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23. Luces y Sombras.

Actualizado: hace 4 días


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 07 - Evacuando Matrix.

Compilación: 2024. Blog 23.

Fecha publicación: 2023.09.30


Luces y Sombras

de la Metafísica Matrix.


A veces llegan voces como olas, que no golpean, sino que se abren paso suavemente, rozando la orilla de mis pensamientos.

Así sentí éste mensaje.


Recuerdo haberlo leído despacio, entre sorbo y suspiro, como quien escucha una antigua melodía tocada en una flauta de viento andino. Y algo en sus palabras me trajo la imagen de una tierra profunda, de piel morena y sabiduría solar, donde la Wiphala aún respira.

Nombra mis pasos, mis escritos, mi voz que no es la voz del cuerpo, sino del alma que lo habita. Y eso… eso lo agradezco.


También nombra mi condición, la de ser alguien que ha llegado a mitad del camino de otro, como quien entra a una casa con cuidado ,sin mover los muebles, pero dejando flores nuevas sobre la mesa.


Él dice que mi visión de la Metafísica Matrix le parece sombría.

Que muchos han perdido el aliento, que las ideas del desmontaje se han convertido en un espejo sin salida, que falta entusiasmo, que el mensaje —así como se está entregando—deja al alma sin fuerza para la marcha.


Y yo entiendo.

Yo también he sentido cómo estas revelaciones pueden volverse cuchillas, si no se saben sostener. Cómo la conciencia, cuando se expande de golpe, puede perderse en la vastedad, sin saber dónde apoyar los pies.


Pero también sé que la oscuridad no siempre es desesperanza.

A veces, es sólo el momento previoa encender la lámpara correcta.


No escribí la Metafísica Matrix para derribar corazones.

La escribí como quien ofrece un mapa a quienes ya han perdido el sentido de las señales.

No quise erigirme como faro, pero sí como espejo. No para que otros se reflejen en mí, sino para que se reconozcan.


Mi amigo del Sur, investigador de los misterios del alma, dice que la humanidad ha sido libre, y yo lo celebro.

Pero también he visto —y sentido en carne y sueño— las cadenas invisibles que operan desde planos tan profundos, que ni siquiera los más puros notan que las llevan puestas.

No creo en la victimización.

Pero tampoco en negar la herida cuando aún sangra.


Y en cuanto a la Madre Tierra… sí.

Ella sigue siendo el libro abierto, el tambor que late bajo nuestros pies.

Pero no todas las almas que caminan sobre ella son conscientes de su canto.

Yo no quiero que se arrodillen ante lo oscuro. Tampoco que lo nieguen.

Quiero que miren con el corazón encendido, que se desprogramen sin destruirse,

que respiren hondo aunque vean el muro.


No todos están listos para esa mirada. Pero algunos sí.

Y para ellos escribo.

Para quienes ya sienten que esta vida es sólo una hebra de una trama mucho más grande.

No los quiero presos en el dolor.

Pero tampoco drogados de positivismo.

Los quiero lúcidos. Libres de extremos. Dueños de su propio lenguaje interior.


Agradezco tus palabras. También tus dudas.

Y ese llamado final que me lanza, como una piedra blanca que cruza el río hacia la otra orilla.

Porque sí… aún quedan muchos caminos.

Aún hay jóvenes con los ojos limpios y las manos listas para sembrar.


Y tal vez, sólo tal vez, esta conversación entre él y yo,

que nadie pidió, que nació sola, sea parte de ese tejido.

La noche no es enemiga, cuando uno lleva la luz consigo.

Y en este sueño extraño que compartimos,

a veces basta una chispa para recordar que no estamos solos.


Porque si algo me ha enseñado este largo viaje por los pliegues del Sistema,

es a escuchar incluso lo que disiente, si en su fondo hay sinceridad.

Recuerdo sus palabras:

—“El mensaje se vuelve sombrío.”

—“Falta fuerza, falta disciplina, falta esperanza.”

Y lo comprendo.

