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8. La caída de la Señora Oscura.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 02 - Viajera Astral.

Compilación: 2020. Blog 08. ATP.

Fecha publicación: 2020.


Viajera Astral

La caída de la Señora Oscura.


Cuando mi amiga Cristina y yo descubrimos que ella era la contenedora de Jessel, no hubo dudas. Sin vacilar, me otorgó todos los permisos y su colaboración absoluta.

Esa entrega fue la llave.

La puerta que me permitió entrar en lo más profundo de su interior,

para buscar y rescatar a Jessel.


Durante los largos tiempos de chat frente a la computadora, tuve incluso la oportunidad de hablar con la niña-portal, cuyo nombre era Luna, y también con Darjnia.

Recuerdo que esas voces aparecían como mareas: tomaban el control del cuerpo y dejaban la conciencia de Cristina dormida en algún lugar silencioso.

Fueron meses intensos.

Pasaron cosas buenas. Cosas malas. Cosas espantosas.

Experiencias, al fin y al cabo.

Un precio que acepté pagar para cumplir con aquello que había venido a hacer.


A esa altura, incluso Darjnia me dio permiso para entrar.

Años atrás, Mariel le había prometido que la liberaría de su esclavitud si colaboraba.

Y ese día, finalmente, llegó.

Lo que sucedió entonces fue tan profundo que aún hoy vibra en mi memoria.

Luna fue rescatada.

Y poco después, Mariel tuvo que descender ella misma para arrancar a Darjnia del control de la Señora Oscura.

Todo eso merece ser contado en otro momento,

porque cada instante fue un universo en sí mismo.


Cuando Jessel despertó, ocurrió algo inesperado.

Todo el dolor que había acumulado durante su encierro comenzó a drenarse,

a escapar de su ser, hasta tomar forma propia.

Así nació una especie de sombra consciente,

una Jessel Oscura que se llamó a sí misma Cristal.

Cristal era independiente. Inteligente.

Aprendió a liberarse y a planear su venganza.

Ambas fueron rescatadas.

Y fue gracias a Cristal y a su estrategia, que Mariel pudo engañar finalmente a la Señora Oscura y precipitar su caída.


Sé que todo esto puede parecer difícil de comprender.

Pero digamos que, una vez sanado, el Combo se transformó en un conjunto poderoso. Capaz de luchar por la luz.

Capaz de ayudar a restaurar el equilibrio.

Aquello que la Señora Oscura había creado para la oscuridad,

se volvió contra ella y eligió la luz.

Algo que jamás imaginó.


El surgimiento de Arcadia.

Con el tiempo comprendimos que todo esto había sido permitido desde planos muy altos. Planeado. Premeditado por el Ser-Uno. Porque los seres de luz no pueden descender a los abismos sin pérdidas ni lucha.


Pero a través de este Combo surgía una posibilidad única:

crear una entidad capaz de sumergirse en las profundidades de donde había nacido y,

aun así, conservar la luz.

Una entidad tan resistente como una fortaleza.

Una Arcadia.


Según entiendo, el gran Ser-Uno, cada cierto tiempo, materializa una Arcadia para reequilibrar en sí mismo la balanza entre luz y oscuridad.

La Arcadia que ahora existe es apenas una semilla.

Aún debe crecer. Aún debe desplegarse a través del tiempo.


Si viajáramos por el tiempo y el espacio —al pasado o al futuro— encontraríamos a esta Arcadia en distintas etapas de evolución, realizando múltiples tareas. Pero la que hoy existe aquí es el origen de todas ellas.


No temo decirlo. No tememos morir.

Si estos cuerpos biológicos que nos anclan se extinguieran, simplemente regresaríamos a nuestro plano hogar. Y desde allí retomaríamos todo lo que no pudo completarse en esta Tierra artificial de tercera dimensión.


Nuestras madres nos han dicho que todavía debemos esperar para regresar.

Que aún nos necesitan ancladas aquí.

No comprendo del todo las razones,

aunque presiento que están ligadas a leyes profundas sobre la intervención entre mundos.


Hermanas y compañeras.

Como he dicho antes, Jessel no solo es hermana de Mariel. Son pareja.

Sus madres las crearon juntas para que se amaran por siempre.

Y, como fruto de todo lo vivido, de tantas experiencias compartidas,

yo misma terminé enamorándome de la muchacha contenedora: Cristina.


Fue por Cris que regresé desde el Astral y quedé nuevamente anclada aquí.

Así, todos los niveles de nuestros seres volvieron a emparejarse.


Recuerdo aquel día luminoso, cuando, aprovechando el Portal Dimensional del 21-12-2012, mi anfitrión y yo nos proyectamos al Astral al llamado de mi madre.

Sin saberlo, habíamos sido convocados para presenciar

la boda y coronación de Mariel y Jessel ante miles de seres jubilosos del Alto Astral.


Había tronos blancos, de una belleza exquisita, sobre una terraza suspendida en medio de un gran Coliseo Celestial. La luz y el amor inundaban todo.

La emoción nos atravesaba sin contención.


Justo antes de la ceremonia, Mariel se acercó y habló con mi anfitrión.

Era el momento de cumplir su promesa: gracias a su ayuda, él sería recibido en nuestro Reino de luz. Sentí con claridad la alegría con la que aceptó.


Luego presenciamos la ceremonia.

Ambas lucían trajes de una belleza que jamás había visto.

Era la primera vez que no vestían solo de blanco.

Mariel llevaba blanco y azul. Jessel, blanco y granate.

Tras intercambiar los cristales de pareja,

recibieron los emblemas del gobierno de nuestro Reino:

una Cala de Plata, símbolo de la Sabiduría Divina,

y una Espada de Plata, símbolo del sagrado deber de proteger.


Más tarde supe que, por la proeza realizada en el Bajo Astral,

Mariel y Jessel habían sido elegidas para presidir el Consejo de Sabios.


Cuando todo terminó, mi mente reaccionó de pronto.

Comprendí que aquello era un final.

Que ya no regresaría al mundo terrenal.

Pero en un destello, mi corazón volvió hacia Cristina,

que quedaría sola otra vez en el Bajo Astral.

Mi alma se estremeció.

El deseo de acompañarla y asistirla me inundó por completo.

Mi madre se acercó entonces.

Le pregunté, casi en un susurro: ¿puedo regresar al mundo terrenal?

Ella respondió: puedes hacerlo, si es lo que desea tu corazón.


Y comprendí que esta vez no tenía una misión impuesta. Solo sentimientos.

Entonces le pregunté: ¿madre, qué se supone que debo hacer ahora?

Y con una ternura infinita me dijo: aprende a ser feliz.


Sentí entonces una fuerza que me jalaba.

Comencé a caer de espaldas, hacia el vacio infinito... atravesando planos dimensionales… descendiendo… más hondo… más hondo… hasta que se abrió ante mí un cielo azul.

Giré en la caída y reconocí el lugar.

Descendía como un rayo desde el cielo, directo al techo de la casa que habitábamos,

en la costa azul y oro de Argentina.



Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que regresó por amor.



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