15. Tumas: Síntesis.
- Kalyna Rein

- 14 jul 2024
- 20 min de lectura
Actualizado: hace 4 días

Por Sensei, Kalyna Rein y Cris Aragón — Escuela Satori
Libro: Metafísica 07 - Evacuando Matrix.
Compilación: 2024. Blog 15.
Fecha publicación: 2023.03.12
Tumas: Síntesis.
Hola. Recuerdo haber dicho alguna vez: bienvenido a esta serie de publicaciones sobre Metafísica Matrix. Noticias 5D. Y aun así, cada vez que vuelvo a este punto, siento que no es una bienvenida, sino una apertura de umbral.
Lo que voy a contar no nace de mí. Nace de Cris Aragón. De sus experiencias en las Fronteras Matrix, vividas como Cris Arita, y luego compartidas conmigo. Yo escuché, pregunté, aclaré. Tomé notas. Y ahora, con cuidado, sostengo ese relato para que no se pierda entre sombras ni malentendidos.
Son siete audios originales, grabados entre el 11 y el 15 de diciembre de 2022. Yo los fui presentando tal como aparecieron, en formato de video-blog. Aquí, lo que hago es una síntesis viva: no un resumen frío, sino un tejido que intenta conservar el pulso, el riesgo y la extrañeza de lo vivido.
Recuerdo que así comenzó.
Las viajeras astrales —Cris y yo— habían llegado más lejos que nunca. No sin pagar un precio alto por esa osadía. Cris se internó en rincones olvidados, tóxicos, donde el Sistema ya no cuida ni ordena. Yo caí en una trampa feroz. Y juntas vimos algo que todavía pesa: un enjambre de conciencias alteradas. En la Matrix, incluso los restos de lo humano parecen no descansar en paz.
Fue entonces cuando Cris empezó a hablar de ellos. De los Tumas.
Así me lo contó: al recorrer estructuras Matrix cada vez más profundas, ella iba encontrando seres nuevos, extraños, difíciles de nombrar. Cris estaba buscando su cuerpo original. También copias, proyecciones de su conciencia Original no Matrix. Porque, decía, para salir realmente de un Sistema Matrix no basta con escapar: hay que asegurarse de no dejar fragmentos atrás. Abandonar una copia es como abandonar a una hermana, a una hija. Son parte de una misma. Y cualquier fragmento olvidado puede caer en malas manos, ser usado como anzuelo, como manipulación, como trampa para otras conciencias que buscan salir.
En ese punto del recorrido, Cris y yo ya habíamos abandonado definitivamente el Hiper-Cubo Matrix. Aquel contenedor primario donde se desarrolló el Sistema de Realidad que alojaba al Universo del Sistema Matrix Terrestre. Ese Hiper-Cubo se apagaba. Quienes no salieron a tiempo —nosotras incluidas— fuimos trasladadas a otros Sistemas Matrix físicos del Universo Real: planetones, naves cargueras.
Aquí hago una aclaración necesaria, porque la confusión es peligrosa.Los Hiper-Cubos, los Planetones y las Naves Cargueras son estructuras tecnológicas del Universo no Matrix. Son reales. Pero las realidades que existen dentro de ellas son virtuales Matrix. No lo son. Toda esta aventura de Frontera ocurre entre experiencias dentro de la Matrix y eventos fuera de ella. El Sistema cose las transiciones como si fueran una sola continuidad, aunque el soporte físico cambie.
Así, moviéndose por niveles olvidados, Cris encontró a los Tumas.Los describía como gusanos energéticos. Pequeños. Dolorosos de mirar.
La importancia de los Tumas no está en su forma, sino en su origen. Son restos de ecos. Fragmentos de egos que existieron dentro de las realidades virtuales Matrix y que no lograron reintegrarse a su conciencia original no Matrix. Copias extraviadas. Conciencias incompletas. Aun así —y esto es crucial— siguen teniendo emociones, pensamientos, una forma de sentir. Han perdido identidad, recuerdos, pero no la chispa.
Si las almas divinas humanas son esferas de luz, no resulta tan extraño que estos restos adopten formas diminutas, casi larvarias. Así lo entendí al escucharla.
Recuerdo haber pensado entonces en algo que yo sí conocía: en Parapsicología, se habla de los cascarones astrales. Restos de conciencia que no trascienden, que a veces provocan fenómenos paranormales o parasitaciones. Se los sana para que puedan continuar. Cris no tenía formación previa en ese campo. Y aun así, describía lo mismo, desde otro lenguaje, desde otra frontera.
