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3. Mi familia astral.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 02 - Viajera Astral.

Compilación: 2020. Blog 03. ATP.

Fecha publicación: 2020.


Viajera Astral

Mi Familia Astral.


Mi madre Mariel tiene su familia. Sus parientes. Sus amigos.

La familia existe en nuestro Reino como una raíz viva, profunda, sagrada.

No es un lazo impuesto, sino una elección sostenida en el tiempo. Allí se le concede una gran importancia, porque para los seres eternos el vínculo no se mide en años, sino en conciencia.


Allá se cree que una pareja perdura mientras perdure el amor. Nada más. Nada menos. Socialmente, los miembros de una pareja son considerados un solo ser, una unidad indivisible que comparte literalmente todo: poderes y honores, responsabilidades y reconocimientos, deberes y bendiciones, luces y sombras. No hay cuentas separadas cuando dos almas caminan juntas.


Y sin embargo, también es cierto que, a través de los siglos, muchos han tenido varias parejas. De cada una guardan recuerdos preciosos, como se guardan fragmentos de cielo en la memoria.

Porque todo cambia. Todo evoluciona. Todo se transforma.

También la relación entre dos seres. Llega un punto en que los intereses ya no coinciden, en que el beneficio mutuo adopta nuevas formas, en que el amor pide otro rumbo.


La pareja no es posesión. No es pertenencia. Es un compañero en el eterno peregrinar.

Otro viajero que decide compartir un tramo de su inmensa existencia contigo. Y nada más.


Por eso, en mi mundo, es tan importante amar desinteresadamente.

Amar sin poseer.

Amar sin necesitar.

Amar porque el amor desborda y resulta natural compartirlo.


Así, cuando dos seres comprenden que ha llegado el momento de abrirse a nuevas experiencias, dejan de ser pareja. Pero no dejan de amarse. Conservan ese amor puro que se debe a todo ser consciente. Y de manera especial, a quien alguna vez fue uno contigo.


Mi madre Mariel fue fruto de un amor singular.

Su madre, Ashtart, y su pareja, Lilian, desearon perpetuar su unión creando dos niñas.

No por capricho, sino como un acto sagrado. Las crearon para amarse, cuidarse y convertirse en el reflejo vivo de la entrega profunda que ellas, como madres, compartían. Así me lo contaron los ecos antiguos.


Fue con ese propósito que Mariel y Jessel nacieron.

Crecieron juntas, envueltas en amistad y en un amor que no conocía rivalidad.

Mariel se inclinó naturalmente hacia la diplomacia, la sanación, el consejo silencioso.

Jessel, en cambio, fue atraída por las artes mágicas, la exploración de otros mundos y el combate.


Su nombre, Jess-el, significa Hija Divina, Hija Sagrada. Y su otro nombre, Arita, que la acompaña como linaje, significa Protectora de lo Sagrado.


No entraré aquí en debates sobre la ética de mi sociedad. Bastará decir que mi pueblo no piensa ni siente como los seres de la Tierra. Vivimos desde otro punto de conciencia. Desde otro ángulo del existir.


Pero era necesario decir esto.

Nombrar estos orígenes.

Porque solo así puede comprenderse la sombra que comenzó a gestarse.

La tragedia que, silenciosa, ya avanzaba entre los pliegues del destino.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

Heredera de un Amor trascendental.


Continúa en Blog 4



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