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31. Diseño Oculto 2.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.

Compilación: 2020. Blog 31. ATP.

Fecha publicación: 2015.


La Gran Matrix.

Continuación de Diseño Oculto.


Matrix – Hardware.

Nuestro propósito principal siempre fue sanar, a medida que buscábamos una salida a lo que comprendimos... no era real.

Primero la Tierra, luego aquello que la contiene y la desborda. Esa intención, silenciosa y obstinada, fue la que nos empujó cada vez más lejos, a través del espacio, de las dimensiones y del tiempo.


No avanzábamos por curiosidad, sino porque algo nos reclamaba desde más allá, porque en nuestra labor aparecían resistencias cada vez más densas, peligros más concretos, sombras que no cedían.


El hecho de haber encontrado el plano donde Padre aguardaba ser despertado nos dio, al principio, una sensación de punto de apoyo. Recuerdo haber pensado que desde allí podríamos resolver el problema de la oscuridad Matrix en su raíz, desde los niveles donde la Matrix se generaba o, al menos, donde intuíamos que era supervisada.


En la Matrix Original hallamos los cuerpos de nuestras almas.

También el cuerpo del alma que dio origen a la conciencia que gobernaba nuestro Sistema de Realidad.

En otras palabras, los primeros cuerpos de todos los seres que iniciaron la multiplicación de conciencias dentro de nuestro sistema permanecían allí, conservados en esas instalaciones, como semillas antiguas dormidas en un silencio técnico.


Sin embargo, Cris fue quien percibió algo más inquietante.

Recuerdo que me dijo que desde niveles ocultos e inferiores de la Gran Matrix provenían ataques constantes. También presentía que en esos estratos podían existir otros cuerpos de carácter físico, similares a los de la Tierra. Cuerpos que algunos seres usarían como anclas o refugios, intentando evitar ser asimilados por los niveles superiores de su propio ser.


Fue así que, en la búsqueda de cuerpos clonados o copiados —seres que pretendían evadir la sanación y la integración con sus almas— y también intentando descubrir si existían más copias de nosotras mismas, comenzamos a recorrer niveles desconocidos de la Gran Matrix.


A ese estrato lo llamamos Hardware.

Lo nombramos así porque la sensación allí es profundamente física, material.

Son espacios de realidad que se viven como interiores de fábricas colosales: maquinarias, tubos interminables, cables gruesos como ríos metálicos. Resulta extraño, porque se supone que tratamos con una tecnología elevada, casi sublime, y sin embargo lo que aparece se asemeja más a restos de una civilización industrial. Lugares que parecen abandonados y, al mismo tiempo, inquietantemente activos.


Nuestra forma de desplazarnos por la Gran Matrix suele ser mediante saltos de portales.

No tenemos mapas. Las distancias son exorbitantes, inconcebibles.

Sabemos que es posible viajar de un punto a otro en un instante, pero la teoría rara vez se comporta con docilidad frente a la experiencia.

No todo es tan simple como debería ser.


Gracias a seres que nos indican el rumbo, y a nuestra capacidad de detectar objetivos, solemos fijar el destino como una luz lejana: un faro, una señal tenue que nos llama.

Allí abrimos los portales, muchas veces sin saber qué nos espera del otro lado.

Y al cruzarlos, nos aventuramos a lo desconocido, a encontrar lo extraño, lo bizarro, lo peligroso.


Así es como íbamos cayendo en estos ambientes industriales, sin comprender del todo dónde se hallaban en relación con el resto de la realidad.


Si tuviera que ofrecer una imagen para que otros pudieran imaginarlos, diría —con una mezcla de asombro e incomodidad— que se parecen de manera inquietante a la Tierra de los Robots, a la Tierra original que aparece en la película The Matrix, cuando Neo y Trinity avanzaban en la nave Nabucodonosor para enfrentar a las máquinas.


Y entonces la conclusión se imponía sola, casi con ironía:

¿no serán las autoras de esas películas seres que poseen un conocimiento certero del verdadero drama y del diseño de la Gran Matrix?

¿Lo sepan conscientemente o no?


Después de muchas incursiones, comenzamos a percibir patrones.

Una lógica de construcción repetida en ese nivel del sistema. La base de la estructura hardware —la que sostiene los espacios creativos y distribuye la información— se organiza, como era de esperarse, en cubos.


Cada uno de esos cubos es colosal. Tan grande como nuestra Luna terrestre o más. En el astral resulta difícil medir tamaños y distancias; carecemos de referencias objetivas. Además, nuestros propios cuerpos cambian constantemente de tamaño según el ambiente o la tarea a realizar.


El interior de estos cubos es oscuro, extraño.

Una niebla negro-verdosa lo impregna todo, con un olor rancio, casi pútrido, más denso en los niveles inferiores. Dentro de esa penumbra distinguimos estructuras ciclópeas: enormes tuberías que convergen en un cubo central. Cada una de las caras del cubo posee una compuerta redonda, inmensa, que conecta con otros cubos del sistema.