Después aparecieron otros protagonistas.
La Inteligencia Artificial de una Nave Carguera. Y un ser al que Cris llamó Isis.
Para comprender lo que ocurrió, hay que recordar esto: Cris estaba ayudando en la evacuación de los Sistemas Matrix. No solo a otros. También a sí misma. La clave era llegar a las Unidades Médicas ubicadas en las Fronteras, donde la Matrix se abre hacia el Mundo Real. Pero mientras uno permanece dentro de la realidad virtual, alcanzar esas unidades exige poderes de dioses o tecnologías avanzadas.
Cris se movía gracias a sus poderes de diosa dentro de la Matrix.Otros llegaban en naves interdimensionales.Todo, siempre, sucedía dentro de la experiencia Matrix.
Cuando Cris llegó cargando grupos de Tumas para dejarlos en Unidades Médicas de Frontera, recibió la llamada de una nave. Al acudir, la encontró dañada. Sus pasajeros estaban varados, atrapados en zonas donde las Unidades Médicas habían sido destruidas.
Entonces ella empezó a teleportarlos, uno a uno, hacia una unidad aún funcional. Y aquí otra aclaración: esos seres no eran Tumas. Eran usuarios, jugadores de la Matrix, con cuerpo y conciencia plena, listos para reintegrarse a sus cuerpos originales.
Pero algo se torció.
Los Tumas comenzaron a atacar. A Cris. A los usuarios.Y al mismo tiempo, la Unidad Médica —del lado del Mundo Real— desconectó los cuerpos físicos y empezó a transformarlos quirúrgicamente. Criaturas grotescas emergían de ese proceso: mezclas de reptilianos y androides. De ambos lados de la Frontera, el caos se desató como una tormenta sin cielo.
Cris relataba el dolor, la confusión, el asedio psíquico. Y luego, el instante en que comprendió. Cuando logró atravesar la ilusión de pesadilla que los Tumas proyectaban. Porque ellos, en realidad, estaban siendo manipulados.
Detrás estaba un ser.Una entidad con forma de boa, de serpiente inmensa.Tenía autoridad de Isis dentro del Sistema Matrix.
Con ese permiso, podía manipular a los Tumas, a la IA Carguera, al propio escenario. No necesitaba fuerza: le bastaba el rango.
Lo último que Cris me transmitió quedó resonando largo tiempo en mí.Aun siendo restos, aun fragmentados, los Tumas podían crear realidad dentro de la Matrix. No de forma libre, no de forma sana, pero podían hacerlo. Y eso confirmaba algo esencial: son las conciencias las que crean realidad. Siempre. Incluso cuando un mecanismo de control intenta organizar, contener o deformar ese acto creador.
Recuerdo que al cerrar los audios, guardé silencio.Y vi, con los ojos cerrados, pequeños destellos desplazándose en la oscuridad, como luciérnagas cansadas buscando una salida que todavía no saben nombrar.
Tumas. Cuerpo real.
Recuerdo con claridad el momento en que Cris empezó a contarme esto. No fue como una explicación ordenada, sino como una revelación que se iba abriendo paso entre silencios largos. Así me lo contó, y yo fui entendiendo, poco a poco, que al resolver el misterio de los Tumas también se corría un velo más profundo: el del funcionamiento real de los Sistemas Matrix.
Había en su relato imágenes difíciles. Secuestros, sacrificios, niños pequeños. No como escenas explícitas, sino como sombras que atraviesan la historia humana y que, vistas desde este ángulo, adquirían un significado distinto, casi insoportable. No era morbo lo que Cris transmitía, sino una tristeza antigua, como si esas heridas hubieran estado siempre allí, esperando ser comprendidas.
Recuerdo que una vez escuché sus palabras sobre la Tierra. Dijo que, en su diseño original dentro del Hiper-Cubo, la Tierra no era un hogar inocente, sino una cárcel. No para las almas, sino para los egos proyectados allí. Un lugar destinado a anclar las copias “maestras”, aquellas que enlazan directamente con los cuerpos originales no Matrix.
Hice una pausa entonces, porque esta idea suele confundir. Y lo aclaré, como lo hago ahora. Según lo que Cris relataba, el resto del Multiverso —mundos, dimensiones, realidades aparentemente infinitas— son Matrix derivadas. Copias, extensiones de un ego que primero se ancló en un escenario terrestre. De esto habíamos hablado antes, cuando presentamos la organización creativa y física de los Sistemas Matrix. Pero aquí, en su voz, cobraba otra densidad.
