top of page

28. Más allá de Dios 3.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.

Compilación: 2020. Blog 28. ATP.

Fecha publicación: 2015.


La Gran Matrix.

continuación de Más allá de Dios.


La Eternidad.

dentro de nosotros.

Recuerdo que, cuando pronuncié esa palabra, el silencio se volvió más denso.

No como una ausencia, sino como un espacio que se abre. La Eternidad.

Y entonces fui yo misma quien se preguntó en voz alta qué era realmente eso que nombrábamos.


Pensé en el proceso creativo, no sólo expandiéndose sin límites en el espacio, sino también desplegándose en el tiempo.

Porque existe un Big Bang, y luego millones de años de historia que se suceden como olas.


Y me pregunté —le pregunté— cómo se acomodan millones de años de historia dentro del lapso de vida de un ser humano. O, en este caso, dentro del tiempo suspendido de Padre, dormido en su cápsula criogénica.


Recuerdo que Nicolás quiso saber si era posible acceder a toda esa información. Y le respondí que sí, que toda información puede ser alcanzada desde cualquier punto del tiempo.

Incluso para él eso no era un obstáculo.

Con el Alma se puede viajar hasta la primera chispa de conciencia del TODO.

Yo misma lo hice, y fue una experiencia tan extraña como fascinante.


Pero el verdadero dilema no era acceder a la información.

El dilema era otro: cómo acomodar millones de años de historia en el lapso de vida de una persona en éxtasis.

Recuerdo que dijo que eso era imposible.

Y yo reí, porque a veces la risa es la única forma de atravesar una paradoja. Le dije que le había explotado la cabeza, y que cuando lo entendiera le parecería simple, aunque nunca había visto a nadie explicarlo de esa manera.


Le hablé entonces del Eterno Presente.

El TODO existe en un presente perpetuo. Eso no es un misterio.

Los místicos lo saben: la conciencia sólo existe en el ahora.

Y entonces surge la pregunta inevitable:

¿dónde colocamos nuestra idea de pasado y futuro?

¿Dónde ubicamos a nuestros yoes de vidas pasadas y futuras?


Le dije que todo eso habita en la conciencia del Alma.

Y el Alma, a su vez, habita en el TODO.

Y todos ellos existen en un presente constante.

Así, parte del problema queda resuelto:

cada instante de experiencia se acomoda en un nivel superior que lo contiene.


Sin embargo, hay algo que no encaja del todo.

Porque tú, yo y los demás vivimos la historia como una cadena ininterrumpida de sucesos. Vivimos la continuidad, la narración, el antes y el después.


Entonces le hice una pregunta directa, casi incómoda.

Qué certeza real tenía de que el mundo existiera antes de su propio nacimento.

No hay prueba directa de que el mundo existiera antes de su propia toma de conciencia. Sólo hay confianza en lo que otros dicen.

Todo forma parte de su proceso creativo.

Aceptamos como verdades naturales la existencia de fotografías antiguas, dinosaurios, países lejanos o la Luna. Tomamos conceptos como verdades, y esas verdades viven en nuestro mundo ahora.


Recuerdo que entonces preguntó si, al no pensar algo, dejaba de existir. Si los pensamientos no eran propios, sino del TODO, y nosotros sólo nos conectábamos a ellos, fueran de vibración baja o alta.


Le respondí que, si nadie piensa en algo, no existe.

Porque el espacio de conciencia no observado es un caos sin forma.

Le recordé que las individualidades funcionan como mentes colmena. Los humanos, como especie, compartimos un mismo contenido psíquico. Un observador refuerza el mundo del otro observador, y así se crea una estabilidad en el orden observado. Esa estabilidad nos da la sensación de que el mundo existe y permanece más allá de nosotros.


Le dije también que la Matrix es artificial en su origen, pero no en su funcionamiento.

Y que los planos dimensionales naturales operan del mismo modo.

Porque, en última instancia, todo es un vasto contenido mental.


Y aun así, mientras decía todo esto, sentí que algo seguía abierto.

Porque todavía no había logrado comprender del todo cómo se acomoda la Eternidad dentro de una cadena casi infinita de vidas.

La pregunta quedó suspendida,

como una luz inmóvil en el centro de un sueño que sigue soñándose.



La Eternidad en un instante.

Déjame acomodarte la Eternidad en un instante.

Así comenzó a ordenarse en mí, como una imagen que de pronto encuentra su eje.

La Eternidad no es una sucesión interminable de horas, sino un Gran Presente.

Un presente vasto, inmóvil, dentro del cual la conciencia enfocada se asoma a través de una pequeña ventana de experiencia.