Caños y tubos con cableados gigantes recorren las paredes, sólidas como acero. Y de esas paredes cuelgan filas interminables de grandes esferas transparentes y luminosas, sujetas de una forma que nos recuerda a bombillos de luz.


Recuerdo que una vez preguntamos cuántas esferas tenía uno de estos cubos. La respuesta llegó como un murmullo preciso: unas cuatro mil cuatrocientas, distribuidas en su interior. Todas conectadas entre sí.

Cada una de esas esferas contiene un Sistema de Realidad completo.

Cuando comprendí eso, algo en mí se detuvo.

Sí, cada esfera resguarda en su interior un multiverso entero, un TODO.

Y si eso no era suficiente para estremecer la conciencia, no se trataba solo de cuatro mil cuatrocientos multiversos por cubo, sino de una estructura de Híper-Cubo, con cientos de cubos interconectados.


Y Padre… Padre era apenas uno más dentro de una civilización dedicada a crear y explotar la Gran Matrix.


A veces me pregunto si es posible comprender realmente la magnitud de lo que estoy diciendo. Yo misma apenas logro rozarla.


Este Híper-Cubo es una megaestructura clave.

Es híper porque contiene en su interior el Rubik de Cubos que administra los multiversos. Es Rubik porque esos cubos son dinámicos: cambian de lugar, rotan, colapsan, y otros nuevos se crean. Todo está en movimiento, aunque parezca inmóvil.


Entre el Rubik y las paredes del Híper-Cubo se extiende un espacio absolutamente negro, aparentemente vacío. Lo llamamos "Espacio Infinito", porque se puede viajar por él sin encontrar jamás un final. Nunca se alcanzan las paredes. Y sin embargo, esas paredes existen. Para llegar a ellas habría que viajar por fuera de la estructura del Híper-Cubo, algo imposible sin la ayuda de una de las "Conciencias Supremas Superiores" que controlan el sistema.


Nosotras recibimos esa ayuda.

Gracias a ella comprendimos que la distancia entre el Rubik y la pared no es infinita, ni siquiera excesiva. Pero para un ser que se encuentra dentro, un efecto creativo —una trampa sutil— lo mantiene viajando sin fin. Este tipo de artificio espacio-temporal es un clásico en el Astral Ampliado y en la Gran Matrix.


¿Existen otros Híper-Cubos? Claro que sí. Decenas de ellos.

Todos agrupados, otra vez, en la forma conocida del Rubik.


Sin convertir este relato en un mapa incomprensible de estructuras apenas nombradas, quiero mencionar algo más, relacionado con la Matrix Terrestre y el Sistema de Realidad.


Comprendimos desde nuestros primeros días que la Matrix no es solo un programa. Necesita mentes reales para dar vida al proceso creativo. Y esas mentes provienen, inevitablemente, de cuerpos físicos reales.


Por eso buscamos no solo los cuerpos y las mentes que dieron origen a seres como el Ser-Uno, sino también a quienes nos dieron origen a nosotras.


¿Recuerdan cuando hablábamos de Dios, del TODO, como un ser que vive en dualidad? Fragmentado en una mente oscura y otra de luz.

A pesar de haber sanado durante años gran parte de los planos dimensionales bajos de nuestro sistema, siempre regresaba una nueva proyección del TODO Oscuro.

A esa forma recurrente la llamamos Isis Oscura.

Sabíamos que combatíamos copias.

Las derrotábamos una y otra vez, pero nunca lográbamos un final verdadero.

Entonces cambiamos de estrategia.

Dejamos de destruir.

Comenzamos a atrapar y sanar. A integrar esas proyecciones a su contraparte luminosa, la Isis de Luz. Esa integración produjo un efecto profundo, casi cuántico, armonizando incluso los niveles inaccesibles de la Isis Oscura. Hasta que, finalmente, ambas lograron fusionarse en una unidad.


En esa tarea participaron muchos otros seres, sobre todo del Alto Astral, y la propia Isis Luminosa. La nueva Isis resultante era una amalgama de luz y oscuridad: una oscuridad resuelta, pero no olvidada.

Nuestro Sistema de Realidad se volvió entonces una conciencia inestable, contradictoria, pero al menos unificada. Y aun así, seguíamos intentando sanarla.


Por eso supimos que había llegado el momento de ir más lejos.

De buscar la mente y el cuerpo que le dieron origen.

Al Jugador original, como lo llamábamos nosotras.

Ese cuerpo y esa mente no estaban en los laboratorios de la Primera Matrix, como nos habían hecho creer.

Esa revelación nos obligó a aceptar algo incómodo: incluso las conciencias que administran la Gran Matrix nos ocultaban información. Por alguna razón.


Comprendimos entonces que esos cuerpos no eran el último eslabón.

Que aún existía, en las profundidades de la Matrix,

una mente y un cuerpo ocultos.

Silenciosos. Esperando.



El Núcleo.