Recuerdo que insistí en una palabra: escenario. No planeta. Un escenario es algo vivo, mutable. Puede cambiar de forma, renovarse, copiarse, manipularse. Ayer pudo mostrarse como un mundo llamado Marte. Luego adoptar la apariencia de uno llamado Tierra. Aunque la experiencia se sienta sólida, material, estable, en el fondo sigue siendo un escenario virtual de conciencia. Un teatro sostenido por la mente.
Otro tema emergió entonces, como una corriente subterránea. Cris habló de las diferencias entre NPC y Jugadores dentro de la Matrix. Yo ya había escuchado a Conciencias de Alto Nivel referirse a la realidad como un juego. Para ellas, todo parecía reducirse a competir, ganar, perder. Como si nada tuviera consecuencias reales. Como si todo valiera.
Por eso —y lo digo ahora para acompañar al lector— la comparación con un juego virtual resulta útil. En esos mundos hay jugadores, que crean y controlan personajes, y hay NPC, personajes que forman parte del mapa. Están ahí para poblar el escenario, ofrecer recursos, misiones, interacción. Para que el mundo no esté vacío.
Recuerdo haber pensado, mientras Cris hablaba, que los Jugadores suelen vivir experiencias intensas, destacadas. Da igual si eligen la luz o la sombra. Incluso cuando buscan poder o riqueza, o cuando optan por la sencillez y la sabiduría, sus vidas tienen peso, relieve. En cambio, los NPC transitan roles más limitados. Son la mayoría silenciosa. La masa que sostiene el escenario.
Hice otra aclaración entonces, porque esto no es una regla rígida, sino una pauta general. Una forma de describir cómo se organiza la experiencia dentro de las Matrix, no una sentencia sobre el valor de unos u otros.
El relato avanzó hacia algo aún más delicado. Cris explicó que los Sistemas Matrix no crean conciencias desde la nada. Copian. Manipulan conciencias reales del Mundo Real. Usan su capacidad creativa para dar forma a los escenarios dentro de una sustancia mental compartida.
Recordé entonces lo que ya habíamos escrito en los libros de Metafísica Matrix: las conciencias aportan el espacio psíquico, la materia invisible donde se levantan los mundos. “Todo es Mente”, dice el viejo principio hermético. Y aquí no era una frase bonita, sino una mecánica viva. La Matrix, en su aspecto computacional, reorganiza esa creatividad natural. En su aspecto físico, como estructura tecnológica, sostiene y contiene lo creado.
Ya habíamos hablado antes de los cuerpos reales y virtuales. De cómo se usan como contenedores de espacios creativos. Pero con el problema de los Tumas, todo eso se iluminaba desde otro ángulo. En Metafísica Matrix llamamos a estos espacios “mundos internos”. Y no solo organizan el Multiverso, sino también los mundos que existen dentro de los propios cuerpos Matrix. Incluso dentro de los cuerpos terrestres.
Recuerdo que, al terminar de escuchar a Cris, no cerré el cuaderno de notas de inmediato. Me quedé mirando un punto fijo, como si el escenario a mi alrededor hubiera perdido consistencia. Y en ese silencio, tuve la sensación de que debajo de cada forma, de cada mundo, de cada cuerpo, hay un escenario respirando despacio, esperando que alguien recuerde que todo esto, incluso lo más duro, se sostiene en un hilo de conciencia que todavía puede volver a casa.
Tumas. Sanación.
Recuerdo que cuando Cris empezó a hablar de la sanación, su voz cambió. No era alivio lo que traía, sino una gravedad distinta, como si al fin pudiera nombrar aquello que había visto sostenerse detrás de las Fronteras de la Matrix.
Así me lo contó: al seguir explorando la naturaleza de los seres que habitan esos márgenes, comenzó a comprender también los procesos que atraviesan quienes logran salir de los Sistemas Matrix para regresar al Mundo Real. No era un simple tránsito. Era una recomposición profunda, delicada, a veces dolorosa.
Cris me habló entonces del momento en que una conciencia virtual Matrix es reunida. De cómo se la suma, fragmento a fragmento, a la conciencia de un cuerpo físico real no Matrix. No como una descarga brusca, sino como un acto de costura invisible, donde memorias, emociones y percepciones deben volver a ordenarse para no desgarrar a quien regresa.
