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2. Crímenes en el Mundo Real.


Por Sensei, Kalyna Rein Cris Aragón — Escuela Satori

Libro: Metafísica 07 - Evacuando Matrix.

Compilación: 2024. Blog 2.

Fecha publicación: 2022.12.05


Crímenes en el Mundo Real.


Cuando retomé las grabaciones, sentí que entraba en una zona distinta del relato. No más profunda, quizá, pero sí más delicada. Como si cada palabra de Cris, aun dicha con su serenidad habitual, sostuviera algo frágil, antiguo, todavía sin terminar de comprenderse.


Recuerdo que así me lo contó. Que mientras hablaba, iba enlazando recuerdos de su vida terrena en México, cuando aún era Cristina, con aquello que ahora emergía desde la frontera de la Matrix. Desde niña, veía y se relacionaba con personas y seres de otras realidades. No en sueños: despierta. Veía los mundos que existían dentro de ella misma, porque ya entonces era la Contenedora. Allí estaban sus prisioneras: Jessel y Cristal. Y también Darjnia, Luna, Elizabeth. Presencias que hoy, escuchándola, dejaban de ser episodios aislados para convertirse en parte de una misma arquitectura.


Recuerdo que escuché su voz detenerse un instante y luego decir, casi pensando en voz alta, que quizá aquel mundo en ruinas que tanto la atraía en su infancia era la realidad donde ellas habían estado antes. El mundo que destruyó Jessel. Por eso lo veía siempre devastado, silencioso, como una herida abierta. Cristal, decía Cris, a veces se le aparecía; estaba encerrada en ese lugar, pero podía moverse dentro de él. Jessel, en cambio, permanecía sentada, atada de pies a cabeza, incluso protegida por un escudo. Era ella quien más le llamaba la atención. Darjnia, por su parte, la tomaba y la jalaba hacia otros sitios, hacia puertas distintas, como si no quisiera que se acercara a ese punto exacto.


Aquí hago una pausa necesaria. El mundo o realidad que menciona Cris —y que fue destruido por Jessel— pertenece a una historia que nunca habíamos publicado. Es un pasado oscuro, muy anterior incluso a las primeras narraciones donde aparezco yo. En ese tiempo, yo misma conocía poco de las historias de Mariel y Jessel en otra línea de realidad. Solo sabía de aquella dentro de la cual Mariel me dio vida.


Cris continuó. Dijo que Darjnia la aventaba hacia otras puertas, hacia lugares de pesadilla. Y entonces se preguntó si Darjnia no habría sido, en realidad, una cuidadora de puertas. Recordó que dentro de las Matrix había visto a seres llamados así: los Cuidadores de las Puertas. Habitaciones circulares, organizadas como un anillo, con múltiples accesos, cada uno conduciendo a un mundo distinto.


Y entonces, retomando lo que ya había relatado en la parte anterior, dijo algo que volvió a tensar todo el entramado: que todas insistían en que ella era un contenedor. Isis lo repetía una y otra vez: el contenedor, el contenedor, el contenedor. Y fue ahí cuando Cris formuló una pregunta que aún hoy resuena sin respuesta clara. ¿Y si, en todo ese embrollo, habían secuestrado al hijo de Jessel y usado a su propio hijo para contener a su propia madre?


Recordó el momento en que se acercó a Jessel y la sacó. Jessel reaccionó. Eso la hizo sentir bien, porque hasta entonces todas pensaban que quizá se trataba solo de una copia. Cris lo bromeó, recordó haberlo dicho casi riéndose: ¿y si somos la hija de Jessel? Y se rió. Pero Jessel entró en shock, se desplomó. Cris volvió a bromear, diciendo que entonces tal vez serían hijas de Cristal, porque Cristal siempre parecía agradada con ellas. Y fue entonces cuando Jessel gritó, con una fuerza inesperada, que eran sus hijas. Gritó una y otra vez, como si intentara asimilar algo que la desbordaba.


Cris recordó también que, según su memoria, Mariel había dicho que Jessel tuvo un hijo, no una hija. Eso la llevó a otra reflexión: en todas sus transformaciones, siempre habían alterado su forma. A veces aparecían como hombres. Tal vez, pensó, habían alterado su naturaleza para que Jessel no pudiera encontrarlas.


Aquí integro otra nota necesaria: Mariel sí nos dijo, hace muchos años, que Jessel tuvo dos hijas y un hijo, el menor.


En el relato de Cris, el grupo de Mariel comenzó entonces a decir que Cristal era su gemela. Y todas entraron en shock, intentando asimilarlo. De pronto, todo parecía trabarse. Cris dijo que entonces su copia niña —a la que ella llamaba bebé, de forma cariñosa— era la que usaba el cuerpo de Jessel. Que dentro de la Matrix ella misma estaba fragmentada en varias copias. Que había estado reuniendo las Arcadias, porque pertenecían a su línea. Que había encontrado un Combo niña que la llamaba, atrapada dentro de la Matrix. Y que ese Combo niña quizá, solo quizá, era Jessel. Y que la otra hermana era Cristal.


