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5. La oportunidad.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 02 - Viajera Astral.

Compilación: 2020. Blog 05. ATP.

Fecha publicación: 2020.


Viajera Astral

La Oportunidad.


Aunque estaba prohibido descender a esos mundos oscuros, mi madre jamás se resignó. Desde su hogar celestial, Mariel permaneció atenta a cada hilo del destino.

Observó, estudió, analizó.

A veces, con delicadeza; otras, con una precisión que rozaba lo imposible.

Siempre estuvo detrás de todo lo que ocurrió después,

tejiendo pacientemente el sendero hacia algo muy difícil

y largamente anhelado.


Es un asunto complejo, uno que quizá no logre explicar del todo ahora.

Pero este relato es, al menos, el comienzo.


Mariel buscó todas las formas posibles de encontrarla. De traerla de vuelta.

Y tras largos ciclos de intentos y renuncias, descubrió cómo hacerlo.

Para lograrlo, tuvo que sacrificar y arriesgar muchas cosas.

Fue entonces cuando elaboró un plan de rescate tan delicado como peligroso.

Una parte esencial de ese plan exigía un acto extremo: debía clonarse a sí misma, creando una extensión de su ser con las cualidades exactas para la misión.

Así, en secreto, Mariel se clonó.

Cuidó a esa nueva conciencia como a una hija.

Y esa hija soy yo. Kalyna Mariel Rein.


El descenso a la Tierra.

En el año 1988, Mariel hizo encarnar a su clon astral en una niña humana.

Aquella niña nació en México y llevó ese clon como un Yo Superior, silencioso y atento.

Sé que lo que digo puede resultar confuso.

En otro momento explicaré la naturaleza de esas operaciones sutiles, que pueden realizarse con un alma humana.


La niña se llamaba Estela.

Vivía en un pequeño pueblo, cerca de otra niña que algún día habría de abrir el acceso a Jessel. El encuentro estaba previsto para el tiempo del crecimiento, cuando ambas se conocieran en la escuela preparatoria.

Ese era el diseño. Esa, la esperanza.

Pero el hilo se rompió antes.


A los trece años, Estelita fue arrancada de la vida de forma cruel, como si una sombra hubiese decidido apagar una luz demasiado pronto. No diré más.

Hay dolores que se nombran mejor con silencio.

¿Cómo sé que todo esto ocurrió?

Porque lo recordé.

Porque más tarde encontré el pueblo, a su familia, las huellas que el mundo deja cuando algo verdadero sucede. Las voces del pasado aún flotaban allí, como hojas secas en el viento.


Fue a través de esa tragedia que quedé liberada.

Regresé con Mariel al plano astral. Y volvimos a esperar.

Pasaron los años.


La cuna astral.

Mi madre había preparado un espacio reservado solo para mí.

No sabría decir dónde se encontraba.

No estaba en un lugar, sino fuera de todos.

Viví allí al margen del tiempo y del espacio.

Sin preocupaciones. Descansando. Jugando. Simplemente existiendo.


Ahora, al recordarlo, me invade una sensación extraña.

Pensar que todo ese tiempo estuve sola y aislada en un paraíso privado, deja una dulzura melancólica. El lugar era hermoso: bosques suaves, lagos quietos, montañas que no imponían, mariposas, conejos.

Un jardín hecho solo de amor y paz. Lejos de toda maldad.


Mis únicas visitas eran mi madre Mariel y una guía angelical llamada Dalia,

a quien ella había puesto para cuidarme.

Durante todo ese tiempo no maduré en experiencia.

No aprendí del mundo.

Solo permanecí protegida. Resguardada.

Esperando.

Esperando a que Mariel encontrara el momento adecuado para que yo pudiera regresar.

Mi existencia fue mantenida en secreto.

Había muchas razones para ello.

Razones que habitaban tanto en las alturas… como en las profundidades del Astral.



Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que bajó por amor.


Continúa en Blog 6.



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