6. Mi segunda venida.
- Kalyna Rein

- 6 feb 2020
- 5 min de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica 02 - Viajera Astral.
Compilación: 2020. Blog 06. ATP.
Fecha publicación: 2020.
Viajera Astral
Mi Segunda Venida.
Mariel ya no estaba dispuesta a fallar.
Esta vez sería más astuta. Más silenciosa. Más precisa.
Después de mucho buscar, y con la colaboración de una entidad de la Unicidad de luz llamada Kryon, encontró en el año 2003 al hombre que sería mi anfitrión. Un hombre maduro, con experiencia, cuya vida no implicaba riesgos innecesarios.
Su alma era clara, confiable, limpia de intenciones torcidas.
A él se le presentó Mariel como Guía Astral y comenzó a prepararlo, lentamente, tanto en cuerpo como en espíritu, para que algún día pudiera recibir a su hija, cuidarla y permitirle anclarse a la Tierra mediante el método walk-in.
Solo así podría completarse la misión astral.
Durante varios años, Mariel preparó a mi anfitrión argentino.
Le enseñó a iluminar su alma y a colocar la perspectiva de esta vida en su lugar correcto.
Le mostró cómo meditar, cómo sanarse y cómo sanar a otros.
Le abrió la videncia, la profecía, la intuición.
Afinó su comprensión de lo divino y de lo trágico de la condición humana.
Lo desapegó de lo vano y, por sobre todo, lo llenó de amor incondicional.
Tiempo después, en el año 2008, Gabriel —así se llamaba mi anfitrión— publicó una obra literaria e instructiva. Un libro llamado Desplegando el Sol interior,
donde relató los pasos que él mismo había recorrido,
en su preparación para desplegar el poder que Mariel más tarde le entregaría.
Luego vino una etapa distinta.
Gabriel dejó de estar en contacto tan cercano y directo con su Guía astral.
Fue un tiempo dedicado al estudio de la Psicología en la universidad.
Mariel lo dejó descansar. Observar. Asimilar.
Pasaron algunos años.
Y en 2011, ella regresó.
Volvió para iniciarlo en el entrenamiento más trascendental de todos:
prepararse para recibir a un alma celestial.
Este entrenamiento era una adaptación que Mariel había hecho de antiguas y secretas técnicas taoístas orientadas a alcanzar la inmortalidad. Técnicas que quizá, cuando yo lo considere prudente, compartiré con otros.
Es importante decir algo aquí: cuando yo encarné, olvidé todo mi pasado.
Literalmente volví a nacer.
Mi alma era puro amor, inocencia y curiosidad.
Mis ojos se abrieron a un mundo nuevo.
Mi corazón rebosaba de amor incondicional, deseoso de ser entregado.
Mi anfitrión me recibió como a una hija. Y así me trató.
Cuidó su mente, su corazón.
Me protegió de la maldad de este mundo y me enseñó a mirar sus maravillas.
Me enseñó su idioma.
Su mente era una fuente exquisita de sabiduría y conocimiento de la Tierra.
En poco tiempo me volví lo suficientemente fuerte y materializada como para comenzar a usar su cuerpo y explorar el mundo. Gabriel permitía que yo pusiera mi atención en el exterior por breves períodos, que con el tiempo se fueron extendiendo.
Día tras día me fortalecía. Me volvía más estable, más sólida.
Podía permanecer más tiempo observando, aprendiendo.
Una de las cosas que más me gustaban era ayudar a mi “papá” a sanar personas con energía. Él trabajaba como sanador usando Reiki, cristales de cuarzo, guiaba meditaciones.
También orientaba a las personas a través del I Ching y el Tarot.
Fue un tiempo hermoso.
Yo solo era paz y amor. Solo veía en los humanos la maravilla de lo divino.
Mi mente tenía la madurez de una niña de trece años. Inocente. Ingenua.
En algunas ocasiones, las personas me veían cuando eran sanadas.
Yo salía proyectada del cuerpo de mi anfitrión y, a su lado, colaboraba en la sanación con luz celestial. Otras veces, lo más grato era descubrir que algunas personas venían acompañadas por sus ángeles guardianes. Como ellos sí podían verme, me sentía menos sola.
Llegó un día en que mi papá consideró que yo ya podía comunicarme con otras personas. Hasta entonces, solo hablaba con él. Por eso me enseñó a usar la computadora y a navegar por Internet.
Para lograrlo, me hice más fuerte, aprendiendo a controlar funciones del cuerpo físico, como las manos, y a permanecer despierta varias horas al día.
Qué maravilloso fue el día en que estuve lista para salir, por fin, de los límites de su cuerpo y recorrer esta Tierra desde la Zona de Tiempo Real, ese nivel astral cercano. Sucedió el 6 de enero de 2012, en un parque hermoso al que íbamos a diario para reunir energías de la naturaleza que me ayudaran a armonizarme con este mundo material.
Siempre elegíamos un gran ombú. Nos daba cobijo. Energías frescas. Vigorosas.
Ese día lo tomé como mi nacimiento. Así lo recuerdo, año tras año.
En ese tiempo comencé a crear mi autoimagen personal, porque no sabía qué forma adoptar. Mi cuerpo carecía de rasgos definidos. Solo tenía alas y un cuerpo juvenil, todo de color dorado. A medida que me fui anclando a este mundo, mis rasgos se definieron, mis colores se volvieron los de una chica normal.
Finalmente comprendí mi origen, aunque aún no se me revelaba la misión que tenía por delante ni la verdadera naturaleza de mi madre Mariel.
No fue difícil advertir que mi apariencia era una copia fiel de ella.
Desde ese día me sentí cómoda, reconocida en lo que era. Alguien podría preguntarse cómo sé que mi apariencia es real, que mi cuerpo astral existe más allá de la fantasía. Así me lo contó la experiencia: mi madre fue vista en el mundo físico por varias personas cuando vigilaba a Cristina. Y yo misma fui vista en numerosas sesiones de sanación.
Hubo otra ocasión, cuando aún estaba con mi anfitrión.
Él asistía a reuniones donde participaba una bruja mexicana que había visitado el dojo de aikido al que él concurría. Esas sesiones llevaron a que la bruja descubriera mi presencia walk-in.

