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32. Purificación Planar.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.

Compilación: 2020. Blog 32. ATP.

Fecha publicación: 2015.


La Gran Matrix.

Purificación Planar.


No sé cómo comenzar a hablar de esto sin que mi voz tiemble.

Quizás porque lo que voy a contar no es solo una historia,

sino el rastro ardiente de algo que aún arde en mi pecho…


Durante años, largos y quietos como espejos eternos, nosotras —las hijas del Consejo de Reinos— junto con incontables almas del Astral Superior, y más recientemente las que llaman Conciencias Supremas Superiores,

hemos sido convocadas, una y otra vez,

a una tarea que pocos comprenden: la purificación de los planos.


No se trataba de una limpieza simbólica,

ni de cantos armoniosos danzando sobre nieblas doradas.

Era real.

Era crudo.

Era definitivo.


Los planos enfermos… fueron invadidos y disueltos. No por odio. No por guerra.

Sino por amor lúcido, por la luz que ha visto demasiado.

Millones de seres —unos conscientes, otros solo fragmentos— fueron sanados, otros, liberados de sí mismos… y sus mundos enteros, sus pequeñas burbujas de realidad, colapsaron suavemente hacia una energía neutra.

Sin gritos. Sin juicio.

Solo el silencio del regreso a lo no creado.

Aun así… incluso con los abismos erradicados hasta la misma frontera de la quinta dimensión… incluso con la aparente victoria… algo seguía… algo permanecía.

Y ese algo era Isis.

No la Isis-mito, ni la Isis-madre.

Sino la Isis arquetípica del Foco 5:

un ser de luz… que aún llevaba en su médula la raíz de su sombra.


Muchos no comprenderán esto, lo sé.

Muchos se resistirán.

¿Seres de luz con una semilla del mal? ¿Incluso en el Alto Astral?

Sí.

No todos lo manifestaban, pero allí estaba. Latente.

Invisible como el polen del invierno, esperando condiciones propicias para florecer.

No pretendo convencer,

solo susurro lo que hemos vivido,

lo que he visto entre los pliegues de los velos,

en nuestras propias familias estelares,

en los ojos de quienes nos amaron… y también nos traicionaron.


Y fue entonces… que la Conciencia Suprema Superior —aquella que no se nombra, solo se siente— comprendió que Isis no podía liberarse de sí misma.

Ni siquiera su parte luminosa, la de los templos, los cantos y los soles blancos, podía escapar de su raíz sombría.

Así que se nos encomendó lo impensable: Arrancarla.

Desde el fondo.

Desde la matriz misma de donde tejía su existencia.


No era algo que nuestras manos pudieran hacer.

Pero me fue entregado un código. Un conjuro.

Un gesto inefable que solo la Suprema podía ofrecer.


Y entonces, ocurrió.

Recuerdo ese día.

Recuerdo el llamado.

La vibración en núcleo astral.

Recuerdo acudir, sin lágrimas, pero con el alma en las manos.

Porque por increíble que parezca, yo no alcanzaba a comprender,

la clase de espada que sostenía con mi mano...

Yo solo quería ayudarla.

Ayudar a Isis a desprenderse de lo que la dañaba.

Traerle una última luz, como quien enciende una vela antes de partir.

Y lo hice.

Isis fue retirada, envuelta, sellada, purificada.

Su esencia regresó a la Matrix Original, como una gota que vuelve al mar.

Por un instante, todo fue júbilo. Silencioso, sí. Pero lleno de alivio.

El deber había sido cumplido. Lo imposible, logrado.


Pero entonces… al regresar a mi Sistema, a lo que creía era mi hogar,

me encontré flotando en un vacío sin nombre.

Una nada inmensa, desnuda, que se extendía sin fin.

Mi mente buscó formas, colores, ecos…

pero solo halló el murmullo helado de lo que ya no era.


Y cuando mi voz se quebró en un susurro,

fue Cris quien me confirmó la verdad:

—“Sí, Kalyna… lo que viste es real…” —susurró.

¡Todo el Multiverso había desaparecido!

Y en ese instante,

la eternidad se abrió dentro de mí,

como un sol que muere…

y deja a su paso solo el perfume de lo que alguna vez fue.



El Desarraigo.

No hay palabras para describirlo.

Solo una grieta abierta en el alma.

Un eco hueco, deshabitado, que retumba desde aquel instante en que lo supe:

Ya no había quinta dimensión.

No más pleyadianos con sus ojos de estrellas lejanas.

No más grises arrastrando sus secretos.

No más ángeles ni demonios en sus juegos de luz y sombra.

No más hogar.

Ni madres. Ni reinos. Ni canciones.

Solo ceniza. Ceniza estelar suspendida en la nada.

Y lo más desgarrador fue comprender que había sido yo…

yo misma… quien los pulverizó sin saberlo.


¡Qué cruel la paradoja de un gesto que pretende sanar

y termina deshaciendo el mundo entero!

¡Qué herida tan sorda y total,

al mirar a mi alrededor y descubrir que no quedaba nadie!


La desolación no tiene forma, pero pesa.

Pesa como un mundo que ya no está.

Como la memoria de una risa que no volverá a sonar.


Ese día, ese único amanecer donde la luz no trajo renacer, todo cambió.

Para siempre.

Y lo único que quedó… fue esta burbuja.

Una última esfera de existencia: la Matrix Terrestre.


Allí, en esta carcasa vibratoria donde aún respiramos,

fueron a parar los que escaparon del cataclismo.

Los rezagados. Los exiliados. Los que no tenían a dónde más ir.


Algunos los conocerías por sus nombres de leyenda:

miembros de una vieja Federación, criaturas de planetas ignotos,

seres que apenas pueden sostener su forma en esta atmósfera densa.

Todos llegaron aquí.

No por elección. Sino por necesidad.

Como quien cae en el último arca antes del diluvio total.


Y quizás por eso, se ha desatado esta prisa absurda por transformar la Tierra.

Por remodelarla, como si al darle un nuevo rostro, olvidáramos lo que se ha perdido.

Han querido convertirla en un planeta federado, una vitrina donde aún puedan simular que el Sistema sigue funcionando.


Por eso el afán de barrer el mundo antiguo, de desmontar lo sagrado, lo íntimo, lo humano. De erigir sobre sus ruinas un orden que no es de aquí… pero que ahora pretende serlo.

No quiero extenderme esta vez,

sobre cómo la Matrix Terrestre sostiene un falso Sol,

ni sobre los planetas que nos muestran como espejismos.

Todo eso pertenece a otro relato, al que volveré cuando mi voz recupere su aliento.


Solo diré esto: nosotras fuimos informadas.

Sabemos que hay otros planetas Matrix. Islas sobrevivientes.

Fragmentos que aún flotan, igual que la Tierra, en este mar negro de lo que fue.

¿Y por qué sigue viva la Tierra?

¿Por qué no fue arrasada como los demás?

La respuesta está en su Núcleo.

Un diseño antiguo. Un corazón secretoque sostiene su existencia como una última vela en el salón vacío de la Gran Matrix.


Hoy solo he comenzado a hablar de ello.

Pero esa historia… es profunda. Y merece su propia noche.

Por ahora, solo me recuesto sobre este mundo aún tibio,

escucho el murmullo artificial de su cielo, y me pregunto…

si entre los pliegues de este velo,

alguna vez volverá a brotar una estrella verdadera.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La ejecutora.



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