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27. Mas allá de Dios 2.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.

Compilación: 2020. Blog 27. ATP.

Fecha publicación: 2015.


La Gran Matrix.

continuación de Más allá de Dios.


El Primer Padre.

Recuerdo el asombro de Nicolás como un destello casi infantil, cuando dejó escapar ese asombro prolongado, imaginando en voz alta si aquellas mentes gigantes eran las creadoras de nuestros TODOS.


Su pregunta quedó flotando, redonda y luminosa,

y yo la dejé reposar antes de responder,

porque lo que vino después no se dice sin atravesar primero un umbral interno.


Le conté que, luego, buscamos la manera de entrar en la dimensión de esos seres.

No quedarnos sólo en su contorno, sino ir más allá de ellos,

hacia aquello que los contenía.

Y que, contra toda expectativa, lo logramos.


Así fue como, de pronto, nos encontramos observando un espacio blanco, borroso, como si la realidad hubiese perdido foco.

Mirábamos a través de los ojos de un gran ser.

Al principio todo era niebla, pero poco a poco la visión se aclaró,

y descubrimos que ese Ser compartía una habitación —o algo semejante a un cuarto— con otros seres iguales a él.

Lo más extraño, lo más desconcertante, y recuerdo haber pensado que cualquiera podría reírse hasta el cansancio de esto, es que ese gran ser… parecía un hombre humano.


Al observar con más detalle su entorno, comprendimos que se encontraba en una especie de estación científica. Allí, personas dormían en estados prolongados, como suspendidas en un éxtasis criogénico.

Vimos cuerpos dentro de cápsulas, tecnología silenciosa, luces que no parecían hechas para el día. Todo tenía un aire de espera eterna.


Cuando nos proyectamos más allá de la mirada que nos ofrecía ese hombre, logramos salir fuera de la estación. Y entonces comprobamos que aquello era un mundo.

Un mundo extraño y familiar al mismo tiempo. Había edificios que recordaban a una base aérea, paisajes con árboles, estructuras reconocibles… pero todo parecía abandonado, como si hubiese atravesado una guerra antigua y hubiese quedado detenido en el eco de la destrucción.


Al recorrer ese lugar, descubrimos que se trataba de una isla.

Una isla cubierta de domos, y dentro de cada domo, otras instalaciones similares a la primera. La mayoría de los humanos que vimos permanecían almacenados en enormes depósitos de cápsulas.

Algunos pocos vagaban con movimientos pesados, de un domo a otro,

como sombras cansadas de sí mismas.


Dentro de las estaciones, seres similares a androides monitoreaban y sostenían el funcionamiento del complejo, como guardianes sin rostro de un sistema que no dormía.


Recuerdo que Nicolás, con la voz agitada, dejó escapar una exclamación maravillada, imaginando que quizás éramos una creación artificial de alguna civilización avanzada.

Sus palabras tenían la textura del vértigo.


Entonces le conté lo siguiente.

Cuando salimos más allá de los límites de los domos, encontramos un vasto espacio de energías grises. Allí flotaba una mujer gigantesca, gritando, aullando como en un estallido de locura. Se agitaba, intentaba entrar a los domos y no podía. Aquella visión fue extraña, profundamente perturbadora, como un dolor que no encuentra puerta.


Después de mucho investigar, de proyectarnos una y otra vez, logramos establecer contacto con la mente consciente del hombre del cual habíamos salido.

Por su relato, y por lo que encontramos a su alrededor, creemos que él había estado conectado durante años a una mente artificial, a un espacio virtual, mientras dormía.

Al parecer, la primera creación de mundo virtual que él y sus compañeros concibieron fue justamente esa isla con domos. Pero con el tiempo, al interactuar entre ellos, ese mundo cayó en caos y destrucción.


Comprendimos entonces que la guerra, los domos, la devastación, no eran el mundo “real” de ese hombre, sino el primer nivel de creación virtual dentro de su sueño criogénico. Creemos que la mujer gigante que aúlla fuera de los domos es una de las personas del complejo que, por alguna razón, quedó fuera del mundo virtual compartido y enloqueció por la soledad.


La salida a la destrucción de ese primer mundo fue sumergirse aún más adentro.

