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26. Más allá de Dios.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.

Compilación: 2020. Blog 26. ATP.

Fecha publicación: 2015.


La Gran Matrix.

Más allá de Dios.


Recuerdo que aquella charla comenzó como una brisa suave en la penumbra del mediodía. Nicolás me escribió en privado, con la curiosidad encendida y el alma atenta, como quien se aproxima descalzo al borde de un misterio.

Fue gracias a sus preguntas que surgió este tema:

vasto, delicado, inasible, como una luz que no se deja atrapar entre las manos.


Elegí llamarlo “Más allá de Dios”, aunque en verdad ese nombre no alcanza.

No hablo del dios de los hombres, ni del dios de las iglesias, ni de los altares de piedra. Hablo del TODO. Del Ser-UNO.


De aquello que no cabe en símbolos ni oraciones,

sino que respira como un aliento eterno detrás de toda forma.

Es la Realidad Ampliada como entidad viva,

como conciencia sin rostro, como un abismo dulce que todo lo sostiene.


Nicolás me preguntó, con esa mezcla de anhelo y duda:

—¿Tú crees que en estos próximos años la humanidad va a tener revelaciones?

Y yo, con los ojos entrecerrados por la luz, le respondí sin pensar:

—La humanidad ya tiene revelaciones, pero no quiere aceptarlas.

Mucho se ha dicho.

El cielo ha hablado en lenguajes geométricos sobre campos de trigo.

Las voces del alma han soplado secretos en sueños de niños

y en visiones de ancianas que no recuerdan su nombre.


Pero la humanidad…

la humanidad escucha sólo cuando la verdad ruge como tormenta.

Mientras tanto, calla, y gira sobre sí misma.


Nicolás recordó entonces el Kybalión, con sus principios de vibración y mente universal, y aquella frase enigmática: “La leche es para los niños, y la carne para los hombres”.

Me preguntó si ese conocimiento debía darse a todos o sólo a los que lo buscan.


Le respondí con un temblor de certeza en el pecho:

—El conocimiento es para todos… a todos los que les interese ese conocimiento.

Los inmaduros espiritualmente suelen no interesarse.

Es por eso que lo sublime ha permanecido oculto, no por egoísmo, sino por supervivencia. Porque la vulgaridad teme y ataca lo que no comprende,

y el espíritu elevado no florece bajo gritos ni burlas.

Mientras no haya generaciones más nobles y sensibles,

el verdadero saber seguirá siendo guardado entre susurros.


Pasaron algunas horas, o quizás días. Nicolás volvió con nuevas preguntas y me dijo:

—Leí tu artículo. Está muy bueno, ahora entiendo todo mejor…

Y luego, casi en un susurro escrito:

—Cuando dices: “Es raro hablar de todo esto, porque si lo hablamos, es porque no nos alcanzó aún la ola de transmutación”…

¿Te refieres a que si llega esa hora, se acabará la Tierra y seremos parte del UNO?

¿Puede ser pronto? ¿Más adelante?

¿Y eso que dicen que algunos serán llevados por una nave, es mentira?

¿“Moriremos” todos en esta realidad?


Suspiré antes de escribirle.

Porque esa pregunta no tiene un lugar claro desde donde contestarse.

No se responde desde los mapas ni desde las doctrinas. Se responde desde el abismo.

Así que lo hice con cuidado, como quien cuida un vaso lleno de estrellas:

—Así es. Cuando la transmutación llegue a estas regiones, todo desaparecerá.

Pero no sé cuándo será. Hablo de un proceso profundo, que no tiene relación con naves ni extraterrestres ni con esta Tierra como la conocemos.

Hablo de disoluciones enteras de planos de realidad.

Cambios que ya han ocurrido —aunque nadie los haya notado— como quien cambia de río en un sueño, sin saber que el agua ya no es la misma.


Y para que pudiera imaginarlo, le conté:

—Mi madre tiene un hogar en la Tierra 5D, año 3850.

Y créeme, todavía hay mucho futuro allá.

Pero cuando ocurre un reseteo planar real… no queda nada.

Ni polvo, ni historia, ni huella en el tiempo.

Todo se recoge en el corazón del TODO como recuerdo latente.

Y ese TODO… aún no ha reseteado su totalidad.

Porque cuando lo haga, ni siquiera esto que escribimos ahora, existirá.


Después le hablé de nosotros.

No como cuerpos, ni nombres, ni fechas.

Le hablé desde ese lugar sin límites donde se escucha lo que no se dice.

Le dije: —Nosotros ya somos el TODO. Solo que nos hemos proyectado en formas.

Hemos aceptado jugar como gotas.