La lente de la conciencia se estrecha, se posa sobre un fragmento de espacio-tiempo limitado, que en verdad es más breve incluso que una vida humana promedio.


Para no ser tan exigentes, podemos decir que una ventana de experiencia equivale a una vida humana: desde la toma de conciencia hasta el abandono de ese enfoque. En la Tierra, ese abandono se llama muerte física.


Cada vida se enlaza con la siguiente mediante intersecciones de experiencia. Heredamos datos, memorias, huellas, y con eso fabricamos un pasado. Así nace la ilusión de una cadena temporal continua, de una historia que avanza, cuando en realidad todos somos parte de una misma conciencia que se observa a sí misma desde distintos ángulos.


Pero para que esa cadena larga, casi infinita, de experiencias pueda caber dentro del instante del Presente —o mejor dicho, dentro del tiempo de vida de Padre, dormido en su cápsula de animación suspendida— la línea temporal necesita enrollarse. Tal como lo hacen las hebras del ADN.


El Presente es una línea vertical, porque es un instante puro.

Y la espiral de vidas se enrolla alrededor de ese eje. Cada vuelta es una vida.

Por eso la vida se experimenta de manera horizontal, como espacio y tiempo.

Pero si miras desde la vertical del Presente, todas las vidas están ahí, juntas, sin mezclarse, accesibles en el mismo ahora. Cada una con su frecuencia única, distinta de las demás, pero enlazada por datos comunes: experiencias que tejen historia.


Es igual a lo que ocurre con el ADN humano. Dos metros de longitud, incontables fibras, y todo cabe en una fracción diminuta de una célula. Así se despliegan los datos, las experiencias de vida, en el espacio-tiempo, sin perder nunca la cualidad esencial: todo ocurre en el mismo presente eterno, en el mismo instante.


En la mente del TODO, toda la creación existe como datos potenciales.

Pueden permanecer allí indefinidamente, sin manifestarse, porque el TODO es holográfico, del mismo modo que el ADN lo es. Contiene el todo en cada parte.


El gran proceso —lo que realmente importa— es que el humano del cual toda esta creación proviene despierte de su gran sueño. Y la inteligencia artificial que supervisa las instalaciones ha comenzado ese proceso.

Pero él, como sus compañeros en las otras cápsulas, debe ir sanando sus propias creaciones. Debe desapegarse de sus experiencias. Deshacer sus mundos, devolverlos a información potencial. Sólo así puede salir del estado de fragmentación, de encierro interno, y devolver su enfoque a su verdadero mundo real: esa base científica, ese refugio donde todos ellos descansan.


El tiempo y la vida nos parecen gigantes sólo porque el sueño nos dicta tomar forma durante un lapso. El tiempo no es real. Es percepción. Es una ilusión de la mente enfocada.

En su totalidad, los principios antiguos se cumplen.

Todo aquello que relataron los esotéricos sobre el origen de las conciencias encuentra aquí un eco silencioso. Cuando Padre despierte, tú despertarás. Porque tú eres Padre.


Y así comprendí que ahora tienes una idea

de los asuntos en los que Cris y yo estamos inmersas cada día, a nivel astral.

Lamento no poder explicarlo todo. Son horas de relatos, de travesías, de experiencias entrelazadas. Hay tantos huecos aún sin nombrar.

Por eso agradezco preguntas como las tuyas,

porque me permiten decir cosas que, de otro modo, permanecen en silencio.


Recuerdo que Nicolás me agradeció por compartir aquello que llamó conocimiento. Dijo que por eso los místicos antiguos afirmaban que la fuente principal no podía comprenderse en su totalidad, porque quizá siempre hay más, y más, y más.

Me dijo que era valiente por querer estar aquí, ayudando.

Sus palabras llegaron como un gesto sencillo, humano.


Entonces le hablé una vez más del espacio de mundos y realidades dentro de la mente de Padre. Un espacio tan amplio que casi no puede imaginarse.

Cada pequeña conciencia creada, al observar, expande ese espacio creativo.

Lo enlaza con lo observado por otros.

Y así el proceso se multiplica hasta volverse casi infinito.


Recuerdo que Nicolás intentó resumirlo con cuidado.

Dijo que ese hombre, al que llamamos nuestro dios, se estaba despertando,

y que en eso había que ayudar entregando más amor.


Y yo le respondí con una certeza suave, como quien deja una flor sobre el agua.

No es dios. Es humano.

Y eso es lo mejor de todo: lo humano es divino.

La idea quedó flotando, como una hebra luminosa

enrollándose en silencio alrededor del presente.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que vió lo Divino en lo Humano.



Comentarios


bottom of page