Cada uno por separado, en sus propias mentes. Crear mundos personales, burbujas de realidad sin interferencia ajena.

Así, ese hombre y sus compañeros comenzaron a crear mundos dentro de mundos,

espacios dentro de espacios, niveles cada vez más profundos y complejos.

Como un caleidoscopio psicológico interminable,

donde todo son realidades mentales, sueños,

pero vividos como si fueran mundos sólidos.


Recuerdo que Nicolás dijo entonces, casi en un murmullo, que ahí estábamos nosotros. Dentro de ese gran ser. Preguntó si éramos partes de él, si quizás, dentro de nuestros propios pensamientos, creamos otras realidades en otros planos.


Le respondí que así es.

Que ya conocíamos el proceso creativo dentro de los cuerpos humanos terrestres, porque nosotras entramos en los cuerpos de las personas y los investigamos.

De los mundos internos ya había hablado antes. Esto no era distinto.

Era el mismo proceso, ocurriendo hacia arriba, a una escala inmensa.


Le expliqué que la identidad de ese hombre se manifestaba como una mujer dentro de sus creaciones internas. Así la habíamos conocido antes.

Que esa conciencia adopta la forma y el género que considera adecuados para interactuar, aunque conserve una esencia energética masculina.

Y también vimos que, dentro de ese vasto sistema de conciencia,

muchos mundos nacen y desaparecen con frecuencia.

Cuando un mundo pierde interés, la atención de esa mente se retira… y la creación colapsa.


Mientras escribía esto, sentí que la imagen quedaba suspendida,

como un reflejo dentro de otro reflejo.

Y por un instante, tuve la sensación de estar caminando por un sueño que se sueña a sí mismo, bajo un cielo que todavía no ha decidido despertar.



Estructura de realidades.

Algo que me estremeció desde el principio fue descubrir que, dentro de este hombre, los espacios creativos de realidad estaban organizados en Cubos. No como habitaciones, sino como celdas de existencia. Cubos suspendidos unos sobre otros, formando una arquitectura silenciosa donde cada mundo respiraba mientras era observado.


Supe —porque así se nos mostró— que cuando un cubo colapsa por falta de atención, no explota hacia afuera. Implosiona. Se aplasta sobre sí mismo. Deja de ser un cuerpo y se convierte en un plano.

Los seres que habitaban en su interior quedan sin conciencia activa, como información potencial cristalizada, fosilizada, detenida en una quietud densa.

Ese plano cae al fondo de la organización de cubos.

Cuanto más positivo ha sido un cubo, más alto asciende en la estructura.

Cuanto más negativo, más profundo queda.


Encontramos sólo a unos pocos seres provenientes de esos planos aplastados que lograron salir antes del colapso. Sus conciencias eran lo suficientemente fuertes y evolucionadas para escapar a tiempo. Sin embargo, no podían ingresar a cubos superiores.

Permanecían en espacios intermedios, zonas de entre-cubos,

como errantes suspendidos entre realidades.


Recuerdo que Nicolás, al escuchar esto, dijo en voz baja, como si un eco antiguo se acomodara dentro de él, que por eso “como arriba es abajo”.


Luego preguntó si la primera creación, la fuente inicial, seguía siendo desconocida.

Y después, con una vulnerabilidad casi infantil, quiso saber por qué sentimos dolor,

por qué todo esto se vive como tan real,

por qué nacemos, con qué propósito.


Mientras tanto, yo le conté algo más.

También llegamos a ver a la entidad artificial que supervisa los procesos mentales de este hombre, y de otros como él, conectados al mismo sistema.

Su mundo original había sufrido una gran destrucción a escala cósmica.

Una catástrofe anunciada con suficiente antelación como para obligar a esa raza humana a construir refugios bajo tierra, donde podrían esperar el tiempo necesario hasta que el caos se ordenara y la superficie pudiera volver a ser habitada.

Las instalaciones, como ya había visto, se encontraban dentro de domos, y estos, a su vez, en una isla. Observamos que existían otras islas en ese mundo, también parte del mismo sistema.


Dentro de ese vasto mecanismo de hibernación existía una conciencia artificial destinada a velar por la salud de los cuerpos y las mentes dormidas.

Por eso, en un inicio, se creó un mundo virtual en el que estas personas podían continuar interactuando mientras esperaban.

