11. Somos interDimensionales.
- Kalyna Rein

- 11 feb 2020
- 3 min de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica 02 - Viajera Astral.
Compilación: 2020. Blog 11. ATP.
Fecha publicación: 2020.
Viajera Astral
Somos interDimensionales.
A veces me detengo a contemplar quién soy… o mejor dicho, quiénes somos.
Porque mi existencia no se resume en un solo cuerpo, ni en una sola historia.
Esta vez, quisiera abrir un poco más la cortina de lo invisible, y contarles algo de lo que somos Christian y yo. Nuestra naturaleza, si acaso puede llamarse así, porque en verdad es más un río que un nombre, más un entramado de luces que un concepto fijo.
Hemos hecho muchos amigos a lo largo del tiempo —tiempo que tampoco es uno solo—, y he notado que no siempre ha sido fácil explicarles lo que vivimos.
No por falta de palabras, sino porque lo que ocurre, simplemente, a veces no pertenece a este mundo.
Ni siquiera para nosotras es sencillo.
Muchas veces, también nos envuelve el enigma.
Por mi parte, no suelo detenerme a preguntar por qué suceden las cosas.
No nací para cuestionar el camino, sino para recorrerlo.
No porque me lo impongan, ni porque haya una cadena que me ate. No.
Camino porque elijo servir.
Porque hay una llama dentro de mí que no se apaga,
y que arde por sostener el Orden Creativo,
ese pulso silencioso que da sentido, belleza y destino a todo lo que existe.
Estoy al servicio del TODO.
Y estoy al servicio de mis Madres Sabias.
De ellas recibo la voz, el impulso, la orientación.
Cuando una misión llega, no dudo.
Porque si algo me es encomendado, es porque ya está escrito en mí que puedo realizarlo, aunque parezca imposible, aunque su forma me resulte ajena.
También estoy al servicio de mi compañera, de sus visiones, de sus desafíos.
Así fue dicho, y así lo he aceptado, con honor.
Tal vez por eso, aunque he viajado por incontables planos,
y he visto nacer y morir sistemas enteros, no tengo muchos nombres.
No tengo títulos. No me gustan.
Las cosas son lo que son, y yo prefiero vivirlas, tocarlas, amarlas o disolverlas, sin necesidad de nombrarlas. Esa forma simple me resulta cómoda.
Cuando me enfoco en el Astral, me desvinculo del cuerpo que me hospeda.
Entonces algo cambia: mi ánimo se vuelve quieto, como un lago sin viento.
La emoción desaparece. No hay risa ni llanto, sólo claridad.
Pienso sin ansiedad. Actúo sin carga.
Y sin embargo, lo reconozco…
Hubo un tiempo en que las injusticias me sacudían.
A veces, al ver lo que se hacía con los inocentes, sentía en mí un volcán que aún no sabía transmutar. Eso fue al principio. En mis primeras misiones.
Cuando todavía aprendía lo que era mirar sin herirme.
Cris, en cambio, ha sido siempre fuego despierto.
Una mujer de mente aguda, alma de aventurera, corazón rebelde.
Su naturaleza es la del explorador que no teme.
La que pregunta, la que se interna, la que no se conforma jamás.
Ella cuestiona, busca, compara, deduce, y entonces vuelve a preguntar.
Por eso muchas de nuestras respuestas llegaron por ella.
Por esa necedad bendita de querer comprender.
Yo suelo confiar. Ella, en cambio, investiga.
Y sin embargo, en medio de esa diferencia, hay amor.
Porque Cris, aunque parezca cerebral, es profundamente compasiva.
Cada paso que da, lo da también por otros.
Por quienes no pueden, por quienes no saben.
Somos multidimensionales.
Y eso no es una teoría. Es una vivencia.
Nuestra conciencia se extiende más allá del tiempo y del cuerpo.
Vivimos como distintas expresiones de una misma alma, en diversos planos, simultáneamente, dentro del Gran Ahora.
No escribo esto para enredar, ni para elevar la mirada hacia algo que parece inalcanzable.
Lo escribo porque deseo que comprendan por qué tenemos tantos nombres,
por qué a veces habitamos tantas historias.
Y, sobre todo, porque quiero que ustedes —sí, tú que lees—
recuerdes que también eres así.
Un ser que no termina en su piel.
Una conciencia que respira en múltiples realidades.
Un alma sembrada en muchas tierras.
Hay una cosa más.
Además de los nombres, también tenemos formas.
Rostros, razas, cuerpos diversos.
Podemos vernos como humanas del Astral Superior, si eso ayuda.
Pero debajo de cada forma, lo que nos une es una llama:
el mismo anhelo de recordar lo que somos.
Sin más rodeos, quizás sea hora de mirar hacia adentro.
Y abrir el libro de nuestras otras versiones.
Porque no estamos solas. Y nunca lo hemos estado.
Una brisa azul danza entre los portales.
Allí, en la cima de la noche silenciosa,
una voz antigua me llama por todos mis nombres,
y yo respondo con todos mis rostros.
Porque soy una… y a la vez… muchas.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La de muchos nombres y rostros.




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