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4. La caída de Jessel.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 02 - Viajera Astral.

Compilación: 2020. Blog 04. ATP.

Fecha publicación: 2020.


Viajera Astral

La caída de Jessel.


Jessel Arita fue muchas cosas a la vez.

Hermana. Amante. Compañera de toda una eternidad.

Y además, exploradora y guerrera.


En nuestros Reinos, y a lo largo de todo el Astral, su nombre fue pronunciado muchas veces con respeto. Jessel realizó incontables hazañas, auxiliando a seres de toda clase, descendiendo a espacios imposibles, atravesando regiones donde otros no se atrevían a mirar.


Era brillante. Inteligente. Ilustrada en artes, ciencias y magias, que hoy solo sobreviven como ecos. Supongo que alcanzar tanto, siendo aún joven, encendió en ella una confianza profunda en sí misma. Una llama noble… que en algún punto del tiempo terminaría volviéndose peligrosa.


Lo que sé —así me lo contaron los recuerdos antiguos— es que a la gente de nuestro Reino se le había prohibido descender a mundos como la Tierra.

No por cobardía. Al contrario.

Con valentía nos sumergíamos en infiernos, en paisajes de pesadilla, rescatando o combatiendo allí donde era necesario.

Pero la Tierra… ese mundo ilusorio… era distinto.

Se nos aconsejaba evitarlo.


Darjnia, la vidente.

Jessel descubrió que en la Tierra, existían pueblos humanos sumidos en una miseria profunda. Seres que imploraban ayuda a los dioses para escapar de su dolor. Esos ruegos llegaron hasta ella.


Y Jessel, fiel a su naturaleza, decidió descender a ese mundo prohibido, convencida de que podía marcar la diferencia, salvar a ese pueblo… y luego regresar a casa.


Pero al entrar aquí, a esta realidad que se llama Tierra, quedó atrapada en sus terribles limitaciones. Ya no podía desplegar los poderes de una diosa. Sin embargo, conservó grandes habilidades psíquicas. Llegó a ser una gran chamana, una vidente y guía para su pueblo. Allá por los bosques y colinas de Crimea en el Siglo 4 d.C.


No quiero extenderme en los detalles de esa encarnación, donde fue conocida como Darjnia, la "Estrella del Amanecer”. Solo diré que fue una vida trágica. De guerras interminables. En un mundo que se iba desmoronando con cada nueva catástrofe, con cada nuevo invasor. Un constante dolor acumulado… ese tipo de dolor que, cuando alcanza el límite, se transforma en una prisión fría y oscura donde el corazón queda encerrado.


La Señora Oscura.

Nada de esto pasó desapercibido.

Su vida, su calvario, la caída de su pueblo, fueron observados por seres que acechaban desde la oscuridad. Y no perdieron tiempo. Comenzaron a trazar planes para atrapar a un alma única, especial, procedente del Alto Astral.


Cuando Jessel desencarnó, fue capturada por un ser temible del Bajo Astral.

A esa entidad yo la llamé la Señora Oscura.

Era poderosa. Terrible. Y sobre todo, astuta.

Logró mantener a Jessel en un estado de trance profundo y, mientras la estudiaba, diseñó una forma de utilizar el poder de una diosa para su propio beneficio.


Así fue como extrajo esencia de Jessel. Y con esa esencia creó una serie de seres, unidos entre sí por un origen común. Criaturas destinadas a cumplir distintos roles en diferentes niveles de realidad. Un diseño pensado para ser, al mismo tiempo, un arma perfecta y una prisión absoluta.


A esta creación la llamamos el Combo. Un conjunto. Una combinación de almas.

La Señora Oscura les dio forma de niñas y añadió a cada una parte de su propia esencia, programándolas para que la reconocieran como madre. De ese modo buscaba evitar la traición, impedir que se volvieran contra ella.


El diseño era preciso, casi imposible de quebrar.

Una niña encarnada en el mundo físico biológico ofrecía su cuerpo como contenedor. Dentro de esa niña existía un espacio de realidad consciente, donde otra niña actuaba como llave, como portal hacia un nivel aún más oculto. Y dentro de ese portal, un espacio-prisión donde una tercera niña cumplía la función de arma y guardiana.


Allí, inaccesible desde casi cualquier punto del tiempo o del espacio astral, yacía Jessel.

En trance. Atada por mil sellos, conjuros, cadenas y maldiciones.

Encerrada en una tumba de roca y metal.

Todo el sistema era alimentado por el poder de la diosa prisionera.


Hay algo importante que debo decir.

Todas esas niñas se mantenían puras. Castas. Sin contaminar. Solo la niña-arma, cuando lo deseaba, podía ser violenta como un dragón. Pero esa ferocidad no era elección: era diseño.


Aunque la Señora Oscura era, en esencia, malvada, el sistema basado en energías de una diosa de luz exigía pureza. Por eso las niñas vivían aisladas. Vidas controladas. Tristes. Solitarias.


Especialmente en las encarnaciones físicas. Rodeadas de crueldad y desamor.

No por descuido, sino por conveniencia. El dolor y la tristeza son energías útiles.

Fueron alimento para Darjnia, el nombre que asumió la niña Arma, y para el Bajo Astral.


Solo a veces se les concedía una vida tranquila y breve,

para que no se quebraran del todo, para que la mente no se partiera antes de tiempo.

Y así, en capas de silencio y oscuridad,

una diosa dormía prisionera…

mientras el mundo seguía girando,

ignorante de la herida que latía bajo sus pies.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que esperaba en la penumbra.


Continúa en Blog 5.



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