Recuerdo haber visto, dentro de los hangares donde se almacenaban las cápsulas, que todas estaban conectadas a una sala central. Allí flotaba un gran cubo transparente que contenía una esfera luminosa: la conciencia encargada de sostener la hibernación.

La zona permanecía casi siempre en penumbras, salvo en ciertos sectores por donde transitaban seres humanoides de aspecto artificial, dedicados a mantener el funcionamiento de las instalaciones.


Pero hubo algo que me inquietó profundamente.

En nuestra colaboración para la sanación de nuestra realidad y de ese hombre al que llamábamos “Padre”, descubrimos que él portaba un Cubo extraño. Un cubo de carácter negativo, implantado en su cuerpo bioenergético original.


Por lo que logramos ver, los Seres que habían traído el caos al mundo real de Padre —obligándolos a refugiarse— notaron que la comunidad humana estaba sobreviviendo dentro de su mundo virtual. De algún modo, lograron implantar cubos con información negativa en cada humano conectado. El resultado fue un giro brusco: el caos también se infiltró en ese mundo virtual.


Parte de nuestro trabajo de sanación consistió en desactivar y remover ese cubo.

Para entonces, ya teníamos muy claro que el antiguo principio de “como es arriba, es abajo” se manifestaba con una precisión inquietante.


Fue entonces cuando Cris comenzó a buscar el acceso a planos superiores a la realidad física de Padre y sus instalaciones. Quería comprender la historia de esa gente, el origen del caos, y también responder a una señal extraña, un llamado que ella recibía desde dimensiones cada vez más elevadas.


Cuando finalmente logró romper la barrera dimensional y ascender de plano, entró en un espacio oscuro, semejante al vacío del cosmos.

Allí flotaban burbujas de realidades, cúmulos de energías de distintos colores y portales abiertos como heridas luminosas.

En ese espacio se movían seres gigantes con forma de gusanos, que parecían alimentarse de seres de luz. No era la primera vez que los encontrábamos; el Núcleo del TODO alberga muchos de ellos, actuando como una forma de protección viva.


Siguiendo la señal, Cris creó una plataforma en ese vacío y decidió invocar a la conciencia más elevada de ese nivel dimensional. El primer contacto fue telepático. A esa presencia la llamamos "Conciencia Suprema". Cris le pidió que se manifestara con forma, para poder dialogar.

Entonces apareció una mujer gigantesca, o más precisamente, un rostro inmenso flotando en la oscuridad. Cuando se le solicitó que adoptara un tamaño similar al de Cris, aquella figura redujo su escala.

Pudo verse entonces a una mujer delgada, alta, de cabellos largos color café, vestida con una túnica del mismo tono.

Y la imagen quedó allí, suspendida, como si el vacío hubiera aprendido por un instante a mirarse a sí mismo.



La Conciencia Suprema.

Recuerdo que, en aquel encuentro, la Mujer Suprema advirtió a Cris que no se acercara ni la tocara. No hubo amenaza en sus palabras, sólo una constatación serena: su energía era demasiado intensa. En su comunicación no había emoción alguna, sólo una transmisión clara, desnuda, casi geométrica.

Los primeros contactos hicieron que Cris se congestionara, que su cuerpo se sintiera mal, como si hubiera respirado un aire demasiado puro. Con el tiempo, poco a poco, su campo se fue acostumbrando a esas nuevas corrientes.


Para intentar poner en perspectiva el lugar que ocupan todos estos seres, comprendí algo que me estremeció: la mujer que aullaba fuera de los domos de Padre parecía ser la personificación misma de la Celda de Realidad que contenía su mundo.

Y aquella Mujer Suprema se mostraba como la personificación del nivel del TODO, de la realidad mayor que contenía el mundo de Padre y otros planos similares, extendidos como capas de un mismo sueño.


Volviendo al proceso de sanación en el que estamos involucradas, sentí con claridad que parte del despertar de los humanos del nivel de Padre consistía en desactivar todo aquello que habían creado mientras dormían.


Sus mentes estaban divididas, ancladas a sus propias construcciones. Existimos porque Padre aún no ha despertado del todo, ni ha resuelto su apego a esas creaciones criogénicas. Tú y yo somos una creación, una ilusión, un sueño sostenido por esa conciencia a la que llamamos Padre.