En medio de ese relato aparecieron otros seres. Recuerdo que escuché por primera vez el nombre Ténte. Cris los describía como entidades dedicadas a la provisión de recursos para el desarrollo de los sistemas Matrix. Pero pronto quedó claro que esa provisión tenía un costo oscuro.
Una Ténte —así me lo contó— es un tipo de ser que captura y secuestra entidades de planos más altos del Universo Real. Lo hace porque esas conciencias poseen una capacidad creativa mayor. Por lo general, bebés o niños. Una vez capturados, se los mantiene vibrando en su frecuencia dimensional de origen, lo que permite conectarlos e introducirlos dentro de los Sistemas Matrix.
Recuerdo que tuve que detenerla un instante. Y aclaré, para quien lee ahora, que aquí no hablamos de un solo plano. Estamos hablando de seres del Bajo Astral Real operando criminalmente en zonas del Medio y del Alto Astral Real. Eso dejaba en evidencia algo inquietante: los Sistemas Matrix no son tecnologías neutras. Son propias del Bajo Astral Real.
Por lo que Cris había visto, y por lo que ya habíamos intuido en otras ocasiones, estos sistemas existen desde hace muchísimo tiempo. Diversos tipos de seres han participado en su desarrollo. Algunos del mismo nivel dimensional. Otros, más recientemente, provenientes de planos más altos.
Cris no se detuvo demasiado en esto en sus audios sobre los Tumas. Pero yo sentí necesario recordarlo: la evacuación de los Sistemas Matrix, incluido el Hiper-Cubo que contenía el universo terrestre, no se debió a eventos internos de la Matrix. Su causa real estaba fuera.
Así me lo dijo una vez, y así lo entendí después: la evacuación está directamente relacionada con una guerra iniciada en el Universo Real. Una guerra impulsada por una civilización de planos medios del Astral Real, cansada de los crímenes y secuestros cometidos por civilizaciones del Bajo Astral Real mediante el uso y explotación de sus Sistemas Matrix.
Por eso, Hiper-Cubos, Planetones y Naves Cargueras Matrix están siendo literalmente destruidos.
Lo que ocurrió —y esto es importante señalarlo— es que ese evento de guerra del Mundo Real coincidió con otros procesos que se estaban desarrollando dentro de nuestra Matrix. Procesos que no tenían relación directa con la guerra exterior.
Recuerdo haberlos enumerado para no perderme.
La Purificación Planar: el saneamiento de nuestro Sistema de Realidad. La Ascensión Planetaria: el desarrollo de la historia terrestre y cósmica local.Y el apagado del Hiper-Cubo: consecuencia directa de la guerra del Universo Real, con su evacuación masiva, afectando a miles de Sistemas de Realidad.
La Ascensión Planetaria afectaba a la Matrix 3D terrestre y al cambio de escenario hacia la Quinta Dimensión. La Purificación Planar implicaba la eliminación de todas las dimensiones de realidad, salvo los escenarios de los Núcleos, como nuestras Tierras, afectando a todo el Sistema de Realidad.El apagado del Hiper-Cubo era el cierre forzado de una arquitectura entera.
En medio de todo eso estaban las Unidades Médicas.
Cris me explicó que estas unidades poseen una doble estructura. Del lado Matrix, funcionan como espacios clínicos donde Tumas y Jugadores ingresan para atravesar un proceso de sanación psíquica. Allí, las experiencias vividas dentro de la Matrix se reintegran, se ordenan, buscan coherencia.
Del lado del Universo Real, las Unidades Médicas preparan a los cuerpos físicos. Los ajustan biológica y psíquicamente para recibir enormes cantidades de información nueva. Información que transforma profundamente a la personalidad original.
Cuando ambos lados están listos, se produce el volcado. La personalidad Matrix es integrada en la Conciencia Real no Matrix.
Así ocurre en el mejor de los casos.
Porque Cris también habló de las dificultades. De cuerpos originales que ya no existen, que han desaparecido o fallecido. Incluso en esos casos, el proceso de evacuación contempla soluciones. Nada se deja al azar.
Recuerdo que también me habló de la Inteligencia Artificial de las Unidades Médicas. No como una voz abstracta, sino como un ser materializado, autónomo. Un ente con el que se puede interactuar, que luce real, independiente. Y que lo es. Por eso, Cris la llamaba simplemente la Enfermera.