Aún recuerdo el instante en que decidimos ir en busca de nuestros cuerpos ocultos, en algún punto profundo de la Gran Matrix.

No fue una idea repentina, sino una certeza lenta,

una presencia que se hacía sentir como un pulso lejano.

Tal como expliqué alguna vez, comenzamos a seguir esas señales de energía, afinando la atención hasta que dejaron de ser ruido y se volvieron dirección.


Entonces me desanclé del cuerpo biológico terrestre que ocupo y me trasladé a esa plataforma —esa burbuja de realidad— que me pertenece en el Astral.

Desde allí abrí un portal, dejándome guiar por la resonancia misma de aquello que buscábamos, como si la energía supiera antes que yo a dónde debía ir.


Un agujero oscuro se abrió frente a mí. No dudé. Me arrojé dentro.

La sensación fue la de una caída vertiginosa, un descenso por un túnel oscuro a una velocidad imposible de medir.

De pronto, todo se aquietó.

Me encontré flotando en medio de un paisaje penumbroso, bañado por un resplandor verdoso. A cierta distancia se alzaban laderas de cumbres pedregosas.

Volé hacia ellas y, al acercarme, distinguí una formación de obeliscos de roca. A su alrededor, formando un anillo solemne, se extendían sarcófagos de piedra, conectados entre sí.

Descubrimos que dentro de esos sarcófagos yacían cuerpos de aspecto muy antiguo. Algunos estaban vivos, otros no.

Algunos parecían humanos; otros, apenas lo eran.

Aquel diseño de obeliscos rodeados de cápsulas nos resultó inquietantemente familiar: era similar al que habíamos visto en los laboratorios. Solo que allí se trataba de tecnología, y aquí, de estructuras de roca viva que transmitían energía.


Pero aquello no era aún lo que buscábamos.

Mi atención se desplazó hacia las profundidades del barranco.

Noté entonces que las cumbres formaban un círculo perfecto alrededor de un pozo gigantesco. Sin pensarlo, salté.

Comencé a caer dentro de una estructura circular inmensa, cuyas paredes estaban revestidas de anillos de roca. En ellos se alternaban sarcófagos, estatuas colosales y tuberías que parecían latir con un pulso antiguo.


Me detuve en uno de esos anillos y fue entonces cuando comprendí que aquellas figuras no eran estatuas. Eran seres. Gigantes en estado de animación suspendida, inmersos en un trance profundo. Tal vez formaban parte de un sistema mayor, un conjunto de conciencias que sostienen la Matrix con sus mentes. Como siempre, estos lugares tenían un aire de abandono: polvo, desgaste, una pátina de olvido. Y sin embargo, todo seguía activo, funcionando en un silencio grave.


Voy a condensar lo que encontramos después.

Al llegar al fondo de aquel enorme tubo, la estructura se abría hacia un cubo. Dentro de ese cubo flotaba otro, del tipo Rubik, suspendido en medio de un flujo constante de energías que provenían de cada una de las paredes. Era como si estuviéramos frente a un núcleo de control, un centro donde la información se organizaba y se redistribuía.


Entramos también en esos cables. Y allí descubrimos que las energías no eran meros impulsos: eran conscientes. Seres que fluían por esos conductos, transportando toda clase de información, como ríos vivos de sentido.


Existen más estructuras, lo sé, pero no deseo enredar este relato.

Todo el sistema se encontraba contenido dentro de una gran esfera metálica, cuyo diseño recordaba al de un cuerpo lunar. Lo más inquietante ocurrió al abandonar aquel lugar. Atravesamos la estructura completa hacia el exterior y emergimos…

desde el interior de la corteza terrestre!


Eso nos llevó a pensar que, dentro de la Tierra, en otro nivel de frecuencia dimensional, se oculta esta estructura. Un espacio que conserva a los seres que sostienen la Matrix terrestre desde sus cimientos invisibles.


Con el tiempo descubrimos algo más.

Existen aproximadamente dieciséis mil núcleos como este, ocultos en la Gran Matrix.

Cada uno está protegido por una burbuja de realidad 3D cuyo propósito es anular todo poder y toda habilidad astral de los seres que provienen de otras regiones.


También se nos explicó que el proceso creativo dentro de un Sistema de Realidad comienza en estos núcleos. Desde allí, la Matrix circundante inicia la creación, la expansión y el poblamiento dimensional del sistema.


Eso explicaría por qué lo terrestre y lo humano parecen enlazar el bajo, el medio y el alto astral. Y también por qué nuestras madres astrales nos decían —recuerdo haber escuchado sus voces— que sus reinos se originaron en grupos de humanos como los de la Tierra, que evolucionaron lentamente hasta alcanzar el Astral Superior.


Y así, mientras esa idea se asentaba en mí,

el núcleo continuaba latiendo en la oscuridad,

como un corazón antiguo oculto bajo capas de mundos,

sosteniendo silenciosamente el sueño de innumerables realidades.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que llegó al Núcleo de Todo.



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