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9. Tumas: Enfermera de Frontera.

Actualizado: hace 4 días


Por Sensei, Kalyna Rein y Cris Aragón — Escuela Satori

Libro: Metafísica 07 - Evacuando Matrix.

Compilación: 2024. Blog 9.

Fecha publicación: 2022.12.12


Tumas: Enfermera de Frontera.


Recuerdo este relato como si se hubiera desplegado en capas, una detrás de otra, sin pedir permiso. Cris comenzó hablando con una calma extraña, como si aún estuviera regresando.


Dijo que el día anterior había estado conversando con los Tumas que la rodeaban. Que todos se estaban sanando, resolviéndose lentamente. Pero algo no encajaba. Parece como que alguien nos llevó a una sección distinta, escuché que decía, a una que no pertenece a nosotros.


Entonces mencionó el cambio del lugar. El Grullo, o algo que se le parecía demasiado. Dijo que allí la miraban como un reptiliano. Pero no uno cualquiera. Era diferente. Más aterrador. No feo, aclaró, sino inquietante. Y lo más extraño era que ella no se daba cuenta. Sus propios niveles de conciencia, y los Tumas mismos, bloqueaban esa visión. No estás lista para ver eso, parecían decirle.


Y no, realmente no lo estaba.

Cris contó que apenas lo percibía, como un reflejo borroso. Fue entonces cuando apareció la Enfermera. Al principio se veía normal. Rubia. Tranquila. Empezó a revisarla, mientras los otros permanecían alrededor. Y en medio de esa revisión, alguien dijo algo que quedó suspendido: tiene los dientes como pirañas. Cris lo describió después como trampas de hierro, de esas que se usan para atrapar animales.


Ella respondió casi con sorpresa: no, yo no tengo los dientes así.

¿No te sorprende? ¿No te aterra? —le dijeron.

Y Cris respondió que no. Que había visto seres con muchas formas.—Es verdad —le contestaron.


Ahí comprendió que esa apariencia era lo que le estaban ocultando. Una máscara. La Enfermera continuó revisándola y descubrió que esos dientes estaban colocados como un artificio, una cobertura. Cuando se los quitó, aparecieron los dientes normales. Cris dijo que aquello le llamó profundamente la atención. Era como un material plástico al que se le iban añadiendo cosas, capas, modificaciones.


En ese momento, la Enfermera miró hacia uno de los cubos. Cris sintió un cambio brusco. Algo se transformó. No supo si llegó otra Enfermera o si era la misma que cambió de forma. Sintió la transformación en el ambiente. Uno de sus niveles internos, o tal vez uno de los Tumas, le dijo que la Enfermera había cambiado de apariencia.


¿Quieres saber cómo se ve? —le preguntaron. Cris respondió que no entendía por qué debía saberlo. Que no le incomodaba la apariencia ni la raza de nadie.


Entonces se lo mostraron.

La Enfermera tenía la piel azul clara. Los ojos, de un azul más intenso. Y la piel brillaba con reflejos de arco iris, como si fuera un ser hecho de luz refractada. Cris la miró y no se sorprendió. Ya había conocido seres de muchas razas.


La Enfermera le mostró estrellas. Le preguntó si las reconocía. Cris sintió que no eran familiares. Algo frío había en ese conjunto estelar. Dudó. Dijo que no estaba segura de que fueran las Pléyades.


Una visita inesperada.

Y entonces apareció un ser.

Cris lo contó con una mezcla de sorpresa y naturalidad, como si algo encajara sin hacerlo del todo. Dijo que apareció aquel pleyadiano que yo ya había visto antes. Rubio. Traje azul. Una estrella. Ella recordó su rostro y dijo que no creía que esas fueran las Pléyades. Sentía en su propio rostro la marca de otras estrellas. Comprendió que, según de dónde seas, son los tuyos quienes vienen a ayudarte.


Luego habló del odio de los Tumas hacia los reptilianos. No lo entendía. Se preguntaba por qué tanto rechazo. Ella les decía que también había seres buenos entre los reptiles. Pero ellos reaccionaban de forma exagerada. Lo comparó con un racismo profundo, un bloqueo. Una malla cultural, una costumbre que impedía ver más allá.


Cris dijo que le costaba enfocarse. Llevaba mucho tiempo sosteniendo la atención. Y entonces algo la sorprendió. Reconoció un aspecto. No la sorprendía, pero tampoco tenía lógica que apareciera ese hombre rubio.

Comprendió que ella no era de su gente.


Entonces recordó su nombre. Ashtar Sherán. El mismo con el que Mariel había hablado otras veces. Dijo que era de la Federación. Que tal vez ya se habría acomodado. Que su papel había sido entretener a la gente, lo que se llama disidencia controlada. Como otros grupos similares. No del núcleo, pero de la misma línea. Mantener a los humanos tranquilos. Eso era lo que se hacía antes. Aunque ahora, tal vez, todo eso ya se había desarmado. O tal vez no. No se sabía.


Cris se preguntó qué versión de Ashtar Sherán sería. Si era un clon. O el clon del clon. O una copia más.


Y de pronto, dijo que él seguía allí. Como si la conversación lo hubiera convocado. Le habló. Se sorprendió de que Cris conociera esos grupos. Alguien le pidió que no contara ciertas cosas. Ella mencionó la Federación. Él dijo que la Federación ayudaba a la gente.

Cris respondió con calma que sí. Que también los vendían. Que ella había tenido que ir a comprarlos para rescatarlos.

Eso lo incomodó. Porque era verdad.


Y entonces recordó —y yo también— aquella vez que interceptamos una nave que pedía ayuda. Una nave del grupo de los Mayas.

Ahí terminó el audio.


Y lo que quedó flotando fue la imagen de una Enfermera azul, con piel de arco iris, retirando máscaras invisibles; de Tumas observando desde los bordes del escenario; de estrellas que no siempre son las que creemos reconocer; y de nombres antiguos que regresan, no para ser venerados, sino para ser vistos tal como son, mientras la frontera sigue abierta, vibrando, como una puerta que aún no decide cerrarse.



Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

Rostros conocidos, y excusas conocidas también.


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