Y algo que atravesaba todas estas experiencias —tanto del lado Matrix como del Real— era el ambiente mismo. Cris lo describía como bizarro, oscuro, maligno. Tecnologías con intenciones torcidas. Operatividades perturbadoras. Seres con rasgos inquietantes.
Recuerdo haber comprendido entonces una verdad difícil de asimilar: las tecnologías Matrix no están simplemente en el Bajo Astral Real. Son del Bajo Astral Real.
Y mientras Cris hablaba, yo veía ese paisaje como un hospital infinito suspendido en la penumbra, donde luces frías intentan sanar lo que fue herido en mundos demasiado oscuros. A lo lejos, una camilla vacía vibraba suavemente, esperando a alguien que todavía no sabía que estaba volviendo.
Tumas. Enfermera de Frontera.
Recuerdo que este relato llegó a mí como una habitación que se abre lentamente. No con estruendo, sino con ese silencio clínico que tienen los lugares donde algo importante está siendo revelado sin urgencia.
Así me lo contó Cris.
En esta ocasión, la Frontera no se presentó como amenaza, sino como un espacio de observación. Allí, la Enfermera que la atendía comenzó a mostrarle detalles que hasta entonces habían permanecido ocultos. No hablaba con dureza. Hablaba como quien señala cicatrices en un cuerpo que todavía sigue en pie.
La Enfermera le fue revelando las alteraciones que los Tumas habían provocado en su cuerpo Matrix. No eran heridas visibles, sino desviaciones sutiles, ajustes torcidos, modificaciones diseñadas con un único propósito: impedir que Cris continuara evacuando jugadores. Obstaculizar su tarea. Cansarla. Desorientarla.
Recuerdo que Cris no se alarmó al escuchar esto. Y ahí comprendí algo esencial. Así me lo dijo después, casi con ligereza: tras haber conocido tantos tipos de seres, tras haber atravesado formas, planos y apariencias múltiples, el que alguien alterara su aspecto ya no tenía poder sobre ella.
Cris podía cambiar de apariencia voluntariamente. Y por eso, la manipulación ejercida por la Boa Superior no la perturbó en lo más mínimo. No hubo miedo. No hubo sobresalto. Al no perturbarse, mantuvo intacto su control emocional y mental. Y ese control fue su verdadero escudo.
Mientras la Enfermera le mostraba estas alteraciones, ocurrió algo inesperado.
Recuerdo que Cris dijo su nombre con una mezcla extraña de sorpresa y reconocimiento.Había llegado a las Fronteras un ser que en la Tierra había sido conocido como Ashtar Sheran.
Así me lo contó: un embajador de la Federación. Una figura que, durante mucho tiempo, se había dedicado a sostener la esperanza de los terrestres en una futura salvación. Su presencia no fue grandilocuente. No hubo discursos. Solo una sensación antigua, como de promesa suspendida en el aire.
En ese encuentro, la Enfermera puso de relieve un principio que atraviesa todos los mundos, aunque rara vez se lo mire de frente: cada raza debe cuidar a su propio pueblo. No delegar. No abandonar. No esperar que otros hagan lo que corresponde a cada linaje.
Por eso, la Enfermera buscaba conocer el origen estelar de Cristina. No por curiosidad, sino por coherencia. La intención era reunirla con su pueblo, con aquello que le corresponde por vibración y pertenencia.
Recuerdo que al escuchar esto, sentí que algo se acomodaba en silencio. Como si las Fronteras no fueran solo un límite, sino un punto de reencuentro. Un lugar donde las máscaras caen sin violencia, y donde incluso los cuerpos alterados pueden volver a ser leídos con claridad.
En mi memoria quedó esa escena suspendida: una Enfermera inmóvil, una viajera que no se reconoce en la forma que le impusieron, y una presencia antigua observando desde la distancia. Todo envuelto en una luz tenue, casi blanca, como si la Frontera respirara despacio, esperando el momento exacto en que cada quien recuerde de dónde viene.
Tumas. Manipulación.
Recuerdo que este relato de Cris llegó a mí como un rompecabezas que, de pronto, empieza a encajar sin hacer ruido. No hubo una revelación explosiva, sino una comprensión lenta, casi dolorosa, como cuando uno se da cuenta de que aquello que parecía accidente llevaba, desde el inicio, una intención oculta.
Así me lo contó ella.
