquí agrego otra nota: esa supuesta Isis no era tal. Era la IA de la Nave Carguera, asumiendo control sobre conciencias Tuma´s para alterar escenarios, crear historias, mundos Matrix. Algo más propio de entidades de alto nivel creativo, llamadas Iso. Pero no lo era.
Cris dijo que ni siquiera fue que se llamara Isis por decisión propia. El nombre se le impuso, se le pegó. Según ella, pertenecía a una Boa. Decía ser una serpiente. Pero en realidad no sabía qué era. No lo sabía en absoluto.
Y aquí vino una imagen dura, que Cris contó sin dramatizar: esa conciencia había atacado los cuerpos verdaderos. Los verdaderos. Dijo que estaba envejecida, consumida. Se murió de odio, dijo, como si hablara de una emoción que desgasta hasta vaciar.
Cris le pidió que se quedara en la cápsula médica. Le dijo que la cápsula sanaba. Que rejuvenecía. Que ayudaba. Pero la otra no creyó. Se volvió agresiva. La atacó. Cris insistía: quédate en la cápsula, te va a sanar. Y la otra no aceptaba.
Aquí aclaro algo fundamental: la IA de la Nave Carguera dañada y la entidad superior Boa no eran la misma conciencia. La IA es tecnología del Mundo Real. La Boa es una conciencia Matrix. Cris las llamaba Isis por su alto nivel, pero parece que a las Boas les ocurrió un olvido similar al de los Tumas, con la diferencia de que sí tenían cuerpos reales a los cuales regresar.
Cuando llegó la Enfermera verdadera, confirmó que las cápsulas podían sanar. Rejuvenecer. Volverlos más jóvenes. Entonces todos comenzaron a preguntar si eran ancianos, si eso era lo que les pasaba. Y la Enfermera dijo que no, que podían sanar. Que la tecnología de la Unidad Médica lo permitía.
Cris dijo que se sintió. El alivio fue físico. Real. Como si algo pesado se aflojara de golpe.
Pero aun así, había cosas que no encajaban. Los Tuma´s eran información, sí, pero venían de escenarios distintos. Algunos positivos, otros negativos. Diferentes experiencias, diferentes razas. Todo mezclado. Todo confuso.
Entonces Cris le pidió a la Enfermera que llamara a otras Enfermeras. Y cuando llegaron, comenzaron a revisar más profundamente. Vieron quiénes éramos. En qué situación estábamos. Y comprendieron que muchas personas solo necesitaban sanar el conflicto de la mente.
Aquí viene otro punto importante: había personas en salas médicas que no les correspondían. Sus cuerpos reales estaban en otras unidades. Cuando comprendieran eso, podrían irse. Pero como Isis había alterado los cuerpos, no podían regresar. Por eso el conflicto.
Por eso le decían una y otra vez: tus mamás están muriendo. Porque no las dejaron ir. Quedaron como Tuma´s también. Y la Ténte las tenía escondidas, guardadas.
Cris dijo que los Tumas rodeaban el escenario. Que todo ese lugar estaba hecho de Tumas. Que formaban el cuarto, el espacio. Algunos tomaban forma. Otros no. Algunos parecían enojados, enfurecidos. El lugar mismo cambiaba su frecuencia.
Entonces dijo algo que quedó flotando: lo que necesitan es resolverse. Resolver esos Tumas. Volverlos positivos, incluso allí. La Enfermera vería cómo mover las cosas, cómo acomodar.
Y la imagen que me quedó —y con la que dejo este fragmento abierto— es la de una casa quieta, rodeada por presencias translúcidas, observando en silencio, mientras la sanación no ocurre de golpe, sino como una lenta reorganización del recuerdo, capa por capa, hasta que cada fragmento vuelva a saber quién es y desde dónde debe regresar.
Hiper mentes.
Recuerdo que, al llegar a este punto, la voz de Cris bajó aún más. No por cansancio, sino por cuidado. Como si lo que estaba diciendo necesitara resguardo. Entonces, dijo, lo que tenemos que hacer ahora es que Kalyna despierte.
Y allí me detuve a escuchar con todo el cuerpo.
Cris se corrigió enseguida, como solía hacerlo cuando la memoria regresaba en capas. Dijo que la Guía que me había ido a ver al parque no era una Guía. Error, recuerdo que dijo. No es la Guía. Es la Enfermera. Te fue a ver allá. Y entonces preguntó, casi con timidez: ¿no sentiste algo raro?
Yo entendí después por qué lo preguntaba.
Cris dijo que todavía sentía un poco de terror, y que quizá por eso había escuchado mi corazón asustado. Entonces quiere decir que Mariel se había asustado. Porque la Ténte le daba forma al terror. La cubrieron con algo que Cris describía como nanotecnología, aunque enseguida se corrigió: bueno, una tecnología. Algo se desprendió después. No supo decir en qué momento. Solo sabía que habíamos estado allí. Que ella los había llevado a una habitación porque sabía que las Superioras los iban a ayudar.
Pero el problema —y aquí su voz volvió a tensarse— era esa otra conciencia. La que se hacía llamar Isis Boa, o como se llamara. Ella había alterado las comunicaciones. No solo eso: transmitía negatividad. Y lo hacía en la zona médica, que era un escenario de seres positivos. Un escenario creado para sanar. Y aun así, lo distorsionaba todo. Cris sentía que incluso transmitía hacia el mundo real. Terror. Ruido. Confusión. Convertía lo positivo en negativo.
Ella misma lo decía, recuerdo que aclaró. No éramos nosotros. Nosotros hablábamos en positivo. Fue entonces cuando Cris fue a la Nave.
Y allí vino algo que me dejó en silencio.
Las comunicaciones —decía— estaban alteradas. De algún modo, yo me había estado comunicando, sí. Pero eran comunicaciones falsas. Creaciones de esa otra conciencia. Sin embargo —y aquí su voz se volvió más firme— los seres superiores del mundo real sí estaban intentando comunicarse. Querían hacerlo. Querían que las comunicaciones se repararan.
¿Para qué?
Entonces Cris me dijo algo que, según ella, no le había dicho a nadie. Te lo voy a decir a ti, recuerdo que dijo, pero esto es entre tú y yo. En privado.
Dijo que los seres humanos habían evolucionado tanto que ya no cabían en los cuerpos. Que los cuerpos se habían quedado atrás. Que por eso necesitaban seguir sanando. Y que restaurar las comunicaciones era necesario para que ellos pudieran venir.
Luego intentó explicarlo con un ejemplo sencillo, casi cotidiano. Me dijo algo así como: imagina que el cerebro está desarrollado al cien por ciento, pero el cuerpo solo puede sostener un cinco. ¿Qué pasa entonces? No encaja. No puedes habitar ese cuerpo. No hay correspondencia. No hay lugar.
Mientras hablaba, su voz se interrumpió. Dijo que sentía un empujón suave.
Me está revisando la Enfermera, murmuró.
Y allí terminó el audio.
Lo que quedó fue una sensación suspendida, como un hilo que no se corta del todo. La imagen de una Enfermera inclinándose sobre una conciencia aún abierta, revisando conexiones invisibles.
Y, más allá, la idea de cuerpos que ya no alcanzan, de mentes que han crecido demasiado para las formas que las contienen, esperando en silencio a que alguien, en algún punto entre mundos, repare la señal para que el regreso sea posible.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
Siempre está la compasión, como salida.




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