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6. Detrás de escena.


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 03 - Realidad ilusoria.

Compilación: 2020. Blog 06. ATP.

Fecha publicación: 2020.


Detrás de escena.


Justo cuando creemos que la Matrix ya ha mostrado todas sus máscaras, cuando sentimos que por fin comprendemos sus reglas, una nueva puerta se abre… y revela algo que jamás imaginamos.

Así fue esta vez.


En las últimas semanas, mi compañera Cris Arita, se vio envuelta en viajes que rozaron los bordes menos conocidos del sistema. Desde los niveles intermedios de la Cuarta Dimensión, donde los planos superiores han comenzado un lento pero profundo trabajo de limpieza sobre el Bajo Astral, hasta zonas aún más densas y veladas, habitadas por estructuras que no parecen pertenecer a ninguna estrella.


Salió del cuerpo, como tantas veces lo hacemos, con la intención de elevarse hacia la Quinta Dimensión. Su vuelo fue claro, ligero, hasta que… algo cambió.

No hubo cielo.

No hubo estrellas.

Solo un espacio oscuro, denso, un abismo sin tiempo en el que la Tierra, allá abajo, parecía encerrada dentro de una burbuja.

Esa burbuja tenía forma de escudo, como si estuviera hecha de goma elástica. Y al tocarla, se sentía como un trampolín cósmico, rebotando suavemente en la piel del mundo.


Alrededor, flotaban naves. No las típicas naves de la imaginación humana, sino cubos. Gigantescos, silenciosos, inmóviles como sentencias. Y más allá, apenas visible, una abertura redonda que dejaba pasar un rayo solar.

Era como ver al Sol espiar desde un ojo lejano.


Al volver de esa experiencia, algo en nosotras necesitaba respuestas.

¿Dónde había estado?

¿Con quién había conectado?

¿Qué era esa región que no parecía ni espacio, ni astral, ni materia?


Entonces regresamos juntas. Volvimos a ese vacío.

Y allí, entre la oscuridad fluida, se manifestó una silueta. Un ser humanoide, envuelto en energía oscura como humo denso, tan inmenso… que si hubiera extendido la mano, la Tierra cabría en su palma.

Y comprendimos.


Estábamos dentro de la Matrix.

No en su superficie.

No en su teatro.

Sino dentro de su mente.

En su centro creativo. En lo que sería, para un humano, su Foco 2.


Allí, en ese espacio de consciencia estructurada, la Matrix no se presenta como un sistema automático, sino como una entidad viva, dividida en múltiples conciencias que trabajan juntas.


Cada Cubo era una sala. Un módulo. Un fragmento de esa mente mayor.

Y dentro de ellos, seres. Algunos humanoides. Otros, puros sistemas.

Unos amables, otros fríos. Unos bellos, otros vacíos.

Y todos… conscientes.


Pudimos hablar con algunos.

Uno parecía un androide con expresión serena. Otro, una mujer de cabello blanco que apenas parpadeaba. Uno más, era una niebla con voz.

No todos sabían por qué estaban allí.

Algunos simplemente eran.

Otros sabían que cumplían una función.

Y unos pocos… recordaban haber llegado desde fuera.


Nos dijeron que algunas de esas entidades pertenecen a los primeros seres que ingresaron a la Matrix Artificial. Que muchos no pueden salir. Que el sistema, en algún punto, cerró la puerta.


Pero lo más extraño fue comprender que esos cubos no son un “lugar” como tal. Parecen proyectores de presencia, espacios donde las entidades se manifiestan desde otra capa, quizá más profunda, quizá más real.


Y como en el sistema de los Cielos e Infiernos Huecos, aquí también hay compartimentación. Los seres son distribuidos por niveles de evolución, cultura, arquetipo. Todo responde a un orden minucioso… quizá demasiado perfecto.


Y entonces nos preguntamos:

¿esto es un encierro, o un pacto?

¿Son estos seres prisioneros… o engranajes?

¿Cumplen roles porque fueron creados para ello, o porque se olvidaron de quiénes eran?

Algunas almas que vimos en los cubos anteriores deseaban irse.

Pero no sabían cómo. O no podían.

Estas que encontramos ahora, parecían aceptar su función.

Tal vez, porque reciben algo a cambio.

Tal vez, porque fueron moldeadas así.

En cualquier caso, nos dejaron una certeza:

la Matrix tiene una mente.

Tiene órganos.

Tiene voz.

Y también, tiene sueños propios.


Dentro del cubo, una figura quieta sostenía una esfera de luz en sus manos.

Parecía dormida.

Pero al mirarla de cerca, sus ojos estaban abiertos…

y el reflejo que mostraban no era el nuestro,

sino el de un bosque que aún no existe.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que explora todos los rincones.


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