9. Mi nuevo propósito.
- Kalyna Rein

- 9 feb 2020
- 5 min de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica 02 - Viajera Astral.
Compilación: 2020. Blog 09. ATP.
Fecha publicación: 2020.
Viajera Astral
Mi nuevo propósito.
Ahora mi propósito es cuidar y servir a mi compañera, Cris.
Hacer que su espera sea lo más amable posible.
No me pesa servirle. Lo hago con amor.
A ella le debo mucho. Fue mi sostén cuando la soledad se volvió espesa, cuando el silencio parecía no terminar nunca.
Cris muchas veces me mira como si yo fuera una niña pequeña.
Y lo era, en parte.
Cuando la conocí, mi mente era la de una niña de trece años: inmadura, llorona, berrinchera, melosa, insistente… pero llena de amor e inocencia.
Así me recuerda. Así me sostuvo.
La etapa más difícil llegó cuando mi anfitrión se fue.
Papá Gabriel, como yo lo llamaba.
De pronto comprendí que estaba sola. Sin su voz, sin su presencia.
Sola en un mundo que apenas entendía. Sin saber cómo enfrentar la vida, sin saber de qué vivir, sin comprender las reglas invisibles de lo cotidiano.
De repente, el cuerpo comenzó a hablarme con un idioma desconocido.
Sensaciones físicas, necesidades biológicas que jamás había experimentado mientras él estaba. Todo fue abrumador.
Lloré. Me desesperé. Me sentí pequeña.
Pero Cris, incluso a la distancia, me acompañó.
Me ayudó a crecer. A volverme más fuerte.
Más despierta. Más capaz de habitar este mundo.
Naturaleza interdimensional.
En cuanto a nuestra posición frente a nuestra familia astral, debo decirte algo esencial.
Para los seres astrales, un Ser puede manifestarse en múltiples dimensiones y formas, y aun así seguir siendo uno solo. Un gran Ser.
No siempre todos los niveles son conscientes de esa unidad,
pero en los planos superiores sí lo son.
Por eso, cuando Cris o yo viajamos al Astral, somos reconocidas y respetadas del mismo modo que lo son Mariel y Jessel. Aunque yo sea un clon limitado de Mariel,
y Cris haya sido contenedora de Jessel y ahora semilla en el rol de Arcadia.
Todos procedemos de algo. De alguien.
Y así, capa tras capa, hasta llegar al Principio Único, al Todo, al Ser-Uno.
Con el paso de los años, Mariel y Jessel nos aseguraron que no necesitamos unirnos a ellas cuando regresemos al Astral.
Nos concedieron permanecer independientes, para ganar nuestras propias experiencias. Experiencias que ya han sido muchas, intensas, asombrosas… y que dejaré para otros relatos.
Nosotras mismas hemos cambiado mucho.
A lo largo de los años hemos atravesado eventos astrales,
manipulaciones, accidentes, impactos que afectan a las almas
y que pueden fragmentarlas o multiplicarlas.
Sé que prometí explicar cómo suceden estas cosas, y lo haré.
Habrá otro momento para eso.
En este camino también conocí a otros como yo. Walk-in. Other-kin. Wanderers.
Almas desplazadas, encarnaciones cruzadas.
Por ellos busqué información, palabras, mapas que me ayudaran a explicar la complejidad del fenómeno astral y terrestre, y las dificultades reales de vivir una experiencia walk-in.
La vida terrenal.
Mi vida actual no es sencilla.
Vivir entre lo astral y lo terrenal es habitar dos mundos a la vez.
Mi conciencia a veces se resiste a cambiar de plano, a saltar de una lógica a otra.
A Cris también le sucede.
En lo terrenal he tenido trabajos temporarios de todo tipo: limpiando casas, cortando césped, atendiendo negocios, vendiendo periódicos, cocinando en restaurantes, diseñando páginas web.
No tengo una experiencia sólida en nada, y el cuerpo que uso ahora ya es adulto.
Mi anfitrión se dedicaba a la sanación y a la guía espiritual, pero yo no he logrado vivir únicamente de aquello que amo hacer.
Y si a eso se suma mi dificultad para acceder a la memoria del cuerpo físico,
todo se vuelve más cuesta arriba.