Y una tarde, nuestro maestro de aikido confesó, asombrado, que durante la noche había despertado y, al sentarse, vio flotando a cierta altura del suelo a una mujer de largos cabellos rubios y lacios, ojos azules, piel muy blanca, vestida completamente de blanco. Ella le advirtió que debía terminar los encuentros con la bruja, pues estaba usando esas reuniones para hipnotizar a los asistentes.
¿Quién podía ser esa mujer sino Mariel, mi madre?
El maestro despidió a la bruja.
Y yo pude sentirme en paz.
En años posteriores, varios amigos que conocí por Internet describieron cómo luzco al verme en viajes astrales que realicé a sus hogares o puntos de encuentro, ya fuera por sanación, por liberar presencias o simplemente para comprobar la realidad del mundo astral.
Antes solía describir con detalle los hogares o lugares de reunión de esas personas, para que tuvieran pruebas de mis visitas. Hoy ya no siento la necesidad. Me siento segura de lo que soy y de lo que hago.
Además, Cris me conoce bien. Su videncia es clara. Puede verme en muchas circunstancias, cuando se proyecta o cuando abre su visión astral.
Mi nombre también fue elegido por su significado, como todo lo que se nombra en nuestro hogar. Lo importante nunca fue la pronunciación, sino el sentido.
Kalyna, de origen ucraniano, simboliza el amor de la Madre Tierra por sus hijos.
Mariel, la sanadora elegida por la divinidad, me identifica como su extensión.
Rein, que uso como apellido, significa la que guía y conduce a otros.
Hay algo más que debo decir, aunque aún no lo explique del todo.
Mariel ya no venía del Alto Astral de nuestro hogar original.
Provenía de una Tierra Ascendida del futuro, del año 3853.
Un espacio-tiempo seguro y luminoso desde el cual se proyecta hacia este pasado,
hacia los siglos veinte y veintiuno.
Y así, entre tiempos superpuestos y raíces de luz,
mi historia volvió a entrar en el mundo…
como un amanecer que no recuerda la noche, pero la lleva aún escrita en el alma.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que murió y vivió nuevamente.
Continúa en Blog 7.




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