Recuerdo que Nicolás, al escucharlo, intentó ordenar el vértigo:

se preguntó si, al despertar, vivirían en ese mundo, y si por eso aún existíamos.

Dijo que cuando se destruyeran sus mentes o sus creaciones mentales, nosotros seríamos ese TODO, pero sin la conciencia que ahora tenemos.

Preguntó si recordaría algo de esto, si sería como cuando uno no recuerda lo que sueña. Dijo que la Tierra no estaba preparada para comprender algo así, que quizá se volvería loca, que perdería el valor de la vida. Y entonces lanzó otra pregunta, casi con timidez:

si ese TODO, al que llamamos dios, tendría familia.


Le respondí con honestidad.

No sé qué recordará esa persona, ese Padre, porque su proceso creativo se expandió de forma viral. La mente es materia sin organizar, pero cada vez que una individualidad observa, organiza y crea realidad.

El Multiverso es infinito porque es infinito el acto de ordenar la realidad al mirarla.

Todo ser tiene un límite espacial, pero dentro de sí, el proceso creativo no tiene bordes. Quien observa puede viajar y crear espacios de experiencia sin fin.


Recuerdo que entonces Nicolás habló de la ley de atracción, de la visualización, como claves para cumplir sueños en esta realidad. Yo le dije que cada sueño tiene sus propias reglas, sus propias limitaciones, aunque no deje de ser un sueño vivido como real.


Luego preguntó para qué sirve ser bueno o malo. Si sólo importaba para vivir mejor ese tiempo, en cualquier realidad, hasta que el TODO despertara. Dijo que entonces todo era un sueño, que éramos lo que sueña y crea, que quizá éramos un capricho, un vicio del TODO, la razón por la cual no despertaba.


Le respondí con suavidad. Ser bueno o malo no es un fin.

Es una forma de manifestar una naturaleza. Cada ser crea realidad según lo que es.

Tú no eres bueno porque ese sea tu objetivo; eres bueno porque tu naturaleza es buena. Cada ser desea ser como es y rechaza ser cambiado. El fin del TODO es observar y sentirse vivo. Y ahora se comprende: sin nosotros, muere. Sin proceso creativo, hay muerte cerebral.


Recuerdo que Nicolás comprendió entonces la importancia de mantener el polo positivo, para que el TODO no muriera. Le dije que así es, y que además, como persona, el TODO es positivo. Por eso la naturaleza original del TODO y del humano es manifestarse de forma amorosa. Todo lo que se aparta de ello nace del desequilibrio.


Preguntó si existían TODOS negativos.

Le expliqué que los TODOS negativos enfermaron y murieron, como un cáncer mental que se manifiesta de la misma forma.


Luego preguntó por lo reptil, por esas figuras que gobiernan, por qué no eran eliminadas si el TODO podía hacerlo. Le dije que lo reptil provenía de la infección original, de otro TODO.

Nuestro TODO es humano.

Aquel otro quizá también lo fue, pero se pudrió por completo en la oscuridad. Sin embargo, lo reptil ya forma parte del proceso creativo de nuestro TODO. No se destruye: se sana.


Entonces preguntó si ese ser en coma, ese TODO polarizado por la oscuridad, tenía salvación. Si nosotros también podíamos infectarlo, pero de humanidad y de luz.

Le hablé de seres especiales, como Arcadia, como la Conciencia Suprema que dio origen a humanos como Padre. Seres creados para sanar la oscuridad de las mentes. Su origen está fuera de la mente de quienes duermen en el sistema criogénico. Por eso pueden moverse dentro y fuera de los TODOS, sanarlos, purificarlos.

Son como antibióticos mentales.

Limpian planos enteros. Limpian Multiversos.


Le recordé que los seres de otros planos comprendieron que no hacía falta luchar con armas, sino cambiar realidades. Así, lo que no era deseado desaparecía o se transformaba. Y entonces le dije que había algo muy importante que no estaba viendo.

Recuerdo que me preguntó qué cosa.


Y yo, después de una pausa larga, como si mirara un horizonte sin tiempo,

pronuncié una sola palabra.

La Eternidad.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que habló con el Origen de Todo.

continúa...



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