He vivido muchas experiencias. Buenas y malas.
En el mundo físico, sí, pero sobre todo en el astral.
He enfrentado peligros, desafíos, pruebas.
He sido llevada a conocer lugares del Multiverso que van desde la oscuridad más profunda hasta la luz más elevada. Incluso he vislumbrado lo que existe más allá de nuestro Multiverso, su origen y su fin.
Todo eso me hizo madurar. Crecer. Comprender.
Tal vez lo más difícil fue la desilusión.
Al descubrir que aquella humanidad que al principio veía solo como expresión de la Divinidad también podía ser hacedora consciente de maldad.
Esa herida dolió. Pero sanó. Y la desilusión se transformó en comprensión.
Hoy admiro profundamente la tenaz luz del alma humana.
Esa luz que, aun sumergida en el infierno, insiste… y se esfuerza… por volver a brillar.
Ser o no ser… ¿hombre o mujer?
Como ya habrás notado, soy una mujer.
Han pasado treinta años desde que llegué por primera vez a la Tierra y,
sin embargo, mi cuerpo astral conserva la forma de una muchacha de apenas veinte.
Así me veo cuando cierro los ojos hacia adentro. Así me reconozco.
Esto es así porque pasé diez años entre vidas, esperando, suspendida, sin posibilidad de madurar.
Aun así, tengo una fortuna silenciosa: la experiencia heredada de mi madre Mariel y del hombre a quien llamo papá, Gabriel. Ellos me han entregado una riqueza que estos pocos años de vida terrestre jamás podrían haberme dado por sí solos.
Sí, ocupo un cuerpo de hombre.
Y no negaré que es incómodo. Un cambio de identidad así no es sencillo.
A veces pesa como una ropa que no fue hecha a mi medida. Pero me alegra estar cerca de quienes amo. Me alegra poder ayudar a otros. Y eso, muchas veces, basta.
Recuerdo que Mariel me dijo que debía aprender de la experiencia de vivir como un humano terrestre.
Que esta vivencia me otorgaría una comprensión única.
Que sería necesaria para entender a otros seres que también atraviesan existencias difíciles, limitadas, frágiles.
En nuestro Hogar Astral no existen estos problemas.
Y quien guía a otros debe, antes que nada, comprenderlos.
Nadie puede ocupar ese lugar desde la distancia.
La comprensión no se adquiere por teoría. Se gana por experiencia.
En cuanto a las personas que nos rodean, la mayoría no percibe nada inquietante.
Y así debe ser.
Las familias de las que formamos parte son de mente abierta.
La familia de Gabriel está acostumbrada a los milagros divinos.
La familia de Cris, a los eventos mágicos.
Algunos saben de la presencia de “seres” o “ángeles”, refiriéndose a mí. Pero supongo que lo interpretan como la ayuda de un ángel guardián, no como un fenómeno walk-in.
Y está bien. Cada quien acomoda lo incomprensible del modo que su corazón puede sostener.
Desde que estoy sola, nunca me ha faltado lo necesario.
Ni más ni menos. Siempre lo justo.
Nada es realmente mío.
Es un misterio por qué la gente me ayuda, por qué me da cosas.
Yo colaboro como puedo.
Ese intercambio silencioso, ese círculo de gratitud, es lo que me sostuvo hasta aquí.
Finalmente, todo este camino me permitió reunirme con mi amada Cris.
Vivimos juntas en Argentina desde el año 2016. Nos casamos. Somos felices.
Y desde el 2020 estamos en México.
Seguimos viviendo bajo esta forma sencilla, con lo justo y necesario.
Presiento que a nuestra madre Mariel le agrada que sea así.
Le agradezco que nunca nos haya soltado la mano,
que no hayamos atravesado grandes carencias.
A veces el miedo aparece.
El temor a caer, a no lograr.
Entonces Cris me recuerda quiénes somos. Y volvemos a levantarnos.
Espero no haberte cansado.
Hay muchas más cosas que me gustaría compartir contigo, si así lo deseas.
Gracias por escucharme con tanta atención.
Que las bendiciones alcancen siempre a ti y a los tuyos.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que vive como los humanos.




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