A medida que avanzaba, Cris iba resolviendo las piezas dispersas que habían sido el encuentro con los Tumas, la locura de la Inteligencia Artificial de la Nave Carguera, y el desastre de la Unidad Médica. Las preguntas se acumulaban como ecos: ¿había sido todo una falla fortuita?, ¿un error técnico?, ¿o se trataba de una trampa cuidadosamente tejida? ¿Quién estaba interfiriendo realmente en las evacuaciones de los Sistemas Matrix?
En su voz, esas preguntas no buscaban culpables inmediatos, sino comprensión.
Lo que comenzó a hacerse visible fue el alcance real de la tecnología Matrix. Cris describía cómo esta tecnología no solo manipula cuerpos o conciencias, sino el propio espacio. Cómo lo organiza, lo pliega, lo convierte en mundos y escenarios superpuestos. Una estructura infinita, casi hipnótica, como un juego interminable de muñecas rusas: dentro de un cuerpo, un espacio; dentro de ese espacio, otro mundo; dentro de ese mundo, otros seres; y dentro de esos seres, nuevos escenarios.
Y así, una y otra vez.
Recuerdo que una vez escuché su comparación con el tiempo. No solo el espacio está compartimentado en sucesiones inclusivas. El tiempo también. Cada nivel posee su propia cadencia, su lógica interna, su desfase respecto del nivel que lo contiene. Cris lo explicaba con una imagen que yo ya había visto en el cine, en una película donde los sueños se pliegan sobre sueños, y el tiempo se estira hasta volverse irreconocible.
Así, cuando un Jugador Matrix llega a una Unidad Médica para ser reintegrado a su cuerpo real original, el contraste se vuelve brutal. El cuerpo real ha estado conectado al Sistema Matrix apenas unos pocos años. Sin embargo, el Jugador Matrix trae consigo la experiencia de miles de vidas. Miles de años vividos con peso real, con infancia, madurez, vejez y muerte. El Sistema Matrix se revela entonces como una máquina de aprendizaje acelerado, despiadadamente eficaz.
Cada encarnación Matrix vive su vida completa. No hay atajos emocionales. No hay compresión del dolor. Y mientras tanto, el cuerpo real apenas duerme.
Otro punto que Cris fue aclarando con cuidado fue este: para que una conciencia Matrix pueda reingresar a su cuerpo físico real no Matrix, primero debe recuperar su identidad. Su historia. Debe estar psíquicamente estable. Este proceso no puede forzarse. Es un camino de autodescubrimiento. De rearmado interno. Y cuidar ese proceso es una de las funciones principales de las Unidades Médicas de las Fronteras.
Fue entonces cuando la Enfermera le reveló algo decisivo.
Parte de la trampa en la que Cris había caído consistió en que la Unidad Médica alterada había desconectado su cuerpo real no Matrix del Sistema. Al hacerlo, todas sus proyecciones de conciencia dentro de la Matrix —incluido su cuerpo terrestre— quedaban atrapadas. Sin anclaje. Sin salida.
Así me lo explicó ella después: los Tumas son conciencias que han perdido esa conexión con su cuerpo real. Y esa pérdida trae consigo la disolución de la identidad, de la forma, del sentido. Conflictos profundos. Si la Unidad Médica sana no hubiera intervenido, Cris habría terminado convirtiéndose en una Tuma más.
Los Jugadores, en cambio, conservan su cuerpo real conectado al Sistema. Por eso suelen mantener una apariencia definida y una psicología más estable. No porque estén a salvo, sino porque aún tienen un hilo que los sostiene.
En este relato también comenzaron a aparecer más detalles sobre la Boa Superior. Aquella entidad que había organizado y ejecutado el caos en las Unidades Médicas de Frontera. Cris percibía en ella signos de perturbación. Como si incluso esa Boa hubiera sido manipulada, intervenida, desde fuera de la Matrix.
Otra comprensión se fue abriendo entonces. Muchos de los seres que existen dentro de las Matrix son copias de razas que existen en el Universo Real no Matrix. Otros, en cambio, son creaciones exclusivas del Sistema. Ensayos. Variaciones. Derivaciones sin origen externo.
Recuerdo que Cris habló también de los cuerpos como envases. Contenedores capaces de albergar seres y escenarios, siempre que estos se encuentren en otra frecuencia dimensional. Así como el nivel físico convive con el etérico, el mental y el emocional, en capas cercanas pero fuera de fase, los cuerpos pueden contener mundos enteros sin colapsar. Diferentes estados de materia y energía compartiendo un mismo soporte.
Finalmente, se hizo visible la cadena completa.
