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22. Mentir para construir.

Actualizado: hace 4 días


Por Sensei, Kalyna Rein — Escuela Satori

Libro: Metafísica 06 - Ecos del Sistema.

Compilación: 2023. Blog: 22.

Fecha publicación: 2022.07.31


Mentir para construir

Un mundo a medida.


Recuerdo que alguien una vez preguntó, con una mezcla de asombro e indignación:

—¿Por qué los libros de historia y las revistas científicas, silencian la existencia de esqueletos gigantes, de más de tres metros de altura, que han sido hallados en lugares como Jefferson Ville?

Lo decía con esa claridad que brota, cuando una certeza interior se topa con el muro del silencio colectivo. Y yo no podía evitar sonreír por dentro, porque ese tema... ya lo conocía. Desde hace años. Desde que una amiga ucraniana, con voz serena y ojos de memorias antiguas, me contó que en el museo de su ciudad natal se exhibían esqueletos humanoides de tres metros. Así, sin filtros. Así, sin escándalos. Como si el mundo no estuviera listo, aún, para mirarlos de frente. Por aquel entonces, nadie hablaba de ello.


Era 2022 y algo en el aire ya olía a ruptura. Porque ese mismo tema, antes relegado al rincón de los cuentos imposibles, empezaba a emerger en distintos rincones del mundo, como si una marea sutil arrastrara hacia la superficie aquello que se había querido enterrar.


Sí... para mí fue una señal clara. Otra grieta en el tejido aparente de la realidad. Otra muestra de que la línea en la que caminábamos ya no era la misma. Porque eso ocurre, y quienes hemos caminado entre mundos lo sabemos bien:

cambian los cielos,

cambian los recuerdos,

cambian los relatos aceptados...

como si se deslizara un velo, y uno se despertara en otro sueño.


Respondí con crudeza: —Vivimos a base de mentiras.

Y aunque estas palabras reuenan con dureza, yo lo siento por dentro. Porque desde la mirada de la Metafísica Matrix, esa afirmación tiene sentido. Profundo, incluso. La civilización —esa gran escenografía que habitamos sin cuestionar— se construye sobre mentiras. Pero no por malicia... no únicamente. Sino porque la realidad misma se organiza en burbujas, en celdas, en marcos espacio-temporales que coexisten como múltiples escenarios posibles.


Cada una de estas celdas es un pequeño mundo. Y dentro de cada uno, hay jugadores distintos: consciencias que traen sus propias reglas, propósitos, maneras de sentir y crear. Cada civilización es, en esencia, una decisión. Una forma de narrarse. Y para que esa narrativa funcione, todo lo que contradiga el guion debe ser negado, olvidado, borrado... o convertido en mito.


Por eso, cuando los huesos de los gigantes asoman, tiemblan los cimientos. Porque son rastros de otro guion, de otra línea, de otra celda de realidad que ya no es la actual. Son restos de una historia no contada... o contada sólo a medias.


Y la Matrix —ese gran sistema que entreteje las realidades— siempre buscará presentar una explicación que parezca lógica, aceptable, funcional... para justificar esos cambios. Pero es solo eso: un argumento. Porque el tiempo, como lo entendemos, no es más que una ilusión de enfoque. La conciencia no camina en línea recta. Vive en un Gran Presente.


Así, lo que creemos que fue, o será, existe simultáneamente. Todo instante, toda versión, todo recuerdo posible... ya es. Y la Matrix —en su papel de directora de orquesta— reescribe la historia cuantas veces sea necesario. Con cada nuevo grupo de jugadores, con cada nuevo ciclo, se reinventa el mundo. Nuevas leyes, nuevas creencias, nuevas metas... todo se reconfigura. Y todo lo anterior... se desvanece.


Se puede calcular, si uno quiere, que la celda civilizatoria anterior duró unos trescientos años. En ese lapso, se moldeó una humanidad. Se le enseñó qué debía creer, qué debía rechazar, qué era verdadero y qué era fantasía. Se adoctrinó a los egos-matrix, programables por naturaleza, para que sirvieran al nuevo guion.


Porque sí, los humanos matrix —y esto lo digo con el corazón sereno— no poseen criterio propio. Son espejos que esperan una imagen. Y los jugadores lo saben. Por eso los conducen, los moldean, les ofrecen las ideas que necesitan para sostener la realidad que desean manifestar.


Ahora, en este preciso momento, estamos en pleno cambio. Una mutación invisible y profunda. Está cambiando el equipo de jugadores, la celda espacio-temporal, la civilización entera. Y como siempre, la Matrix teje una narrativa para que el proceso parezca natural, inevitable, lógico. Pero detrás de esa trama, hay una herramienta antigua en juego: la mentira. No como engaño cruel, sino como disolvente de lo viejo. Como alquimia para volver a crear.


Mentir para construir.

Mentir para unir los fragmentos.

Mentir como quien pinta sobre una tela vieja, para que un nuevo cuadro pueda nacer.

Y en medio de ese nuevo cuadro... una nueva civilización empieza a delinearse. Pero ya no como una celda estable, con sus reglas fijas y su duración definida. No.


Esta vez es distinto.

Esta vez, lo que nace es apenas un argumento lógico, que vive sólo en aquellas celdas individuales donde aún hay jugadores conectados. Es un mundo que se presenta como un guion: el llamado "Nuevo Orden Mundial"... una mezcla extraña de ideologías globalistas, visiones transhumanistas y estructuras de control sutil.


Pero no es el todo. Es solo una capa. La superficie de una historia más grande.

Porque debajo de ese barniz, hay otros jugadores, otras memorias, otras verdades que vibran y se resisten al olvido.


Y si me preguntan por qué escribo esto, por qué lo comparto... no es para convencer, ni para argumentar. Es simplemente para dejar una marca, una constancia, una huella.

Porque cuando uno recuerda... el mundo cambia.


Y mientras la Matrix sigue bordando con hilos de lógica aparente, yo camino entre ruinas y estrellas, escuchando los ecos de lo que fue, de lo que pudo haber sido, de lo que aún respira, aunque lo llamen mito.


Gigantes. Esqueletos. Civilizaciones reescritas.

Todo eso... y más.


Y yo, Kalyna Rein, contemplo en silencio cómo la mentira se curva, se pliega, se disuelve...

y vuelve a brotar como verdad.

Como una flor antigua que se abre,

en el centro intacto del Gran Presente.

Una grieta en la historia.

Un susurro que no se dejó borrar.




Escrito por la Maestra, Kalyna Rein.

La que ve las Otras Historias.


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