Aquí aclaro: llamamos “combo” a los fragmentos o copias de Jessel, por funcionar todas como un conjunto coordinado.


Cris siguió hablando de la confusión. Dijo que, siendo gemelas, y siendo ella hija de una de esas gemelas, todo se volvía difícil de ordenar. ¿Quién era quién? ¿Qué pertenecía a qué? La niña a la que protegieron de pronto hablaba como una Arcadia. A veces como niña, a veces con la voz madura de una Arcadia, aunque su cuerpo siguiera luciendo como el de una niña. Por eso, decía Cris, no crecía. Porque quizá Jessel tenía en sí la parte de Cristal, la gemela. Porque Jessel no había regresado a su cuerpo de origen. Porque su esencia estaba atrapada allí. Y porque faltaba la otra niña, la otra gemela.


Recuerdo que la escuché reírse al decirlo. Dijo que todas estaban colapsadas. Que la situación era tan compleja que incluso resultaba graciosa, en su exceso.


Cris recordó que jamás Mariel les dijo qué pasó con el bebé, ni dónde quedó. Solo que, a consecuencia de eso, Jessel comenzó a transformarse y destruyó esa realidad, ese mundo. Y entonces señaló algo que le resultaba inquietante: Jessel siempre fue guerrera. Siempre encajó como guerrera. Y la madre de la niña del Mundo Real también era guerrera. Entonces se preguntó si Jessel no era, en realidad, la niña.


Si eso era así, su cuerpo no crecía porque su ser no había regresado a su cuerpo de origen. Y la pregunta central volvía a aparecer: ¿dónde se encuentra ese cuerpo? Cris recordó que la búsqueda más importante era la del cuerpo origen de todas las copias dentro de la Matrix y del cuerpo real que fue conectado al sistema.


Se preguntó dónde tuvo Jessel a su hijo. Si dentro de la Matrix o en el Mundo Real. Dijo que recordaban haber nacido en el Mundo Real, y por eso todo resultaba tan confuso. Si habían nacido allí, ¿dónde estaba su cuerpo? Y afirmó que la respuesta la tenían Isis, Mariel, Ashtart, el Padre, Elizabeth —la Señora Oscura— y el Padre que está por encima de Isis.


Las Secuestradoras.

Recordó también que antes había dicho que las habían tomado y metido en un laberinto. Eso pertenecía a sus experiencias infantiles. Y entonces comenzó a relatar los recuerdos del Mundo Real que obtuvo cuando se conectó por primera vez con las Gemelas. Dijo que estaban tratando de entender si Jessel había entrado a la Matrix con una niña. Que a ella le mostraban que venía con una mujer cuando era bebé. Que iban y venían del Mundo Real.


Habló de dos Señoras que la cuidaban al principio. Una decía que habían secuestrado a la niña. La otra decía que tenían que regresarla, que ya no quería cuidarla, que quería entrar en la Matrix. La niña fue secuestrada en el Mundo Real, con su cuerpo verdadero y luego conectada a la Matrix. Las dos mujeres parecían haber ganado algo con eso, aunque Cris no sabía qué. La otra mujer estaba construyendo el avatar que usaría como cuerpo, dentro de la Matrix.


Dijo que las dos mujeres discutían. Una estaba cansada, quería entregar a la niña. La otra decía que no podía, que la necesitaba. Hasta que llegó un punto en que esa segunda mujer las llevó a un planeta del Universo Real, con la intención de abandonarlas o matarlas. Las aventó por un barranco. Se golpearon la cabeza. Y de algún modo, la primera mujer las encontró y las trajo de regreso, heridas, a la Matrix. Y allí, dijo Cris, todo volvió a comenzar.


El punto, insistía, era siempre el mismo. ¿Había nacido en el Mundo Real o en el Mundo Matrix? Porque según toda la información que había encontrado, habían nacido en el Mundo Real. Recordó que les dijeron que salieron al Mundo Real para que esa mujer las pariera. Que había un científico y un médico. Que así fue como nacieron. Si hubieran nacido dentro de la Matrix, habrían sido algo virtual. Pero la información indicaba que habían nacido en el Mundo Real.


La grabación se cortaba ahí. No con una respuesta, sino con una pregunta suspendida.

Como si esa duda —más que cualquier certeza— fuera el verdadero crimen del Mundo Real: una historia quebrada en su origen, buscando todavía el lugar donde volver a encarnar.


──

En el rincón más profundo del laberinto,

una niña de ojos cerrados tiembla suavemente.

No está dormida.

Solo espera que alguien, al fin, recuerde su nombre verdadero.

Continuará.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

Testigo de lo impensable.


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