11. Infiernos Matrix: Descenso.
- Kalyna Rein

- 11 jul 2020
- 3 min de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.
Compilación: 2020. Blog 11. ATP.
Fecha publicación: 201406.
Infiernos Matrix:
Descenso al infierno.
¿Pensaste que el infierno era solo fuego y sombras?
¿Algunos muertos, un demonio atrapado, gritos lejanos y un túnel oscuro?
No… El verdadero infierno es el que se mete bajo la piel,
el que arranca cada fibra de tu cuerpo,
el que busca quebrarte por dentro.
Habíamos regresado al parque.
Las Pekes Domo y yo, aún radiantes por la victoria contra la Bestia de Fuego, sabíamos que quedaba una última tarea: los que dormían en los pantanos.
Pero no llegamos a movernos. Una tormenta oscura se abatió sobre nosotras sin previo aviso. Un enjambre de sombras negras emergió del suelo como una marea maldita.
Una tempestad hecha de miedo y gritos, como si el mismo horror se hubiese soltado.
Instintivamente extendí el bastón hacia arriba, y un escudo se formó.
Firme, redondo, vibrante.
Las Pekes se alinearon a mi alrededor, listas, serenas,
como si hubiesen vivido mil veces ese instante.
El tornado de oscuridad golpeaba con fuerza el escudo.
Pero de pronto… el suelo desapareció.
Caí.
Caí sin poder impedirlo.
Como succionada por un abismo sin fondo.
La caída fue larga.
Muy larga.
Tanto que dejé de preguntarme cuándo terminaría…
y empecé a preguntarme si terminaría.
Y entonces, el golpe.
El cuerpo contra la piedra. Oscuridad.
Un olor denso, como a carne vieja, a humedad, a encierro.
Estaba sola.
Me incorporé como pude. Todo era azul añil.
Un brillo frío, fantasmal, como si la luz no viniera de lámparas sino de lamentos.
Mire hacia arriba. Apenas un hilo negro. El túnel por donde había caído se cerraba.
Y algo… algo en el aire me dijo: —“Aquí morirás otra vez.”
No era un pensamiento. Era una memoria. Una sensación brutal, total.
Supe que el mismo ser que me asesinó en mi primera vida en la Tierra…
estaba allí. Esperándome.
No había a dónde huir. Así que avancé.
Crucé un arco de piedra. Un salón vacío.
Y de pronto, la visión.
Una mujer atada a una mesa. Hombres grandes, grotescos, se acercaban.
Uno de ellos llevaba un serrucho. Comenzó a cortarle las piernas. Los gritos se ahogaban en un horrible estremecimiento.
Quise intervenir… pero ellos no me veían.
Comprendí que era una memoria del lugar. Una cicatriz.
Hasta que sentí un jalón.
Algo se clavó en mi espalda. Un gancho.
Un hierro curvado con tres puntas.
Lo vi salir por mi abdomen. Me arrastraron. Me colgaron de la pared.
No podía moverme.
Mi cuerpo colgaba como una muñeca rota.
Mi alma… no. Mi alma ardía.
Me dejaron allí. Y regresaron a la mesa.
Ahora sí, estaba la mujer atada. Ahora era real.
Herramientas. Violencia. Sangre.
Quise gritar, romper, volar. Pero el gancho me retenía.
Y entonces escuché su voz. La de Cris.
Suave, pero firme. —“Recuerda quién eres.”
Recordé. Que yo no era humana.
Ese cuerpo era apenas una forma. Un símbolo.
El gancho no podía detenerme.
Me invadió la furia. Me sacudí. Maldije. Ardía por dentro.
Uno de ellos se acercó. Su cara, sucia, repulsiva, sonreía con crueldad.
Me agarró el rostro. Apretó como se hace con las naranjas.
Y yo… en su descuido, le arranqué la nariz de un mordisco.
Me solté.
Caí al suelo. Me levanté. Invoqué mi espada.
Y entonces… los destrocé.
No con elegancia.
No con luz.
Con ira. Pura. Desatada. Uno a uno.
Piel. Hueso. Gritos. Sangre.
Cuando todo quedó en silencio, corrí hacia la mujer.
Aún entera. La desaté. La abracé.
Las puertas estaban cerradas con rejas.
Busqué un rincón oscuro y le dije: —“Espera. Volveré por ti.”
Rompí las rejas. Entré en las mazmorras.
Y lo que vi… no cabría en esta voz.
Celdas. Gente colgada. Tortura. Lamentos.
Un infierno laberíntico sin salida.
Pero aún me quedaba algo. La gema. El sello en mi pecho.
Me concentré. Llamé a las Pekes.
Mi corazón brilló.
Y entonces… me disparé como un rayo.
Volé.
Rompí el techo invisible.
Crucé el cielo azul. Y regresé.
Volví al cuerpo biológico.Temblando.
Pero viva.
Al día siguiente… descendimos juntas.
A buscarlas.
A todas.
Pero esa historia, tendrá que ser contada en otra noche.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que desciende a los infiernos y regresa.




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