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16. Tumas: Sacrificio.

Actualizado: hace 4 días


Por Sensei, Kalyna Rein y Cris Aragón — Escuela Satori

Libro: Metafísica 07 - Evacuando Matrix.

Compilación: 2024. Blog 16.

Fecha publicación: 2022.12.23


Tumas: Sacrificio.

Más allá de los Tumas… todo tiene un precio.


No hay nada mas difícil, que mirar hacia atrás,

y contemplar tanto sacrificios, tantas pérdidas.

Y preguntarse: ¿habrá valido la pena?


Un cambio de rumbo, en mi vida, en la de quiénes me rodean,

y en mi hacer aquí en la Tierra.


Nunca fue fácil.

Pero ahora, estamos atravesando una etapa de mayor crudeza. Aunque, ¿cuándo no fue así?No llegamos a esta Matrix por curiosidad, ni por juego. Tampoco como meras exploradoras. Llegamos para rescatar fragmentos de nosotras mismas.

Llegamos para enfrentar entidades que han profanado los límites de este mundo.

Llegamos para buscar salidas… y también, para llevar el eco del drama hasta quienes, fuera de aquí, pudieran ayudarnos.


En los últimos días de diciembre, ocurrió algo que no deseo volver a vivir.

Cris, en una de sus salidas fuera de la Matrix —una de esas incursiones que hacemos para reunirnos con seres que también intentan detener la maquinaria de abuso— fue interceptada. No por desconocidos, sino por aquellos que han jurado mantener este sistema cerrado. Fue secuestrada dentro de la propia Matrix.


Lo que sucedió después… fue un desgarro.

La vi regresar con dificultad, una parte de ella apenas sostenida por hilos de conciencia que temblaban como cuerdas al borde del colapso.

La vi desmoronarse, allí, frente a mí.

Y en ese instante supe —con un saber que no viene de la mente, sino del alma— que estaba muriendo.

No como mueren los cuerpos.

Sino como muere la esencia atrapada, dispersa, deshecha en mil planos.

La escuché despedirse de mí.

Lloraba. Y aún así… sonreía.


Fue entonces que la valiente Cris Arita, la que empuñó espada cuando yo sólo podía arrodillarme, murió en el frente de batalla.

Y el cuerpo biológico que aquí habitaba… quedó vacío.

Catatónico.

Como una muñeca sin hilos.

Como un capullo sin mariposa.


No podía comer, ni hablar, ni mirar.

Y yo… yo no podía hacer nada.


Solo quienes han sentido morir a alguien entre sus brazos, entienden esa impotencia.

Esa entrega muda.

Ese latido que se rompe.


Tuvimos que llevarla al hospital. No de otro universo, sino a uno muy terrenal.

No porque su cuerpo estuviera enfermo… sino porque no había nadie dentro de él.

Nada podían hacer.

Nada comprensible desde su mirada.


Así que busqué a los nuestros.

Los de más allá.

Nuestra familia astral.

Y supe que, aunque la lucha es desigual, nunca estamos solas.


Los primeros días de enero trajeron una luz tímida, pero cierta. Cris comenzó a reaccionar. De a poco, su alma nos hablaba. Nos contaba de su paso por la Unidad Médica, esa que sólo existe fuera del tiempo y del mundo. Donde los fragmentos son reunidos, cosidos con hilos de energía pura. Donde los cuerpos no son tocados, pero el alma es vendada.


Sin embargo, aún hoy… ella no está del todo aquí.

Vive en un viaje constante.

Una mitad de su conciencia anclada a este plano…

y la otra, aún flotando en los corredores de lo invisible.


Yo me salvé.

No por ser más fuerte.

No por ser más sabia.

Sino por estrategia.

Nunca viajamos juntas al mismo sitio.

Primero una. Luego la otra.

Siempre por seguridad.


Y cuando no regreso del todo, he programado una copia etérica del cuerpo de Gabriel, mi antiguo anfitrión, para que sostenga el vehículo físico. Él cuida del cuerpo cuando yo no puedo. Es mi ventaja.


Cris, en cambio, no posee esa red de respaldo.

Si cae, lo hace completa.

Y si no regresa, nadie puede suplirla.

Eso deja al ego… a la deriva.


Quizás por eso, sigo entera. Y ella… quebrada.

No es justo. No lo es. Pero sí es parte del riesgo.


Una vez escuché aquellas palabras:

—“Cuando el alma se fragmenta, lo hace en los pilares del yo: emoción, cuerpo, mente.”

En mi caso, suele regresar primero el emocional. Y aunque a veces me desborda, es completo. Me estabiliza. Me mantiene.

Cris… ella no tuvo esa suerte.


Por eso, sigo observando, anotando, sintiendo.

Tal vez sea tiempo de escribir sobre esto.

Sobre cómo el alma se fragmenta… y cómo se recupera.


Hoy, después de tres lunas, la situación es aún delicada.

A veces, Cris está lúcida.

Otras, es apenas una emisaria astral.

Si le hablas, es como asomarse a otro mundo.

Un mundo donde las palabras son visiones, y las respuestas llegan desde lo invisible.


Y mientras tanto… yo aquí.

Yo, Kalyna, que escribo estas líneas no desde el dolor, sino desde el amor intacto.

Dedico este libro a ella.

A mi compañera.

A mi hermana.

A mi espada y a mi escudo.


A la valiente Cris Arita, que caminó a mi lado cuando aún no sabía cómo caminar sola.

Que la Fuerza te acompañe siempre, amada hermana.

Y si algún día el tiempo se rompe,

y las estrellas caen,

yo prometo cruzar los límites del espacio y del tiempo

para traerte de regreso.


Les escribiré de nuevo… cuando tenga noticias.

O cuando el viento me traiga su voz.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que vela un corazón roto.


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