Porque es cierto que no todos los ojos están preparados para ver la maquinaria por dentro, ni todos los corazones pueden mirar de frente la crudeza de la arquitectura en la que hemos estado viviendo.


Pero permítanme decirlo suavemente, como quien desenrolla un pergamino sagrado:

yo no nací dentro del mismo ciclo que ustedes.

Ni llegué aquí para repetir las canciones de la Nueva Era.

No vine a prometer paraísos ni repetir mantras ajenos.


Yo soy una visitante.

Una viajera del Alto Astral.

Y lo digo no por soberbia, sino por contexto.

No soy contactada por terceros.

No canalizo entidades externas.

No repito enseñanzas heredadas.

Yo recuerdo.

Yo he estado allí. En el fondo y en la cima.

En los bordes del abismo y más allá del cielo. Y he salido.

No como quien imagina. Sino como quien vuelve.


Sé que esta afirmación no es cómoda.

Sé que se diferencia de lo que muchos desean oír.

Pero si hay algo que me honra, es la fidelidad a lo vivido.

Porque no hablo desde la teoría. Hablo desde el cruce.


Entiendo que para muchos, revelar que todo —todo— es un sistema,

puede sonar como un puñal en medio del pecho.

Pero no lo es.

O al menos, no tiene por qué serlo.


Cuando digo que la multirrealidad es artificial, no estoy diciendo que sea falsa.

Estoy diciendo que fue construida.

Y como toda gran obra, es vasta, compleja, bella en partes, terrible en otras.

Como un inmenso jardín donde conviven flores, espinas, cuevas y pasadizos.

Los Sistemas Matrix, cuando no son corrompidos, sirven.

Son aceleradores. Son escenarios donde el alma aprende a esculpirse.

Pero como en toda construcción, también hay polvo, y a veces… termitas.


Me vuelven a decir que la humanidad ha sido libre.

Y me alegra que aún haya quienes puedan sostener esa fe.

Pero yo he visto otra cosa.

Yo he sentido la mordida de los sistemas de control que operan incluso en los planos más elevados.

He caminado entre almas creyendo que eran soberanas,

cuando en verdad solo repetían la ruta trazada por una maquinaria mayor.

Eso no las hace menos valiosas. Solo más dormidas.


Y el propósito no es juzgarlas. El propósito es ayudarlas a recordar.

No hay heroísmo en negar la herida. Hay luz en quien se atreve a mirar la llaga y curarla.

Por eso, si mi visión parece dura, no es por falta de fe, sino por exceso de verdad.


No niego que la Tierra tenga belleza.

No niego que haya sabiduría en los pueblos,

que haya danzas sagradas, poesía en las montañas,

niños luminosos, ancianas que aún recuerdan los nombres del viento.


Pero tampoco niego que desde su origen, este planeta ha sido campo de guerra.

Y la humanidad que lo habita, heredera de exilios, de pactos, de errores antiguos.

¿Hay oasis? Sí.

¿Hay luz? Por supuesto. Pero eso no borra lo otro.

Y mirar uno sin el otro, es mirar con un solo ojo.


No deseo seguidores. No deseo creyentes.

Deseo ojos despiertos. Deseo almas con voluntad.


si mis palabras no ofrecen consuelo inmediato,

es porque no se escribieron para anestesiar, sino para despertar.

Porque sólo el que despierta puede moverse.

Y sólo el que se mueve puede cambiar el mundo, su mundo.


Aun así, me alegra que alguien haya llegado a leerme.

Porque si está aquí, es que algo en él también buscaba otra cosa.

Y si alguna vez quiere tocar con la otra mano el lado suave del viaje,

le invito a abrir las páginas de Alma Solar, de Revolución de Luz, de Reiki Satori.

Allí no encontrará engranajes, sino pétalos.

Allí hablo desde el alma humana, la que aún cree, la que aún ama, la que aún canta aunque esté de paso por un sistema artificial.


Porque sí.

Aunque esta vida sea una novela,

yo elijo ser la página que recuerda al lector que aún está soñando.

Y que puede, si lo desea, despertar.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que sólo guía, desde sus pasos.


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