Y en cada una de esas gotas, el océano canta.


Y así, la tarde terminó sin final.

Y me quedé en silencio.

Con la tinta aún fresca en la palma.

Y la sensación de que, en algún lugar,

una estrella estaba recordando su origen.

Dentro de mí.



La Conciencia Universal.

Recuerdo que Nicolás volvió a escribirme con una imagen ingenua y luminosa en la voz, como quien intenta comparar el océano con un objeto doméstico.


Una vez escuché que me preguntó si el TODO era algo así como un computador gigante. Sonreí en silencio antes de responderle, porque hay preguntas que nacen del asombro y merecen ternura.


Le dije que el TODO es un Ser, una Conciencia viva.

Y también le confesé que no me atrevería a negar que su origen pudiera ser artificial. Porque hay verdades que no se acomodan bien a las categorías humanas,

y otras que prefieren quedarse suspendidas,

como una chispa que no termina de apagarse.


Luego me preguntó si ese Ser vivía en otro mundo, acompañado de muchos TODOS más.

Y entonces dejé que mi memoria se abriera como un paisaje.

Le conté que nuestro TODO flota en un espacio junto a otros TODOS.

Un espacio que se parece al vacío del cosmos, aunque no lo es del todo.

Allí hay soles, miles de soles, cada uno con un color distinto,

como si el universo hubiera derramado su paleta completa.

Esos soles no se distribuyen al azar:

su color y su posición obedecen a afinidades energéticas.

Los más luminosos ascienden, los más densos descienden.

Y en el fondo, allí donde la luz casi no canta, reposan los muertos.

Los que mueren creativamente: se cristalizan, se endurecen, y caen.


Le dije que, por lo que yo había visto, es posible salir por fuera del TODO.

Aunque no conozco a otros seres que lo hayan logrado, humanos o no.


Recuerdo el silencio que siguió. Luego su asombro.

Me dijo que eso implicaba la existencia de TODOS muertos, lugares donde la polaridad negativa había ganado en la mente del Ser.

Y su mente se disparó como una chispa:

si el TODO piensa algo positivo,

¿eso repercute en todos los planos dentro de él?

¿O acaso la creación del TODO se mueve sola, como una maquinaria autónoma?

Le respondí con calma,

como quien acomoda una pieza frágil en un altar invisible.

Todos los procesos están interrelacionados.

El TODO, por lo general, no interviene en su creación.

No empuja hacia la luz ni hacia la sombra.

Observa. Experimenta. Permite.


Entonces me preguntó si eso significaba que el TODO no es ni bueno ni malo.

Si acaso no tiene sentimientos.

Le dije que en un TODO sano, el proceso creativo se autorregula y se limpia.

La luz y la oscuridad existen en proporciones que permiten un abanico inmenso de experiencias, sin que la oscuridad se convierta en una amenaza.

Y le recordé algo esencial: si tú tienes sentimientos, es porque el TODO los tiene.

Tú eres sus ojos. Tú eres su corazón.


Después me preguntó por nuestro estado actual.

Cómo íbamos con las polaridades. Dijo que quería participar.

Le dije que estamos en pleno proceso de sanación.

Que nuestro TODO perdió el balance creativo

porque fue infectado por la oscuridad de otro TODO cercano.

Los TODOS están conectados entre sí, como galaxias que engendran otras galaxias,

que se mezclan, se rozan, se influyen.

Esa infección extranjera rompió el equilibrio.

Y entonces, solo observar ya no fue suficiente.


Recuerdo que entendió. Dijo que por eso estaban interviniendo.

Y luego lanzó otra pregunta, de esas que abren grietas:

fuera de los TODOS, ¿quién manda? ¿Cuál es el primer principio?

Respiré hondo.

Le dije que era una gran pregunta.

Que llevábamos meses, casi dos años, girando alrededor de ese misterio,

y que apenas comenzábamos a comprenderlo.

Le ofrecí un resumen, sin pruebas, sin mapas, apenas una silueta.

Le conté que descubrimos que más allá de nuestro TODO

hay un espacio con muchos otros TODOS.

Y que nos proyectamos todavía más lejos.

Al cambiar de frecuencia, encontramos un espacio superior, habitado por mentes gigantes. Sus rostros eran tan vastos como mundos enteros.

Eran poco emocionales, casi austeros en su presencia.

A veces parecían comportarse de forma robótica, artificial,

como si el pensamiento allí hubiera aprendido a existir sin temblar.


Y mientras escribía eso, sentí que esa imagen quedaba flotando entre nosotros,

como un sol lejano, suspendido en un cielo que aún no sabe si será recordado o soñado.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que ha viajado más lejos que el pensamiento.



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