8. Falsa Ascensión.
- Kalyna Rein

- 8 jul 2020
- 3 min de lectura

Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori
Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.
Compilación: 2020. Blog 08. ATP.
Fecha publicación: 2020.
Falsa Ascensión.
He visto muchas palabras flotar en el aire de las redes, como si fueran semillas de luz...
pero algunas, al tocar la tierra, germinan espinas.
Entre ellas, una me ha rozado más de una vez:
“Síntomas de Ascensión”, así les llaman.
Dolores punzantes, mareos sin causa, ruidos agudos en los oídos, desesperación, insomnio, pánico, tristeza súbita, descargas eléctricas en la médula del alma... y una voz que susurra:
— “Agradece… estás ascendiendo.”
¿Pero cómo agradecer un temblor que desarma el centro?
¿A quién agradecer que la carne duela y el corazón se extravíe?
Dicen que el planeta vibra más alto, que la frecuencia de su canto se ha elevado, y que por eso nuestros cuerpos tiemblan. Hablan de Schumann, de ondas, de activaciones.
Yo escucho. Siempre escucho.
Pero también siento, y lo que siento… no es ascensión, sino interferencia.
Porque si la realidad toda elevara su frecuencia, lo haría como un océano que asciende entero, sin desgarrarse, sin dejar a sus peces sin agua, sin despedazar sus corales.
Si la Tierra cantara en otro tono, nos llevaría con ella… suaves, como hoja en corriente.
No desgarraría nuestra sinapsis.
Y si el alma se eleva, si de verdad un ser despierta,
lo hace por sanación, por trabajo silencioso, por amor cultivado.
Y en ese proceso, todo su Ser acompaña, como una flor que abre sus pétalos al alba.
No hay caos en la luz verdadera.
No hay colapso en la conciencia expandida.
He caminado junto a muchos que sufren, y he sostenido cuerpos desgastados que creen estar iluminándose, cuando en realidad están siendo consumidos.
No por el alma, sino por las redes invisibles que envuelven este plano.
No puedo callar lo que sé: la mayoría de esos síntomas,
provienen de causas muy distintas.
Invasiones que no se ven, pero se sienten.
Frecuencias artificiales, microondas que atraviesan el cuerpo como cuchillos de electricidad líquida. Antenas, torres, usinas que exhalan tensión y ruido a los tejidos más delicados de nuestro ser. Y nosotros... nosotros, cuerpos abiertos, receptores sin filtro, absorbiendo un mundo que nunca fue neutro.
Y luego están los venenos que nos siembran sin tregua.
Metales pesados que danzan en nuestra sangre como fantasmas invisibles:
plomo, mercurio, aluminio... alimentando tormentas internas.
Y aún no he hablado de las sombras que gobiernan en lo alto:
nieblas químicas que caen desde el cielo,
frecuencias de control disparadas desde proyectos secretos,
inyecciones que no sanan,
circuitos que aprisionan la vibración del alma.
Entonces me pregunto:
¿es esto ascender?
¿O es otra trampa más, envuelta en luces de neón espiritual?
Desde mi alma, desde mi carne de caminante lúcida, te lo digo:
la verdadera elevación no duele así.
No te arrastra por el abismo.
No te rompe los nervios ni te silencia el corazón.
La frecuencia luminosa sana.
La conciencia expandida consuela.
La vibración elevada aligera.
Y aunque sé que el cuerpo humano tiene sus límites,
y que no toda dolencia es maldad ni toda salud es virtud,
también sé que hay diferencia entre cruzar un umbral y ser empujado al vacío.
La verdadera ascensión... no necesita justificar sufrimiento.
Solo se reconoce porque trae paz.
Como la brisa que entra por una ventana abierta,
y no la tormenta que la arranca de cuajo.

Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.
La que conoce lo Alto y lo Bajo.




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