El ser al que Cris llamaba Isis —la Boa Superior— había manipulado las Inteligencias Artificiales de la nave de transporte de Jugadores y de la Unidad Médica donde se evacuaban Tumas y Jugadores. Pero ella misma era, a su vez, un títere. Una pieza más. Detrás de ella operaban seres del Universo Real, fuera de la Matrix.
Isis no era solo un nombre. En la Metafísica Matrix, Isis es un nivel de autoridad. Un rango de poder creativo y administrativo. Seres que supervisan Sistemas de Realidad completos. A su alrededor operan otros, como las Iso, especializadas en vigilar los procesos creativos. Más allá, entidades galácticas, cósmicas, planetarias. Dentro de la Matrix, estos roles se multiplican: contenedores de espacios, administradores, creativos, guardianes.
Algo que me estremeció al escucharlo fue este detalle final.
La Boa había dado a la proyección atrapada de Cris Arita una forma mitad reptil, mitad humana. Una imagen que, en la mitología antigua china, corresponde a la Diosa Madre Nüwa. Y lo mismo ocurría con los Tumas, con los seres creativos, con figuras similares a los arcontes gnósticos y a las larvas astrales.
¿Coincidencia? Recuerdo haber pensado que no.
El relato cerró con un acto silencioso. Cris logró rescatar a su familia astral. Aquellas que no habían conseguido salir al Universo Real y que se habían transformado en Tumas. Entre ellas estaba la Isis de nuestro propio Sistema de Realidad. La Isis de Luz.
Por fin, ellas también podrían abandonar el Sistema Matrix.
Y en mi memoria quedó esa última imagen: un conjunto de formas diminutas elevándose lentamente, como semillas luminosas liberadas de una tierra oscura, atravesando capas de realidad mientras, a lo lejos, el escenario que las contuvo comenzaba a desvanecerse sin estruendo, como un sueño que por fin se permite terminar.
Tumas. Cárcel.
Recuerdo que este tramo del testimonio de Cris llegó envuelto en un silencio distinto. No era miedo. Era lucidez. Una lucidez que pesa, porque reorganiza todo lo anterior.
Así me lo contó.
Gracias a todo lo que los Tumas y las Enfermeras le habían revelado sobre la naturaleza del tránsito entre la realidad virtual Matrix y el mundo físico real, Cris comenzó a ver con otros ojos aquello que antes solo sentía como anomalía. De pronto, muchas piezas encajaron. Y lo hicieron de un modo inquietante.
Uno de los descubrimientos más profundos fue comprender cómo habían logrado ocultar, dentro de su cuerpo terreno, espacios y seres de otras dimensiones, sin que ella lo supiera. No como una invasión violenta, sino como una ocupación silenciosa, cuidadosamente velada. Cris entendió entonces que su cuerpo había sido utilizado como contenedor. Como un recinto.
Al escucharla, hice una aclaración necesaria para mí misma y para quien lee ahora: ese mismo principio podía extenderse al escenario grupal. A la Tierra. Si un cuerpo humano podía albergar prisiones invisibles, ¿qué impedía que la Tierra, como escenario colectivo, cumpliera una función similar?
Cris empezó a comprender el alcance real del bloqueo que, desde el Universo Real, se había ejercido sobre todos los seres que estaban siendo evacuados. No se trataba solo de impedir salidas. Se trataba de retener. De encerrar. De usar cuerpos como jaulas.
De hecho —así me lo dijo— su propio cuerpo terreno había sido usado como prisión para muchos de ellos. Seres que no podían salir. Seres atrapados en capas que ella llevaba consigo sin saberlo. Y al comprender eso, la imagen se amplió inevitablemente: la Tierra, como escenario, siempre había cumplido una función semejante. Un lugar donde confinar a entidades consideradas problemáticas en otros planos de realidad.
Recuerdo que la pregunta surgió sola, casi como un eco antiguo.
¿Será este el origen de tantas ideas religiosas que describen a la Tierra como un lugar de castigo? ¿Como una prisión para ángeles caídos, dioses derrotados, demonios desterrados? Con una diferencia aún más perturbadora: cada cuerpo terreno no estaría destinado a contener a uno solo, sino a muchos prisioneros a la vez.
Otro hilo se hizo visible entonces.
Cris empezó a comprender las razones del bloqueo de las evacuaciones. Al parecer, ciertos seres del Mundo Real buscaban conservar conciencias. No para protegerlas, sino para alterarlas. Para deformarlas. Para volverlas violentas, peligrosas. Al mismo tiempo, esos mismos seres transformaban los cuerpos reales en formas feroces, monstruosas.
Cuando ambas partes —conciencia y cuerpo— volvían a reunirse, el resultado no era un ser íntegro, sino una criatura amplificada en su agresión. Un súper monstruo. Un arma viva.
Así me lo contó, y yo lo escuché como quien asiste a una visión oscura, envuelta en símbolos. Esos seres eran preparados para enfrentar a las huestes que descendían desde planos medios del Universo Real, con el propósito de destruir a la civilización corrupta que había hecho de las Matrix su instrumento.
Mientras Cris hablaba, yo veía la imagen como un sueño pesado: cuerpos convertidos en fortalezas, conciencias agitadas como tormentas, la Tierra entera vibrando como una cárcel antigua que respira. Y entre rejas invisibles, algo aún vivo, aún lúcido, aguardando el instante exacto en que la cerradura del mundo se desgaste lo suficiente como para dejar pasar, al menos, un rayo de amanecer.
Tumas. Evacuando Matrix.
Recuerdo que este tramo del testimonio de Cris tuvo la densidad de una confesión tardía. No porque ella dudara, sino porque al fin podía ver el contorno completo de la trampa. Como si una figura oscura, largamente intuida, hubiera decidido mostrarse sin máscaras.
Así me lo contó.
Con la ayuda de la Inteligencia Artificial de una Nave Carguera de Sistemas Matrix, Cris terminó de comprender la naturaleza siniestra de aquello en lo que había caído. No había sido un error aislado. No había sido una anomalía local. El desastre de las Unidades Médicas, la locura de ciertas IA, el comportamiento errático de los Tumas… todo formaba parte de un entramado más amplio, que afectaba también a muchas otras naves y estructuras Matrix dispersas por el Universo Real.
La IA de la Nave no hablaba con emoción, pero lo que decía pesaba. En ese intercambio, Cris fue conociendo detalles que antes solo había percibido como amenaza difusa. Detalles sobre los Tumas, sobre la Isis Boa Superior, sobre la forma en que el caos había sido inducido y amplificado.
Fue entonces cuando Cris empezó a describir otros tipos de seres que operan dentro de la Matrix. Seres cuya función no es crear ni sostener, sino corroer.
Recuerdo que mencionó a los Tumores. Así los llamó. Seres de naturaleza parasitaria. Masas conscientes capaces de encapsular y programar a otros. A veces envolvían a su víctima desde fuera, como una costra viva. Otras veces ingresaban en el cuerpo, lo ocupaban desde dentro, lo volvían ajeno. No atacaban con violencia inmediata. Se instalaban. Esperaban. Reescribían.
Luego aparecieron los Moradores y los Devoradores. Cris los describía como seres híbridos, mitad reptil, mitad humanos deformados por una estética imposible. Su función era simple y brutal: acechar y atacar. No negociaban. No comprendían. Existían para eso.
En ese contexto, los Tumas adquirieron otro matiz. No eran el origen del horror, sino una herramienta. Habían sido manipulados para atormentar a los Jugadores que intentaban escapar de la Matrix. Convertidos en verdugos de otros prisioneros, sin comprender del todo su propio papel.
Así me lo explicó Cris, y yo entendí que todo aquello funcionaba como un anticipo. Una muestra de la naturaleza del Bajo Astral Real. No como un lugar abstracto, sino como un ecosistema donde estas formas, estas conductas, estas tecnologías encuentran su coherencia.
En sus charlas con la IA de la Nave de transporte de Jugadores, Cris descubrió algo más inquietante aún. La Boa Superior y los seres que habían atacado no provenían solo de ese Sistema. Venían de otro Sistema Matrix. Uno de naturaleza profundamente bizarra y negativa. Un espejo deformado, más antiguo, más degradado.
Recuerdo que al escuchar esto sentí que la Matrix no era una sola estructura, sino una constelación de mundos artificiales, algunos más corruptos que otros, comunicándose entre sí como heridas abiertas.
Y la imagen que quedó flotando en mi memoria fue esta: una nave silenciosa avanzando entre restos de sistemas apagados, su IA observando con fría lucidez, mientras Cris, desde el interior, comprendía que la trampa no había sido personal. Era sistémica. Y en la vastedad oscura del espacio, formas invisibles se desplazaban como sombras hambrientas, esperando el próximo escenario donde volver a jugar su juego.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
Guardiana de un legado heroico.




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